jueves, 2 de diciembre de 2010

Tipos de la humanidad: el vivalavirgen.

Nos encontramos hoy frente a uno de los modelos más despreocupados de la especie. Nuestro querido especimen vive alejado de problemas, aunque él suele ser un problema para sus adláteres. Ya que este señor no le da importancia a nada, nada le importa lo personal, mucho menos le preocupan sus allegados, sean estos amigos, familiares, compañeros de trabajo o de infortunio.

El vivalavirgen no vive, disfruta. Y esto es así aun en las peores circunstancias. Lo que a otros más circunspectos le llevaría a la depresión y a la búsqueda urgente de una buena soga, a él le lleva hasta la tasca más cercana, en donde no se molestar en rumiar su desesperación, sino que buscará en el Marca cuando empieza el partido. Si lo despiden del trabajo, mirará el horario de mareas para irse a pescar; si le abandona la mujer, convidará a los amigotes; si se le muere algún conocido, aprovechará el féretro para montar una timba de póquer.

Nuestra joya mantiene una admirable habilidad para escapar de cualquier cosa que le pueda ser una molestia, el trabajo entre ellas. Es el que consigue siempre los chollos en donde no hay que dar palo al agua, donde el jefe esté lejos o sea inexistente, o donde las compañeras de trabajo sean cariñosas.

Y por supuesto, no devolverá visitas, no acudirá a las citas, no recordará fechas, no modificará, en fin, ninguno de sus placeres por ninguno de sus deberes. Y nada de esto ensombrecerá en lo más mínimo su paso por el mundo, ya que si el planeta gira es para que él pueda ver discurrir las galaxias, cómodamente acodado en el lugar donde esté.

No tiene tratamiento.

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