martes, 14 de octubre de 2008

Las diferentes caras de la mentira

La mentira es, según la wikipedia, "una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa o parcial, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total." ¿Ambiguo, verdad? Sin embargo, ¿quién determina lo que es la mentira? ¿Es necesariamente el opuesto o la negación de la verdad o simplemente una versión sesgada de la misma? Lo que es verdadero para mí puede no serlo para ti. Veamos tan solo algunos tipos de mentira:

  1. Para ocultar la verdad: la persona es consciente de que no decir la verdad no implica necesariamente recurrir a la mentira. Por ejemplo, fulano cree que es conveniente que mengano no se entere de un hecho desagradable y, por lo tanto, reviste el incidente de forma decorosa arguyendo: "Creo, no estoy seguro...podría ser pero...tal vez, quizás exista la remota posibilidad de que te estén metiendo los cuernos pero, por otro lado, no hay pruebas. ¿Verdad?" Ir directamente al grano podría resultar doloroso y frío para la persona objeto de engaño si lo que procuramos es que no se vea afectada su moral.
  2. Negar una verdad: el sujeto tiene certeza de que algo es verdadero pero, como no le conviene que lo sea, lo niega y se lo cree o, lo que es peor, hace cómplices a otros de su propia convicción. Un caso sería el de un paciente que, consciente de su enfermedad o de su problema, hace oídos sordos y sigue como si nada, haciendo partícipes a las personas que le rodean de su propia mentira. Así se vive más feliz. Lo que me recuerda a una enseñanza de Voltaire sobre la ignorancia como opuesta a la sabiduría. El sabio, consciente del peligro, sufre más que el ignorante. Lo peor de todo es cuando uno está al tanto de su propia ignorancia y le da igual.
  3. El tercer estado, más grave, de la mentira sería inventar una realidad paralela donde nos creamos una vida conforme a como nos gustaría que fuera. Suele ocurrir con los reprimidos que, descontentos con su entorno y no conformes con ello, buscan inventarse metas o cualidades que nunca alcanzaron para ser el centro de atención. Son personas que por lo general sufren depresión y no tienen muchas aspiraciones en la vida. Ahora mismo me viene a la mente el caso de aquella mujer española en las Torres Gemelas de Nueva York, una tal Tania, que menuda obra de teatro montó para hacerle creer a todo el planeta que había estado entre las pocas supervivientes de la masacre. ¡Hay que ser caradura! La ciencia lo califica como una enfermedad mental que recibe el nombre de mitomanía. La persona se cree sus propias mentiras y tiene el arte de ser buen actor y hacer que los demás se las crean. Muy bueno para dedicarse al teatro pero para lo que es el resto...paso. ¿A quién no le viene a la cabeza el nombre de un reconocido vándalo que cada dos por tres se busca identidades falsas y siempre le pillan? Pero, como para todo, hay que tener arte. A quien no se le da bien mentir, no se le da y punto. Es el caso de Drinitol. Ahora viene eso de que los niños son sinceros y no mienten...
  4. Por último, viene la mentira piadosa o la mentira blanca. Se suele dar entre gente que se tiene mucho aprecio y respeto. Se sabe que decir la verdad no siempre es lo más aconsejable y nos excusamos en que "mentir no siempre es malo". ¡Qué le den a quienes dicen que hay que decir la verdad por más dura que sea! Tenemos el caso, por ejemplo, de la mujer que le pide consejo al marido y le pregunta si la ve bonita y él, seguro de que ofendería muchísimo a su señora de decir lo contrario, sugiere: "Amor, estás cada día más linda, mejor incluso que cuando nos casamos". Claro, tendrás veinte o treinta años más, estarás con arrugas o te colgará todo pero te quiero igual. Aunque muy en mi interior te cambiaría por dos de veinte solo por una noche. ¿No te jode? Aquí el romanticismo es sinónimo de mentira. Por algo dicen que el amor es ciego, ¿no? ¿O será que vivimos en una sociedad superficial?
Razón tienen aquellos en sostener que "mentir es un arte", algo que, por desgracia, está cada vez más al alcance de muchos y más lejos de unos pocos. ¡Que arroje una piedra quien no ha mentido nunca!

Un malentendido...

Primero que nada, quisiera inaugurar esta entrada agradeciendo a todas aquellas personas que, conociéndome como he podido comprobar que me conocen, nunca jamás han dudado de mi persona. A propósito, sería injusto omitir que durante el momento de mayor tensión tuve el apoyo, pero sobre todo el consejo, de Jimbo Wales. Realmente, sin el soporte de esas personas no hubiera podido sobrellevar el tener que cargar con acusaciones como las que esgrimía la bibliotecaria Raystorm hace cuestión de algo más de un mes en su blog personal. Allí se insinuaba, entre otras cosas, que le había enviado un correo electrónico con chantajes, algo que al parecer también interpretó como un posible acoso.

Ahora bien, un mes ha tenido que pasar para que pudiéramos poner fin al desagradable incidente que desencadenó una serie de guerras en las que se llegó a pedir desde su dimisión hasta su expulsión, pasando, obviamente, por un bloqueo y la retirada del enlace a su blog. No obstante, y pese a los lamentables hechos acaecidos en el TAB y en otras secciones de wikipedia, Raystorm y yo hemos conseguido solventar el problema y resolver nuestras diferencias. Así, y como bien reconoce ella en su blog, mantuvimos una charla privada que se extendió hasta alcanzar las cuatro de la madrugada. Allí dejamos de lado los rencores y optamos por ser abiertos el uno con el otro, es decir, de escucharnos. Ella me dejó en claro su postura y que en ningún momento me había querido insultar ni llamar "chantajista". Resuelto el problema, concluimos que, quizás porque ni yo me expresé bien en su momento ni ella estuvo a lo mejor lo bastante receptiva, se creó un malentendido que fue de lo más incómodo para los dos.

En suma, tratamos el tema como gente adulta y sensata. Y sí, me atrevo a decir que llegamos al "buenrollismo" e incluso, como ella insinúa, tuvimos nuestro momento after midnight, que no es nada que no hayamos platicado antes como amigos. Quien sabe, puede que hasta nos lleguemos a conocer algún día y nos sentemos a tomar una cerveza y nos riamos de esta curiosa anécdota que nos mantuvo en jaque. En el futuro procuraremos ser más abiertos y discutir sobre nuestras inquietudes en el lugar apropiado para ello. Desde luego tengo la convicción de que ambos hemos conseguido algo más que solucionar este dilema. Hemos aprendido a ser más condescendientes con el compañero y ése es un punto clave para el entendimiento y para que el clima de compañerismo perdure allá donde exista gente dispuesta a sentarse y hablar.