viernes, 2 de abril de 2010

Duda III

Cosa curiosa lo de las loterías. Tienen varios aspectos dignos de considerar, conseguir que te toque es uno de ellos, el único que le interesa a la mayoría. Pero los premios de los sorteos tienen a su alrededor una suerte de mística que es facilmente apreciada por todos. Si ves el tratamiento mediático de la lotería de Navidad, tendrás la mejor muestra de ello. Antes del sorteo, entrevista a loteros que vendieron premios los años anteriores, reportaje en la cola de Doña Manolita, enviados especiales a Sort... Después, borracheras de los agraciados, visita a la administración vendedora, sentido reportaje a las costureras de un taller donde han pillado. Cámaras de televisión, micrófonos radiofónicos, plumillas tomando nota, portada en todos los periódicos, primera noticia en todos los informativos.

Y aquí va la duda de la jornada. Estos señores que tan contentos enseñan el décimo con el gordo, lo que en realidad pregonan con la posesión del papelito, es la propiedad de 300.000 euros, 50 millones de pesetas para los antiguos como yo. Una pasta, quien la pillara. Pero resulta que hay un sorteo en este país, patrocinado por unos señores que en la vida real ven poco, pero en la vida financiera lo ven todo, que coloca cada semana un premio de 9 millones de euros, 1.500 millones de pesetas. Es algo muy superior y además a una sola persona.

¿Donde están los agraciados? ¿Alguien a visto alguna noticia? ¿Todos a los que le toca son tan discretos que no se entera nadie? Y aunque fuera así ¿ni siquiera un conmovedor reportajillo con el vendedor? Fijaros que cosa mas rentable para El diario de Nutricia o similares, el ciego contando sus penas y llorándole al nuevo millonario por la tele para que le pague un tratamiento en Houston. Todas las marujas llorando y el share disparado.

La verdad, si yo fuera del departamento de Vender La Moto de la ONCE, procuraría una mayor presencia de estas noticias en los medios. Porque podría pensarse que si no salen, es por que no toca. Ya sabéis como es la gente...

Se abren los cielos y se escucha entre el sonido de trompetas y clarines una voz que clama: gallego tenía que ser.

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