lunes, 22 de marzo de 2010

Católica pederastia.

Lo del Papa y la iglesia católica empieza a ser delirante. Ahora resulta que, como decía Concepción Arenal, hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. La verdad es que dudo que el inquisidor este conozca a Doña Concha, ni siquiera de nombre. Pero sus palabras, acompañadas de la coletilla típica de que «el que esté libre de pecado tire la primera piedra» empiezan a dar asco. Eso sí, tuvo el detalle de pedir perdón a las víctimas.

Yo disto mucho de estar libre de pecado, pero estoy más que dispuesto a arrojar la primera piedra. Y las que hagan falta en este caso.

Es vergonzosa la actitud de la iglesia católica y de sus dirigentes acerca de la pederastia que infecta su institución. Aunque era vox populi, aumentan de manera exponencial los escándalos que por todas partes les afectan. Estados Unidos, Irlanda, Alemania, España, etc., cada vez son más los países en los que sacerdotes católicos son denunciados por violar a los niños que se encontraban a su cargo, uniendo al delito de pederastia el agravante de abuso de confianza. Penoso. Asqueroso. Despreciable.

Pero más despreciable aún si cabe es la exquisita diplomacia que los jefes de estos curas violadores tenían para con ellos. En vez de ponerlos inmediatamente a disposición judicial, procuraban tapar sus acciones, trasladándolos a otras diócesis donde no fueran conocidos para que pudieran seguir ejerciendo sus actividades. Es decir, en vez de pensar en los niños, sólo pensaban en ellos mismos, procurando tapar el escándalo para que no afectara a la iglesia y sin tener en cuenta el sufrimiento de las víctimas de esta gentuza. Ni el de las futuras víctimas de estos mismos curas, puesto que las violaciones continuaban en el siguiente puesto. Ha habido casos en que el pederasta era cambiado de parroquia varias veces, dejando por todas las que pasaba un rastro de crueldad.

Así que lo que se debería hacer no es solo juzgar y encarcelar a estos violadores religiosos, sino juzgar también a sus jefes como colaboradores necesarios en la comisión del delito, cómplices, encubridores o cualquier otra figura jurídica que les fuera aplicable, con la máxima dureza posible, correspondiente a la indignidad de los delitos cometidos.

Parafraseando al cura máximo no despreciemos el pecado y seamos indulgentes con el pecador, despreciemos el delito y seamos implacables con el delincuente.

Y si este es obispo, arzobispo, cardenal o papa, da igual. A la cárcel con los pederastas y con sus cómplices.

2 comentarios:

Góngora dijo...

Yo creo independientemente de quien se trate, estos delitos deberían ser juzgados con todo el peso de la ley. No se puede intentar ir por ahí tapando estas cosas.

Y ya es descarado negarlas, por muy limpia que quieras que esté tu casa. No estará más limpia porque ocultes la suciedad bajo el tapete. Estará más limpia cuando reconozcas que esa mugre existe y debe ir en el contenedor, cosa muy difícil si todos miran hacia el costado.

Ensada dijo...

Si, pero yo me quería fijar más en el delito que supone que se encubran estas cosas. Porque según se van destapando los casos, se descubre también que los superiores de estos HPs procuraban tapar las violaciones. Y eso en este país también es delito. Sin embargo, de esto no se habla.