viernes, 11 de junio de 2010

Tipos de la humanidad: el trepa

Continuando la serie recién iniciada, vamos a describir a otro de los especímenes con que se adorna la humanidad, en este caso uno de sus más conspicuos miembros, el trepa.

El trepa vive por y para medrar, en una monomanía que alimenta su única esperanza: pasar por encima de los demás. Para ello se sirve de cualquier instrumento apropiado a sus fines: lo mismo jabonea aun empresario de éxito, que a un político populista, pisotea a un compañero o traiciona a un socio, da igual, no hay bajeza que le detenga a la hora de ascender en la escala social.

Porque este es el fin último de sus afanes, elevarse por encima de los otros a cualquier precio. Esto no es en principio malo, la mayor parte de la plebe aspira a mejorar su situación y en esto no podemos objetar nada, es normal. Pero lo que distingue a nuestro depredador social son los métodos de los que se vale para conseguirlo.

Nuestro amigo no intenta que sus méritos se impongan por si mismos a los de los demás, entre otras cosas por que no suele tener ninguna especial virtud que lo haga destacar sobre el común de los mortales, fuera de su tenaz voluntad para labrarse un futuro acorde con lo que él piensa que se merece. Porque lo que en verdad se merece son unos años de cárcel, ya que en el curso de sus actividades no desdeña el desfalco, el abuso de confianza ni la manipulación de informaciones privilegiadas, normalmente obtenidas a base de peloteo o de espionaje puro y duro, ya que ningún método es para él indigno si conviene a sus intereses.

Ya que esto es uno de los síntomas que definen a nuestro hombre, o mujer, que en cuestión de género no hace distinciones la subespecie, la nula preocupación por la legalidad, moralidad o decencia de los métodos empleados para tal fin. Un trepa, en aras de conseguir un beneficio para si mismo, porque para nadie más lo busca aunque algunas veces finja otros objetivos, no descarta ninguna acción que le ayude a crecer por encima de sus congéneres. Así, la traición interesada, la manipulación de fingidas amistades, la adscripción a grupos políticos o económicos en función de lo que se pueda sacar de ellos, nunca en función de sus verdaderas afinidades, el inscribirse en clubs y asociaciones que puedan ser palanca de sus ambiciones, son siempre considerados por su rentabilidad inmediata o futura, nunca por la afinidad personal o por la justicia de sus causas.

El trepa, dotado de una auténtica habilidad para disimular su verdaderas intenciones, muestra siempre dos caras, como Hermes. Esta doble faz, que acaba inexorablemente por reflejársele en el rostro, es el arma fundamental de la que se vale, porque en su uso y disfrute es en donde en verdad se le puede considerar un experto. Una para hacerse agradable a quienes puede manipular en su beneficio y otra para ningunear a los que ya no son útiles a sus intereses. Por la mañana te paga un café para sacarte información sobre el estado de la empresa en la que trabajas y por la tarde esta vendiendo la información a la competencia, pasando por que al mediodía la utilizó para especular en bolsa. Hoy se hace masón para adjudicarse unos solares y mañana se afilia a la falange para poder venderlos. Esta semana es un firme partidario del gobierno y la que viene está en todos los mítines de la oposición.

Algunas veces, pocas, el trepa es descubierto en alguna de estas operaciones, porque no siempre salen bien las cosas en esta vida, y nuestro amigo sufre un retroceso en su ascenso social. En estos casos, el trepa huye a sus cuarteles de invierno y procura pasar desapercibido una temporada, en espera de que la corta memoria de la que hacemos gala haga olvidar sus fallos. Pero no pierde el tiempo en estos intervalos, ya que los utiliza en pergeñar sus próximos pasos y, cuando vuelve a la civilización para continuar sus actividades, los explica de tal forma que le sirven de base para auparse de nuevo en el escalafón social.

En fin, conceptos tales como amistad, decencia, ética, son totalmente desconocidos por este especimen, así que no esperen de él nada en absoluto y escapen de ellos como de hacienda.

No tiene tratamiento.

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