domingo, 28 de marzo de 2010

¡Taxi!

.-¿A donde le llevo, señora?
.-Lléveme al cementerio de Mondego. Es que voy a ponerle unas flores a mi marido. Mire Vd. que pena de hombre. Nunca tenía tiempo para nada y cuando quería que viniera conmigo a alguna parte siempre me decía que estaba muy ocupado. Hasta para ir al médico estaba ocupado y cuando al final fuimos, ya no se podía hacer nada. Tardó en morirse, creo que a la muerte también la hizo esperar mientras que acababa alguna cosa, pobrecito. Pero ahora que ya no tiene prisa por ir a ningún lado, siempre me está esperando, impaciente por sus flores. Yo le digo que tengo cosas que hacer, pero el siempre me dice que me apure. Así que dese prisa que ya estará enfadado. Jesús, que cruz de hombre.

···///···

.-¿Donde vamos?
.-Mira, llevame, ya sabes, a un sitio con chicas, ya sabes, un lugar agradable, ya sabes, que no este lejos, ya sabes...
.-¿Una discoteca?
.-No, no, no, solo de chicas, ya sabes, un sitio de estos, ya sabes...
.-¿Un club, un piso?
.-Si, si, si, un club, ya sabes, un sitio para tomar una copa, ya sabes, con chicas, ya sabes, que hay que salir, ya sabes, no pienses mal, ya sabes, no voy siempre, ya sabes, pero...

···///···

.-¿Donde os acerco, chavales?
.-Llevanos a la playa de Gandarío, pero para en la gasolinera, que tenemos que coger unas cosas.
.-¿Esta vale?
.-Si, hombre, es solo para pillar hielo, espera un momento...
.-Venga, tira.
.-Joder, vaya mierda de coche, ya podías comprar otro mejor.
.-¿Me lo vas a pagar tu?
.-No, tío, que hacéis un montón de pasta, no me fastidies, lo que pasa es que no te estiras nada. Ya nos podías hacer una rebajilla.
.-Si, hombre, la misma que te hicieron para comprar la priva, que para eso si que tenéis pelas. Venga, 5,30 y dejaros de cuentos. No me dejéis tirado ningún hielo.

···///···

.-Escucha, tronco, llevame a Penamoa y esperame un poco, que enseguida bajo, tronco, es cosa de un momento, venga, enrollate y tira ya.
.-Nada de eso. A Penamoa no subo, no me deja la policía y aunque me dejara, tampoco os llevaría.
.-Va, venga, enrollate, que mas te da, tronco, si es un momento...
.-Tu no me quieres entender, ¿verdad? A ver si te lo dejo claro, no te subo al campamento, ni te espero, ni muevo el coche si no empiezas por pagarme, que luego pillas droga y te quedas sin pasta.
.-Tío, dejate de rollos, que me estoy poniendo muy nervioso, mira que estoy muy loco y tengo el Sida, venga, arranca..
.-Nervioso me estoy poniendo yo y no sabes de que manera. Bájate ahora mismo si no quieres que te saque por los pelos, que no te llevo a ninguna parte. Venga, fuera, que llamo ya mismo a la Guardia Civil, ¡que te bajes ya, ostias!
.-Hijo puta, cabrón, ya te pillaré otro día, ya verás...
.-Si, si, pero lárgate antes que te arranque el alma.

···///···

.-Señor ¿haría Vd. el favor de llevarme al Centro Comercial? Veo que llevan taxímetro, en mi país no lo tienen, cada uno cobra lo que quiere y así no se va a ninguna parte. Te ves obligado a tratar el precio del viaje con cada conductor y como te descuides, te cobran verdaderas fortunas. Menos mal que aquí aún se respetan las leyes. Tenga, cóbrese, hágame el favor y guárdese el cambio. Adiós, que tenga un buen día.

···///···

¿Asociación? Hola, soy Simeón, el V-16, si, si, ya sé, hay que pagar el IVA, ¿que llevo tres meses de atraso con la seguridad social? Pues van a ser cuatro, porque tengo que pagar el seguro y cambiarle aceite y filtros. Pues si me embargan, que me embarguen, le doy las llaves al de Hacienda y que se ponga en la parada, todo lo que haga que lo vaya descontando. No cuela, ¿verdad?, ya, si, pero es que no se hace un duro, llevo 14 horas en la parada para cuatro carreras, es desesperante ¿Que te debo la cuota de la asociación? Pues tu también vas dado, antes tengo que pagar el crédito al banco y estos si que no esperan. ¿Que dices del impuestos de circulación? Lo que me faltaba, el ayuntamiento. Les voy a meter el coche hasta el salón de plenos y que se vayan a tomar aire. Pues me da igual, ya no puedo más, que se esperen, como todo el mundo. Hala, si queréis algo me llamáis vosotros, que mañana me cortan el teléfono, a ver de donde saco para pagarlo. Ciao.

