miércoles, 10 de febrero de 2010

En Galicia, mismamente

Galicia es un lugar maravilloso. Qué voy a decir yo. Su clima, su cultura, su gastronomía, sus gentes. ¿Sus gentes? Unos angelitos, en su mayoría. Claro que las excepciones son para darles de comer aparte.

¿A qué viene esto? A que se nos ha perdido un muerto. Recapitulemos. Un conocido constructor (conocido en su empresa, a la hora de pagar la nómina), bastante forrado de cartos, no tuvo mejor ocurrencia que morirse. Hasta ahí bien. O mal, pero visto desde el lado del finado. El caso es que este buen señor la palmó y los deudos del caballero procedieron a repartirse la herencia de acuerdo con las disposiciones testamentarias y tal, Pascual. Pero en esto entró un tercero en discordia. Resulta que nuestro protagonista había tenido una juventud algo agitadilla y de resultas de la cual tenía un hijo fuera del matrimonio, algo que por estos lares es bastante corriente. La existencia de este hijo y la paternidad del difunto era algo conocido por todos, incluida la familia legítima del señorito. La cosa no había tenido mayor dificultad, ya que el caballerete en cuestión siempre había mantenido tanto a la madre como al hijo. Pero por desavenencias entre las dos familias, putadillas familiares, dimes y diretes, el hijo a mayores decidió reclamar para sus hijos, véase los nietos del fallecido, la parte proporcional de la herencia que le correspondía, a la cual, según las muy democráticas leyes bajo las que vivimos, tiene perfecto derecho.

Pues bien, tenemos aquí al presunto hijo en el juzgado de guardia presentando reclamación de herencia. El juez del susodicho juzgado abre las diligencias correspondientes y, ante la negativa de los familiares vivos del constructor a dar una muestra de sangre para comparar el ADN del reclamante con el de los reclamados, ordena la apertura del nicho donde había sido exhumado, al objeto de tomar muestras del ADN del propio fallecido. Imaginaros el planazo para la mañana. Juez, forense, guardia civil, deudos en A, deudos en B, enterrador, cura y demás curiosos que nunca faltan, se dan cita en el cementerio para proceder a la apertura del nicho. Nicho convenientemente señalizado con su lápida y su canesú y en donde todos los que habían asistido al funeral y posterior entierro, vieron depositar el ataúd. Y cuando están en ello y se retira la lápida, se encuentran con que el nicho está vacío, la lápida con muestras de haber sido manipulada y con restos de silicona fresca. Conclusión apresurada por parte del juez, que de tonto no tiene un pelo: la familia del difunto se ha llevado el cadáver para evitar las pruebas de paternidad.

¿Y dónde pudieron poner al finado, ya que guardarlo en el salón comedor no es una opción muy agradable? Lo primero que piensan es que han dado el cambiazo y lo han metido en otro nicho, suponiéndose que sería en alguno de los que están vacíos en el propio cementerio. Pero al revisar la benemérita otros nichos, descubren silicona fresca en varios, con lo que se produce la confusión buscada por los autores y, aunque se procede a la apertura de algunos, el féretro no aparece. Mosqueo generalizado, alegres comentarios entre los deudos en A y B, menciones de madre incluidas y la cosa quedo así.

En estos días se ha procedido a la apertura de nuevos nichos, pero el finado sigue de parranda y la cuestión de la paternidad, sin dilucidar.

La verdad es que yo, si fuera el juez, ante la falta del muerto habría declarado la obligatoriedad de las pruebas para los familiares vivos de este señor, o directamente declarado al reclamante hijo del fallecido, ya que la desaparición solo beneficiaría a los hijos legítimos y esta obstrucción a la justicia sería igual que una confesión de parte. Sobre todo teniendo en cuenta que como ya os he dicho, todo el pueblo, la comarca y hasta el Papa de Roma sabían fijo, fijo, quien era el padre de este señor.

Cosas de la Galicia profunda. Si encontráis un muerto suelto por ahí, avisad al juzgado de Corcubión. O a La Voz de Galicia.

2 comentarios:

Góngora dijo...

Me has dejado de piedra. ¿Cómo se puede llegar a algo así? Ni los muertos pueden descansar en paz, joder. Y la familia, qué sinvergüenza. Deberían ir todos presos por profanación del cadáver, eso en primera instancia. Y en cuanto a la herencia, que se les obligue a hacerse las pruebas de ADN y ya...

Ensada dijo...

Es que los gallegos somos originales para todo, vamos en féretros a las procesiones "ofrecidos" y cuando estamos en el de verdad, nos vamos de parranda XD XD XD