viernes, 1 de octubre de 2010

Vida y muerte

Es pasmosa la facilidad con la que uno puede dejar esta vida. Pero es aún más pasmosa la fuerza con que otros se aferran a ella. De lo primero todos sabemos más de un ejemplo, el señor que se cayó en su bañera, el tropezón en la calle que te desnuca, el accidente tonto en el que a nadie le pasa nada, menos al muerto.

De lo segundo hay ahora mismo un ejemplo actual, un puñado de mineros atrapados a 800 metros de profundidad en el desierto de Atacama. Después de varios días, cuando quién más quién menos los daba por muertos, lograron comunicarse con los equipos que en el exterior trabajan para encontrarlos. Se calcula que aún así se tardaran de dos a tres meses en conseguir sacarlos, pero seguro que salen todos con vida.

Así es la fuerza con la que nos agarramos a la vida, suicidas mediante. Pero a esto hay que sumarle algo: la compulsión por reproducirnos. Este es un anhelo heredado del reino animal, al que pertenecemos, por más que a algunos les gustaría olvidarlo. Pero es especialmente trágico entre individuos que presumen de racionales. Trágico, sí, porqué no hay que olvidar que dándoles la vida, los estamos condenando a muerte.

Esta tragedia es fruto del chantaje sexual que la naturaleza y nosotros mismos hemos creado (para esto véase El mono desnudo de Desmond Morris), sumado con el egoísmo por tener hijos, es decir, dos egoísmos seguidos, mucho egoísmo junto. Atendiendo únicamente a nuestro propio placer, tanto en el momento de hacerlos, como más tarde en el de criarlos, aumentamos el número de semovientes sobre el planeta, sin darnos cuenta de que con ello aumentamos el número de adosados en los cementerios. Y sin derecho a parcela con maceta.

Y sin embargo, seguimos agarrándonos a la vida y trayendo nuevos sufridores al planeta cómo si fuera lo único importante. De hecho, es lo único importante para muchísima gente. A poco que preguntes, todos te dirán que la familia es lo fundamental, que por los hijos es por lo que se hace todo, que fuera del grupo tribal no hay nada.

Claro, si tu eres religioso, sobre todo de una de las religiones monoteístas que están en el top ten de creyentes/alelados, la vida es un regalo divino para que sumemos más esclavos a las cohortes de lameculos del Jefe y sólo es un espacio pasajero de preparación antes de nuestro traslado al paraíso lleno de vírgenes retozonas y de dicha sin fin, mirando abobados al Capo. Si has sido bueno y le has peloteado lo suficiente al sheriff y sus representantes terráqueos, por supuesto, sino ya se sabe que las infinitamente misericordiosas deidades te mandarán de una patada en el culo al infierno más infiernoso, para que te fastidies durante toda la eternidad por no haber sido lo suficientemente corderillo balador.

Pero, no sé porqué, este planazo que nos intentan vender los curas no me convence. Claro que otros planazos que nos intentan vender otras elucubraciones humanas acerca de lo divino me convencen aún menos. Lo de pasarlas canutas de privación en privación para conseguir desaparecer fundido en el Nirvana, tal como los gurús orientales, tan aficionados ellos a los Roll's, nos intentan colocar, aun lo veo menos. Por mucho que el príncipe Sidharta Gautama y sus acólitos nos intenten vender la moto desde hace unos cuantos siglos.

Otras esquizofrenias más modernas ya sólo las menciono por encima, las chorradas de ciencia ficción de la cienciología, los matrimonios a dedo de la secta Moon, las estupideces de los Testigos, mormones y demás, son igual de improbables que las religiones «establecidas» y al igual que ellas, nos prometen el oro y el moro si comulgamos con las ruedas de sus molinos.

Por tanto, y una vez eliminados los motivos esotéricos, nos quedamos desnudos como el proverbial mono de otras intenciones para vivir y crear vida, que los mencionados egoísmos inmediatos. Claro que esto nos lleva a dejar en manos de la casualidad nuestra presencia en el planeta. Y deja en manos de la casualidad el planeta en sí y de añadido, el universo entero al que pertenece. No sé porqué, pero me parece demasiado universo para una simple casualidad. Aunque el número de civilizaciones que lo habiten se demuestre infinito. Sigue siendo demasiado casual.

Pero si no es casualidad, es que hay un motivo detrás. ¿Cual podría ser este? Desbarraremos acerca de ello en la siguiente entrega.

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