¡Taxi!

jueves, 25 de marzo de 2010

Suspense

Buscó la navaja en su bolsillo y la abrió con los dientes. Mientras la sujetaba, de un solo golpe le cortó el cuello.

La botella quedó así preparada para servir de embudo y encajar en la boca del depósito. Con cuidado, vertió poco a poco el combustible en el interior de la maquina y se dispuso a cebar la bomba, que al quedarse seca se había vaciado. No podía echarle la culpa a nadie, el despiste era enteramente suyo. Y justo en este momento.

Cómo aún se retorcía por el suelo, le dio un par de patadas. Calzaba unas pesadas botas de trabajo de puntera y suela forradas de acero, con las que podía partir un cráneo sin esfuerzo. Cuanto más encajar la manguera en su sitio, aunque tuvo que pisotearla un poco. Pero tenía algo más que hacer antes de poner en marcha la pesada maquinaria.

Debía colocarlas juntas, para cortar todas las cabezas de una pasada, así que levantó las cuchillas a su altura y añadió dientes entre los que ya tenía instalados. Así cortarían mejor y más rápido. Arrancó por fin el motor, haciéndolos estremecer a todos. Se quedaron paralizados viendo venir las afiladas cuchillas a su encuentro, que cortaban sin piedad todo a su paso.

Por fin, cuando estaban a punto de triturarles, el bando de estorninos levantó el vuelo y la segadora continuó cortando espigas. Había que darse prisa, antes que descargara la tormenta que se anunciaba en el horizonte.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Siempre pescando

Las nasas venían llenas de centolla, con lo que la tripulación halaba el cabo con mejor disposición de la acostumbrada. En la cabeza de todos saltaban chispas con forma de $, mientras cada uno hacía cuentas de la parte que le correspondería. Era una lástima que no fuera verano, porque entonces conseguiríamos mejor precio en la subasta. Pero en esta época del año no había turistas dispuestos a soltar la pasta, así que nos tendríamos que conformar. La verdad es que cuando llegan los visitantes la mayor parte del marisco está en veda, con lo que los que hacen negocio son las cetáreas y los furtivos.

Sin embargo en las cuentas de mi cabeza lo que se formaban eran facturas de gasoil, aceite de motor, plazos del banco, artes reparadas y mil y un pequeños gastos que se comían poco a poco los beneficios obtenidos. Si ya es difícil luchar con el mar, luchar contra la bancarrota es aún más difícil. Pero esta captura me iba a permitir saldar algunas deudas así que meditaba la conveniencia de aprovechar el dinero logrado en calafatear y pintar el barco, que lo estaba pidiendo a gritos. Ya practicamente no se leía el nombre pintado en la popa. Y eso que era el de ella.

Por otra parte, la abundancia de la captura me impelía a continuar la pesca en los próximos días, para ver de aprovechar la racha de buena suerte. Bueno, siempre podía continuar navegando mientras pudiera y esperar a que las capturas flojearan un poco para varar el barco unos días y realizar el mantenimiento que llevaba tiempo esperando.
Esto es así en este negocio y en otro cualquiera, siempre tapando huecos, siempre desnudando un santo para vestir a otro. Todo salpicado con la suerte que tuvieras en la ruleta rusa del mar, que hace que al riesgo inherente a los negocios se uniera el del golpe de mar, del temporal traidor o del oculto tronco o contenedor flotando entre dos aguas que te abre sin avisar una vía de agua y te manda al fondo de golpe, a hacerle compañía a los crustáceos que intentábamos pescar.

La posibilidad de acabar sirviendo de comida de aquellos que veníamos a pescar era una de las variables que regaba de incertidumbre el oficio. El cazador cazado, el pescador pescado. Bueno, eran riesgos asumidos por los marineros y por el patrón y peor asumidos por nuestra familias, mujeres que en tiempos aguardaban en el muelle y que ahora lo hacen en sus trabajos. Como cambia la vida. Ya pasaron los tiempos de las sufridas mujeres que mariscaban en tierra esperando a que sus hombres trajeran el pescado, los de los pañuelos negros en las cabezas de las viudas que malvivían de la caridad de los compañeros de sus maridos ahogados. No es que ahora no nos ahoguemos, aunque en menor medida que en los tiempos en los que se iba al Gran Sol con barcos de madera de propulsión a vapor. Pero por lo menos nuestras familias cobraban las pensiones de viudedad y orfandad.

