martes, 26 de enero de 2010

Nordeste

(Foto tomada por -Merce-)

Sopla el nordeste en la ría. Toda la lámina del mar, ayer como un plato, está hoy adornada de cabritillas entre las que juegan las gaviotas y las golondrinas de mar. Nubes bajas, intercaladas de deshilachados jirones de algodón dulce (qué cursilada), pasan con prisa por llegar a la montaña.

Van dejando su sombra deslizándose sobre los montes de Feria del Tres. Obscurecen por un instante la Torre de los Andrade, que tantas de ellas ha visto pasar. Las torretas de los repetidores intentan engancharlas a su tarifa plana. Aplastadas por los fuertes vientos de altura, algunas tienen una curiosa forma de galleta, masa de pan, trozo de cielo embolsado. Las gaviotas las ignoran mientras suben del mar hasta la altura conveniente para permanecer con el pico aproado al viento, inmóviles contra el cielo, con solo un mínimo movimiento de la punta de las alas para modificar su posición, mientra vuelan sin esfuerzo. Flotan.

Nadan en el aire contra la corriente, ajenas al frío. Frío, el vendaval aplasta las cabezas de los perros contra el suelo, mientras corren perseguidos por sus amos. Sus amas. Sus ancianas de pelo recogido en un pañuelo que aún recuerdan cuando el viento hacía encallar las gamelas, cuando todos los inviernos tocaba las campanas de la ermita que dominaba el puerto. A muerto. Dominaba, ahora solo domina bloques de viviendas y un poco del mar, verde botella, verde esmeralda, marrón de arenas revueltas por la mar de fondo que viene de la boca de la ría, que viene del océano, que viene de fuera empujada por el temporal. En el paseo, las bolsas de las papeleras ondean como nuevas banderas piratas sin tibias cruzadas. Ni calavera.

El juego de luces y sombras ilumina a veces como un reflector de cine un detalle del paisaje, una urbanización, una playa, un monte. No se para, dicen a mi lado. Silba el aire en las palmeras, en el sauce sin hojas, se enrosca alrededor de los setos, se mete dentro de las casas, se atraviesa en las calles, se amontona en las esquinas, te entra por los oídos y da vueltas en tu cerebro sin encontrar la salida. Hace un rato que ya se ve la Luna, entre la nubes, entre el nordeste. Un bando de estorninos aterriza sobre la hierba, a tomar un bocado. Una gaviota se precipita sobre el mar. También cae la tarde. Sigue el nordeste. Nordeste cuarta norte. Nordeste cabrón. Nordeste.

No hay comentarios: