lunes, 2 de agosto de 2010

Desidia al borde del mar

No tengo ganas. En realidad es eso, que no tengo ganas. Abro el ordenador y ni siquiera me molesto en repasar las cosas que tengo a medias. No. Entro en la wikipedia y revierto un par de vandalismos. Miro el correo y no hay ni mensajes del facebook. La gente está de vacaciones y yo de vacaciones literarias. Literario es quizás un poco demasiado para referirse a las cosas que perpetro. Pero vamos, que no escribo nada. Porque vacaciones de las otras, ni soñarlo. Bueno, soñarlo sí, pero nada más que eso. Con montar una ONG: Salvemos a Luis, Liberad a Ensada, Manos Unidas contra el estres autónomo, Todos contra el hastío, Deudas no, Asociación usufructuaria para la conservación de la estructura neuronal del córtex de los bibliotecarios dimisionarios. O sino, una iglesia, mira que bien le fue al escritor yanqui ese, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y eso que eran malas con avaricia. Las novelas del señor este. Pero ni con ese ejemplo me apetece escribir. Y es raro, porque a mi me encanta. La calidad de lo que escribo es otra cosa, pero a mi me gusta. Es divertido. Te ayuda a expresarte. A veces libera fantasmas. Otras los instala más confortablemente. Pero hay que tener ganas y yo no las tengo. Que no, que no y que no. Que no tengo ganas.

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