Lo único que no cambia es el mar. Así que acabada la recogida de las nasas, pusimos proa al puerto sin perder de vista las nubes que se iban formando sobre el horizonte y que no presagiaban nada bueno. Mientras caía la noche, los marineros escogían por tamaños la captura y en la costa las luces se iban encendiendo como pequeñas vagalumes perdidas.

Ojalá que hoy me esté esperando.

lunes, 22 de marzo de 2010

Católica pederastia.

Lo del Papa y la iglesia católica empieza a ser delirante. Ahora resulta que, como decía Concepción Arenal, hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. La verdad es que dudo que el inquisidor este conozca a Doña Concha, ni siquiera de nombre. Pero sus palabras, acompañadas de la coletilla típica de que «el que esté libre de pecado tire la primera piedra» empiezan a dar asco. Eso sí, tuvo el detalle de pedir perdón a las víctimas.

Yo disto mucho de estar libre de pecado, pero estoy más que dispuesto a arrojar la primera piedra. Y las que hagan falta en este caso.

Es vergonzosa la actitud de la iglesia católica y de sus dirigentes acerca de la pederastia que infecta su institución. Aunque era vox populi, aumentan de manera exponencial los escándalos que por todas partes les afectan. Estados Unidos, Irlanda, Alemania, España, etc., cada vez son más los países en los que sacerdotes católicos son denunciados por violar a los niños que se encontraban a su cargo, uniendo al delito de pederastia el agravante de abuso de confianza. Penoso. Asqueroso. Despreciable.

Pero más despreciable aún si cabe es la exquisita diplomacia que los jefes de estos curas violadores tenían para con ellos. En vez de ponerlos inmediatamente a disposición judicial, procuraban tapar sus acciones, trasladándolos a otras diócesis donde no fueran conocidos para que pudieran seguir ejerciendo sus actividades. Es decir, en vez de pensar en los niños, sólo pensaban en ellos mismos, procurando tapar el escándalo para que no afectara a la iglesia y sin tener en cuenta el sufrimiento de las víctimas de esta gentuza. Ni el de las futuras víctimas de estos mismos curas, puesto que las violaciones continuaban en el siguiente puesto. Ha habido casos en que el pederasta era cambiado de parroquia varias veces, dejando por todas las que pasaba un rastro de crueldad.

Así que lo que se debería hacer no es solo juzgar y encarcelar a estos violadores religiosos, sino juzgar también a sus jefes como colaboradores necesarios en la comisión del delito, cómplices, encubridores o cualquier otra figura jurídica que les fuera aplicable, con la máxima dureza posible, correspondiente a la indignidad de los delitos cometidos.

Parafraseando al cura máximo no despreciemos el pecado y seamos indulgentes con el pecador, despreciemos el delito y seamos implacables con el delincuente.

Y si este es obispo, arzobispo, cardenal o papa, da igual. A la cárcel con los pederastas y con sus cómplices.

domingo, 21 de marzo de 2010

Firmas en Wikipedia

Hace unas semanas propuse en el Café el regular el tema de las firmas de los usuarios. No ajenos a la polémica que se levanta por la mínima, conseguimos finalmente que ayer se abriera la votación que permitirá esclarecer cómo ve la comunidad este dilema. Creo que más allá del resultado obtenido, lo que está claro es que estas votaciones - contrario a lo que algunos dijeron - son necesarias para asegurarnos de que no vuelva a llover sobre lo mojado.

Y aunque de momento gana el no, considero que el esfuerzo ha merecido la pena. Dicha votación cerrará en dos semanas, concretamente el 4 de abril. Será la fecha clave para poner un cierre temporal a este tema y pasar a otros...

Temporal

La ría se pone el traje gris del invierno cuando el temporal envía sus respetos. Las gaviotas hunden la cabeza entre las alas y sufren indiferentes los chorros de agua fría que el viento empuja sin cesar. Los patos ya no se bañan entre las algas y cambiaron su lento flotar entre las olas por los cañaverales de la marisma que se hunde en la tierra.

