lunes, 19 de abril de 2010

Miña Rosario

La Miña Rosario estaba subida al muelle, encajada en los caballetes donde la había depositado la grúa. Con rasquetas y cepillos de alambre los dos marineros y propietarios de la lancha se afanaban en eliminar las algas y conchas que crecían en sus bajos. De vez en cuando usaban una manguera de presión para ayudarse, que la modernidad llega ya a todas partes.

.-Buenos días.
.-Hola.
.-¿Os va a dar tiempo de tenerla acabada para hoy?
.-Ni de broma, señor Julián, aún hay que calafatearla y pintarla. Un par de días.
.-Bueno, a lo mejor da igual. Es que me han preguntado quién podía llevar a unos madrileños a pescar y pensé en vosotros.
.-Pues no nos importaría ¿verdad, Paco?, pero por mucho que quisiéramos apurar, hay que esperar que seque la pintura.
.-La verdad es que no se cuando quieren ir, ¿si es para el fin de semana, cuento con vosotros? Solo darles un par de vueltas por la ría con unos curricans o llevarlos a chivear a Las Planchas, ya sabéis. Les cobráis lo que os de la gana, que teñen ferro d'abondo.
.-Vale, siempre podemos aprovechar para calar unas nasas.
.-Si, hombre, que eso seguro que les gusta verlo.
.-Hecho entonces, ya le mandaremos unas nécoras.
.-Nada de eso, nin falar, ya sabéis lo amigo que era de vuestro padre...
.-Diga lo que quiera, que se las vamos a mandar igual.
.-Ya va para un año... ¿Como está vuestra madre?
.-Mejor, pero muy triste. Aun la encontramos más de una vez llorando al pie de la lareira. Es que si hubiera aparecido, estaría más tranquila. Por lo menos tendría un lugar para llevar flores. Así...
.-Ya, claro, el mar es muy cabrón, que os voy a contar. Bueno, darle recuerdos; si eso, ya os llamaré.

La Auxiliar Miña Rosario, un bote de fibra de apenas cuatro metros, había aparecido destrozado en una de las calas de la costa, con muestras de haber sido pasada a ojo. El padre de los dos chavalotes, marinero jubilado que la utilizaba para ir a los pulpos, no había sido encontrado, a pesar de la búsqueda por mar y tierra que Salvamento Marítimo, Protección Civil y los propios pescadores del puerto habían realizado. Ninguna de las embarcaciones habituales del puerto mostraba señales de colisión y nunca se supo quién había podido ser el responsable del accidente.

Mientras tanto, el mar seguía rompiendo indiferente contra las rocas de la escollera. Y todas las festividades del Carmen, los pescadores arrojando flores al agua.

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