jueves, 22 de abril de 2010

Ley de Murphy 2

Seguramente muchos conoceréis la frase "si algo puede salir mal, saldrá mal." Hace tiempo citábamos dicha ley - curiosa, por cierto - en este blog. Hoy, meses después, me permito citarla a efectos de usarla para esta entrada.

Resulta que el fin de semana pasado estuve en Madrid. Todo parecía alentador, y en su mayoría lo fue, excepto por una serie de acontecimientos que se fueron sumando uno tras otro. Y es que las desgracias no vienen solas, dicen.

Primero, no consigo billetes para el AVE a la hora que buscaba. Tras dos horas en la terminal, cojo el AVE de las 13:03 (después dicen que el trece no da mala suerte) y sufre un desperfecto en el camino que nos obliga a detenernos a mitad de trayecto, in the middle of nowhere.

Solucionado el problema, llego a Madrid. ¿Qué me encuentro? Lluvia todos los días. Total, encerrado en el hotel (...). Para peor, asistía a un Consejo de Alumnos y nuestra secretaria, que vive en Londres, no pudo tomar el vuelo por la adorable nube de humo que desprendió un volcán cuyo nombre es imposible pronunciar sin atragantarse. Así que, ya os imaginaréis, me tocó hacer de secre: siete horas y pico tomando notas para después llegar a mi casa y pasarlas en limpio (que además se me acumulaban con otros trabajos pendientes para el día siguiente).

Pero no, no acabó ahí. La mañana de mi regreso, fui al Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde la baranda de una de las escaleras me dio una descarga eléctrica. Cuando me encontraba junto a un compañero tomando fotos del espectacular panorama céntrico madrileño, unas nubes densas y un cielo ennegrecido hacían temer lo peor. "Mal tiempo" - dijo mi compañero. A lo que mi respuesta fue, - "Al menos no está lloviendo." Y...como ya supondréis, nada más decir esto se largó el aguacero. ¡Encima no llevaba paraguas!

Luego, el metro. Una locura moverse por Madrid. La gente salía a montones, parecía que se multiplicaban como pulgas. El metro abarrotado. Al llegar a Atocha, mi colega se dio cuenta de que tenía el billete equivocado y tuvo que quedarse un día más. Yo finalmente hice espera para el AVE de las 15:30 pero, en el entretiempo, me percaté de que me había dejado ropa en el armario de mi habitación en el hotel. Eran casi las 15:00, demasiado tarde ya para remediarlo. No obstante, el que por casualidades del destino mi compañero se hubiese equivocado al sacar los billetes, me favoreció a mí a la larga porque tuvo que alojarse nuevamente en el hotel donde, por así decirlo, había dejado mis cosas.

Cuando finalmente subía al AVE, una lluvia de gente por los vuelos cancelados se empujaba para entrar al tren. Una vez dentro, había billetes revendidos, con lo cual mucha gente - por error informático, nos dijeron - tuvo que reinstalarse porque sus asientos estaban ocupados. Tras dos horas y media de viaje, puse finalmente los pies en Lleida. Un día húmedo y ventoso, bien primaveral. Ya no tenía combinaciones de autobús para volver a mi pueblo. La única opción era el coche, así que quedaron en ir a buscarme. Yo miraba mi reloj y veía que conforme pasaban los minutos, nadie se personaba. De repente recibo una llamada y, zas, era para decirme que la bomba hidráulica del coche había reventado y que estaban esperando a que llegase la grúa. De modo que, tras un plantón de casi tres horas, pude finalmente fijar rumbo al norte.

Toda una travesía, sí. Pero no me arrepiento de haberla vivido.

4 comentarios:

Ensada dijo...

Hay un corolario a la ley de Murphy que dice: "Murphy era un optimista..."

Ensada dijo...

Y por cierto, hace tiempo que tengo escrito un post que se entitula "Desgracias a la enésima potencia",que no creo que publique nunca, pero ya te lo pasare bajo cuerda.

Máximo de Montemar dijo...

Eso sí que es una concatenación de desgracias. Espero que tu próxima visita sea perfecta. Un saludo.

Góngora dijo...

Jeje. Yo te animo a publicarlo, Ensada.

Máx, dentro de todo lo pasé bien, aunque claro, siempre puede ser mejor. Seguro que la siguiente será inigualable. Nos vemos en unas semanas.