Las golondrinas de mar, ajenas al aguacero, continúan su deambular entre la hierba del paseo, gusano va, gusano viene. A los mirlos no les gusta el agua, se han perdido en el bosque y ya no vienen a buscar las postreras uvas sin recoger de la parra de La Terraza. O a escuchar las últimas notas de jazz que se demoran formando globos entre las ramas, nunca se sabe.

El cielo ceniza, sin solución de continuidad, no sabemos si pasa incesante o es que se ha aposentado encima del mar. Con su monótono color, su cadencioso sonido, las olas rompen perezosas sobre la playa, sin turbar a los cuervos que buscan entre los restos que se acumulan en montones. Hoy todos los animales parecen en suspenso, esperando con la tranquilidad de la genética que la borrasca arrecie, momento en el que desaparecerán rumbo a sus refugios a esperar que escampe.

Las aves reconocen el temporal sin necesidad de avisos del meteosat. Los patos, las gaviotas, los mirlos, las lavanderas, los cisnes, los cuervos, las golondrinas, los pequeños gorriones ateridos, buscan refugio cuando el viento empieza en serio a soplar las trompetas de la tormenta.

Temporal en el tercio norte, vientos de 100 km. por hora, olas de cuatro metros en la costa, alerta naranja. Qué pequeños somos ante los elementos. Qué grande es la naturaleza de los animalitos. Qué ínfima es la nuestra. Qué triste.

Pero más tarde volverá a lucir el Sol, a darnos un pequeño respiro, a la vez que el invierno acumula fuerzas para el próximo embate, mientras no llega la primavera, que muestra su lado femenino haciéndose esperar. Ya tarda. Pero vendrá.

viernes, 19 de marzo de 2010

Fútbol

El partido de fútbol de regional preferente estaba a punto de acabar cuando el balón salió fuera del campo, propulsado por el tremendo patadón que Cholo, delantero centro del Mataburras F.C., le había propinado. En su trayectoria se perdió en medio de los pinares que rodeaban el terreno de juego y el arbitro del partido decidió que se sacará una nueva pelota, en vez de esperar a que apareciera la perdida. De buscarla nos encargamos los chavales del pueblo, a los que el partido ya no nos interesaba porque el equipo local, el Bestiaspardas C.F., ganaba por 6 a 1.

Toda la troupe juvenil se esparció entre los árboles, revolviendo las pocas xestas que los pinos dejaban crecer. Pirri, Suso y yo nos desentendimos pronto de la búsqueda y vagamos por el bosquecillo sin objeto. Como siempre, Pirri se dedicaba a lanzar a los árboles un pequeño cortaplumas que habitualmente llevaba encima, con la intención de clavarlo a la media vuelta, cosa que rara vez lograba. En uno de estos lances fallidos, la navaja ni siquiera rozó el pino al que iba destinada y se perdió en la pinaza que recubría el suelo. La navaja era la posesión más preciada de nuestro amigo, así que al no encontrarla a la primera nos llamó para que le ayudáramos. Nos pusimos en cuclillas para hacerlo, mientras que revolvíamos las hojas hasta dar con ella.

Pero no fue lo único que encontramos. Semienterrada entre los restos del bosque, con pinta de llevar tiempo perdida, encontré una cartera vieja. Era un objeto extraño en medio del monte, o quizás no tanto, ya que los pinares eran frecuentados en las noches de verano por más de una pareja en busca de un lugar tranquilo donde arrullarse. Nosotros no eramos tan tontos como para no saberlo, mas de una vez nos habían corrido de allí cuando con nuestra juvenil curiosidad íbamos a espiar a las parejitas que se estaban dando el lote. Así que después de echar una mirada a nuestro alrededor, para ver si alguno de los otros chicos nos observaba, nos pusimos a revolver el contenido de nuestro tesoro. Como esperábamos, no había un duro en ella, pero había algo que nos llamó más la atención. En uno de los compartimentos, entre papeles viejos y arruinados por la humedad, había un condón. No es que esto fuera una novedad para nosotros, pero éste estaba fuera de su estuche protector y envolvía una llave.

La llave no nos decía nada, pero el hecho de su extraña envoltura nos llamó la atención y nos dedicamos a elucubrar que podía abrir para que estuviera guardada con tanto cuidado. Después de imaginar mil historias inverosímiles, se nos encendió una lucecita en el cerebro. La llave tenía que ser de la caseta del campo, era el único motivo que se nos ocurría para que no estuviera en un llavero junto con alguna de sus hermanas. Esta llave pasaba de mano en mano por el pueblo, ya que los distintos equipos y peñas se la dejaban unos a otros para poder acceder a los vestuarios. Con esta idea implantada en nuestras cabezas, resolvimos esperar a que se fueran los jugadores para probarla y ver de curiosear en la pequeña chabola. Pero nuestros padres nos estaban llamando para irnos, así que resolvimos dejarlo para otro día.

