domingo, 18 de abril de 2010

Crítica literaria: Veinte años después

Voto a brios que es fácil la empresa. Descendiendo de mi montura, dirijo mis pasos hacia el interior de la fresca biblioteca y devuelvo a la encantadora bibliotecaria el tomo de Veinte años después de Alejandro Dumas. En todo punto más conveniente que dirigir mis pasos a otros afanes, mi alma se ve guarnecida por las bravas palabras que este escrito han depositado ante mis ojos.

Poco puedo decir de esta obra que otros de mayor capacidad que la mía no hayan relatado antes. Veinte años después es, como indica su título, la continuación de las aventuras relatadas en Los tres mosqueteros, que como todo el mundo sabe, eran cuatro. Estás aventuras de capa y espada, que si no dieron nombre al género merecerían haberlo hecho, relatan las vicisitudes de los famosos D'Artagnan, del conde de la Fére, de du Vallon y del caballero de Herblay, estos tres últimos más conocidos por sus nombres de guerra de Athos, Portos y Aramis.

Novela de aventuras ambientada en la Francia del cardenal Mazarinos, que viene a sustituir en estas páginas al otro cardenal, Richelieu, temible adversario de nuestros héroes en otro tiempo y al que el actual no alcanza a la suela de sus borceguíes. No obstante, sigue siendo el principal adversario de nuestros amigos, que aunque divididos al principio de la obra, acaban esta en la mayor confraternización y con sus afanes cumplidos.

Pero calla, no desvelemos al mundo el contenido de estas páginas de prosa gloriosa, de canto a la amistad y de exaltación al honor, uno de los precedentes de algo que está actualmente muy de moda, como es la novela histórica más o menos fiel a los acontecimientos verdaderos. De hecho la Fronda, el ajusticiamiento de Carlos I de Inglaterra por Cromwell y otros hechos relatados en las páginas de los gruesos volúmenes de historia son la ambientación de la novela.

Pero como se supone que esto es una crítica, tendremos que decir que...

No, lo siento, no puedo decir nada del ilustre francés que escribió estas obras: mis sueños infantiles guardan el amor de Madame de Bonancieux y la servilleta atravesada por tres balazos; siguen batiéndose en duelo en el Palacio Real y defendiendo la plaza de la Rochele; continúan cabalgando sin otro objeto que la defensa del Rey y el honor de Francia.

¡Hola! ¡Planchet! ¡Mi caballo y mis pistolas! Avisad a mis padrinos, pues tengo un duelo con M. de Rochefort.

4 comentarios:

Santi dijo...

A Dumas a veces le pasa que se enreda demasiado en intrigas palaciegas, y descuida la parte de aventuras, que es lo que mejor se le da, ¿no te parece? No me refiero especialmente a esta obra, sino más bien a Los tres mosqueteros o a El Conde de Montecristo. Con esta segunda me lo estaba pasando genial durante las primeras 100 páginas o así, y luego de repente va la novela y se para. Y el resto ya no me pareció tan divertido...

Santi dijo...

Oye, te había dejado un comentario elaborado sobre Dumas y su narrativa y se lo ha tragado la tierra. Ahora me da pereza volver a escribirlo, hala, te fastidias. :D

Ensada dijo...

Pues aquí salen dos, alomojó te refieres al primero :P

Pues si, la parte de aventuras es la que más interesante es, las otras se las debía escribir el negro XD En el Conde de Montecristo, llega un momento en que estás deseando de que les parta la crisma de una vez y que se deje de rollos XD Claro que ahora mismo no se si alguna de estas son de las que publicaba por entregas y con los que le gustaba la pasta al señor (gastarla, sobre todo, que es lo más divertido) no me extrañaría que las alargara a propósito.

En fin, aventuras de capa y espada, como molan XD XD XD

Ensada dijo...

Y por cierto, gracias por dejar un comentario, que a veces tengo la impresión de que escribo para mi mismo.