domingo, 3 de octubre de 2010

Vida y muerte tuo

Habíamos quedado en que el universo, si no es casual, debería tener un motivo detrás para su creación. Descartando que sea resultado de las pajas mentales de una deidad más o menos aburrida, deberíamos ser capaces de elucubrar que motivos podrían existir para la creación de estos parsecs de lágrimas. Porqué elucubrar es algo que se nos da muy bien a los monitos, vamos a ver lo que se me ocurre.

Aunque he denigrado las religiones, ya que son una colección de leyendas sin sentido y difícilmente creíbles, vamos a rebuscar en ellas. A pesar de todo, en todas las leyendas siempre hay un poso de verdad, un hecho real disimulado o perdido entre los barroquismos que las suelen adornar. Por ejemplo, en el Génesis se dice que «a partir de ahora, nada de lo que se propongan les será imposible». Jolín, que seguridad. Me pregunto de donde la habrán sacado en un estadio tan temprano de la redacción de las bases religiosas del judaísmo. Porque actualmente ya no llama la atención, todos están segurísimos de sus paridas. Pero me aparto del tema.

El caso es que deberíamos ser capaces de presentar unos cuantos motivos por lo que algo indeterminado creo este universo o los que hayan. Aunque a lo mejor lo de atribuírselo a una voluntad quizás sea muy apresurado, ya que en nuestro actual nivel de ignorancia, puede ser igualmente posible que la creación/puesta en marcha/arranque del universo/s sea fruto de una ley natural que aun no comprendemos. Pero aunque no las comprendamos, podremos pensar sobre como debería ser, no otra cosa es a la que se dedican estos físicos teóricos a los que estamos acostumbrados a ver en las portadas de las revistas científicas y otras más generalistas, pontificando acerca del tamaño, forma y carga de la última partícula de sus amores.

Así que vamos a suponer que hay un motivo para la colocación de bolitas de energía esparcidas por el espacio, y para el espacio también. Escarbando en las leyendas religiosas, los siempre tan beneméritos dioses nos crearon a su imagen y con parecidas atribuciones que la deidad, convenientemente rebajadas, para que quede claro quien manda. Vale, vamos a pensar que algo del artista siempre se pega a su obra. Y mientras que el SETI no de resultados, la única presunta creación de la cosa esa que tenemos a manos somos nosotros mismos y el universo más cercano, junto con alguna ojeada que echamos al espacio exterior, fundamentalmente para aliviar el síndrome del isleño.

Voyons, supongamos que el responsable de todo esto es un ser más o menos como nosotros. En esto no soy muy original (y Dios nos creó a su imagen y semejanza), pero, barriendo paja, pensemos en que sí, en que nos creo a su imagen y semejanza, pero mental. La forma física de los seres vivos parece no tener más que una débil importancia estética, no hay más que mirar los resultados de la evolución en este planeta, que por ahora es el único que conocemos, pero si en este es así, con la infinita variedad de especies habidas y por haber, más las presentes, no parecen valer para nada en especial. No, lo más probable es que la forma física carezca de importancia y que únicamente la estructura mental sea determinante en algún aspecto.

Y puesto que la única estructura mental que tenemos a nuestro alcance para analizar es la nuestra, sumerjámonos en sus procelosas profundidades. La psique humana lleva tiempo y tiempo siendo objeto de los más profundos estudios, a los que no pienso dedicar ni una sola linea. Os vais a la biblioteca y os ganáis un buen dolor de cabeza por vuestra cuenta, hermosos. No, vamos a quedarnos en estadios mucho más someros y de fácil comprensión, por lo menos para mi, que disto tres pueblos y dos gasolineras de ser un inexperto, ni tan siquiera. Pero hay cosas que no se le escapan ni al ojo menos entrenado.

Los monitos desnudos que pululamos por el planeta tenemos una serie de compulsiones básicas para surtir nuestras relaciones. Una de estas es nuestra facultad de intentar torcer todo en nuestro propio beneficio. Otra, totalmente contraria, es nuestra capacidad para ser muy solidarios con nuestros semejantes. A veces se dan a la vez, por lo que no es de extrañar que la esquizofrenia pudiera ser una de las claves de nuestra mentalidad. Quizás tengan razón los escolásticos de las primeras universidades cuando decretaron que la locura era una parte consustancial del ser humano y que debía tener expansión por lo menos una vez al año. Al efecto decretaban un día, que en tiempos recientes se ha ampliado a varios meses.

Si uno de nosotros hubiera montado esto, no tendríamos la menor duda de que, en el fondo, lo habría hecho para su propio beneficio, aunque lo vendiera como un acto altruista (en eso somos expertos). Y si en lo que quedamos es en que deberíamos ser muy parecidos a nuestro excelso creador, este debería sacar algún beneficio de este complejísimo universo. ¿Cual podría ser este? Eliminemos que tenga un ego tan débil que necesite un criadero de pelotas que lo adoren, aunque solo sea porque un ser de semejantes capacidades podría muy bien crearlos directamente, sin necesidad de pasar por estadios intermedios de selección de la producción. No puede ser nada material, la materia es parte de la creación y ya sería suya desde el primer momento, no nos necesitaría para nada, en este caso. No, tiene que ser algo inmaterial y, en este caso, solo tenemos algo que ofrecer: nuestras emociones.

Parece poca cosa, pero como no tenemos absolutamente ni idea de los motivos, este podría ser tan bueno como cualquier otro. A fin de cuentas que somos, si no seres emocionales. El dolor, el odio, el amor, el miedo (de este hay mucho), la alegría, la desesperación, el placer, el tedio, son las emociones que van conformando nuestra existencia y las que nos diferencian de un trozo de granito. Es innegable que nuestros primos irracionales también las poseen, pero somos los reyes de la creación los reyes de las emociones. No solo las tenemos, sino que las buscamos activamente, sin cesar.

¿Y para que las necesitaría nuestro inventor? ¿Qué podría hacer con ellas? Esto será objeto del nuevo capítulo, corto, no os preocupéis.

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