Al día siguiente, después del colegio, nos citamos en el campo de fútbol para probar suerte. Durante la semana era raro que hubiera partido, ni siquiera de entrenamiento, por lo que teníamos manga ancha para probar lo que nos diera la gana. Aunque oxidada, la llave abrió la puerta a la primera, con lo que tuvimos la íntima satisfacción de haber acertado con su utilidad. Pero no nos esperábamos el espectáculo que nos encontramos al abrir la puerta. Con unas bragas por sombrero, totalmente ajeno a nuestra presencia, el entrenador del equipo se dedicaba a «entrenar» a la mujer del alcalde, que por los gemidos que profería, disfrutaba lo suyo del ejercicio gimnástico.

Nos quedamos de piedra, sin acertar a reaccionar, hasta que la alcaldesa abrió los ojos y nos vio allí paralizados. El chillido que profirió nos hizo recuperar las facultades y salimos de allí disparados, perseguidos por los gritos del mister. Una vez a una prudente distancia, nos dedicamos a comentar entre risas el culo peludo del caballerete, las bragas volanderas de la jefa, los cuernos del señor alcalde y la bronca que se podía liar si se enteraba. Después nos dimos cuenta de que la cartera encontrada era de mujer, con lo que la llave debía ser de la alcaldesa, que la habría perdido en algún otro encuentro furtivo. Nos conjuramos para no decir nada a nadie, primero por la que se podía montar; segundo, por la que nos iban a montar a nosotros y después porque tendríamos que dar explicaciones de la posesión de la puñetera llave.

Los días siguientes el entrenador no nos miraba precisamente bien, pero ante la falta de consecuencias palpables, la función se fue olvidando.

Pero, aunque lo intentamos, la llave no volvió a abrir la puerta.

martes, 16 de marzo de 2010

Diccioarmario 6

Aborto: derecho inalienable de la mujer, no ejercido por la derecha en este país. Ya se van a otros.

Albañil: amanecer violeta.

Antimonio: elemento químico muy utilizado para superar el síndrome de abstinencia.

Astrágalo: francés con Opel.

Balanza: y mete canasta. Equilibradamente, además.

Cacerola: la cacé justo al cambiar el viento.

Cámara: lecho de dios egipcio.

Canadá: país de los perros nadadores.

Catarata: degustación de roedores. La Alta Cocina que nos espera.

Cónclave: contraseña de los obispos en internet.

Ecologista: persona que pretende la vuelta a la tierra sin soltar el ordenador.

Ernesto: señor importante, por lo menos de nombre.

Galicia: en el país de las peyorativas.

Latín: violín de lata. Copyright de Les Luthiers.

Leyes fundamentales de la electrónica:
1ª funciona mejor si lo enchufas.
2ª dale la vuelta a la pila.

Mandarria: y obedece el río.

Navaja: sodio de corta estatura.

Oposición
: políticos en espera de volver a repartirse los cargos.

Pasada: todos pal pueblo.

Patata: tubérculo tartamudo.

Patético: beba té Tico, el mejor.

Queso: que te pares de una vez.

Retórica: desafío que lanza la adinerada.

Robín Hood: antiguo Lucio Urtubia.

Rosa Díez: política española, en el sentido más peyorativo de la palabra.

Respuesta: vaca culta.

Resquicio: vaca en la puerta.

Salterio: no había puente.

Soñar: arte de imaginarse que no se tiene ningún crédito.

Sumo pontífice: mandamás religioso de peso descontrolado.

Sushi: hipocorístico japonés por Jesusha.

Tarta: ya no puede más.

Templarios: orden religioso militar cuya regla les obliga a calentar las corrientes de agua.

Timón: la homeopatía, las flores de Bach, el tarot, la astrología..., hay tantos.

Trepa: véase Rosa Díez.

Vino: oísi.

domingo, 14 de marzo de 2010

Hipermercado

Como todos los días, la playa de descarga del hipermercado era una casa de locos. Al trasiego habitual de camiones con perecederos, que entregaban su mercancía todos los días, había que sumar los cinco trailers de aceite que venían para que tuviéramos material bastante para cubrir la oferta que comenzaba la semana siguiente. Desde encima de la carretilla elevadora que manejaba, contemplaba el caos organizado por las entregas mientras esperaba que me dejaran pasar a las estanterías con el palet que había sacado del primero. Ya estaba resignado a que para descargar un camión, que en anteriores trabajos me podía llevar media horilla, en esta empresa me llevaba una hora completa, con suerte. El diseño del almacén de descarga, o mejor dicho, la falta de él, hacia que casi no pudiéramos pasar entre los camiones descargando, las furgonetas de reparto y la mercancía amontonada en cualquier esquina. Así que tenía para todo el día. Bueno, a mi me pagaban lo mismo tardara lo que tardara, era problema de los encargados y ejecutivos encorbatados, que mientras que hubiera producto en la tienda, lo demás les daba igual. Los clientes no veían como se trataba las cosas que adquirían, si lo hicieran no comprarían la mitad de ellas.

Cuando al fin me dejaron pasar, entré al interior de la nave con mi palet de auténtico zumo de aceituna. O eso decían la etiqueta, aunque nunca podía dejar de pensar que estas botellas la llenaban con lo primero que encontraban los proveedores, ya que los precios eran escandalosamente bajos para que fuera auténtico. Pero vete tu a saber. La verdad es que es mejor no pensar. Cuando había trabajado una temporada en un almacén manipulador de pescado había dejado de comerlo, lo que allí vi me había curado para siempre de su consumo.

Sin embargo, el día tenía el aliciente de que estaban entrenando a un nuevo grupo de demostradoras, que pululaban por allí con sus uniformes nuevos. Si no te fijabas mucho en los logos estampados, parecían azafatas. Bueno, es que lo eran, aunque nunca hubieran subido a un avión. Azafatas de supermercado a sueldo de miseria, que estas grandes superficies nunca se han distinguido por sus enormes emolumentos. Más bien lo contrario. Lo justito para que no huyeras en la entrevista.

Toque la bocina para que se separara de mi camino un grupo de ellas, que con cara de susto me dejaron sitio, juntándose en grupitos a mi paso. Según avanzaba podía oír las risitas de sus comentarios, que unían el nerviosismo del primer día con esa deliciosa desvergüenza que tienen las mujeres cuando están en grupo. Al volver después de dejar el palet subido en su estantería, puede ver que me estaban esperando en un lado.

.-¿Nos llevas a dar un paseo?, me preguntó una morena de escándalo, mientras sus compañeras se reían sin disimulo.

.-Claro, pero hay poco sitio, tendrás que arrimarte.

.-Eso no es problema, contestó con una sonrisa encantadora, mientras se acercaba al torito.

.-¡Señoritas, por aquí!, llamó su encargada con la cara de malas pulgas que tenía de nacimiento, a la vez que me asesinaba con la mirada. Un encanto, la jefa.

.-Luego te veo, me dijo la morenaza.

.-No dejes de hacerlo, Chelo, le contesté fijándome en la chapa que llevaba prendida en la pechera de la camisa, adonde mi vista se había dirigido sin necesidad de orden alguna.

Quizás el día no sería malo de todo.

sábado, 13 de marzo de 2010

Butano

Repartir bombonas de butano no es el trabajo mas divertido del mundo, debe ser el más penoso. Por lo menos es lo que me parece a mi, que llevo unos años haciéndolo. Las malditas botellas de acero pesan como muertos y uno sólo se da cuenta de cuantos edificios no tienen ascensor si se dedica a este curro. Además a esto hay que sumarle el espeso tráfico del centro de la ciudad, que es la zona que tengo asignada, y que convierte la conducción del camión de reparto en una pesadilla. Pero nada de esto le importa a Mohamed, mi ayudante desde hace unos meses. Mohamed es un estupendo chaval senegalés, negro como el carbón, al que en los primeros días hablaba en francés porque no entendía ni jota de español. Yo me manejaba con el idioma, había estado emigrado en Lyon trabajando en una empresa de recauchutados, así que me lo habían puesto de ayudante. Hacía años que había vuelto de Francia, bastantes, más de veinte, pero la lengua no se me había olvidado por completo y la práctica con mi compa moreno había hecho que volviera a soltarme en él.

Como os decía, a Mohamed todo esto le traía sin cuidado. Después de haber llegado andando hasta la costa y de haber atravesado el estrecho en una patera, hacinado con otros 30 compañeros en un barquito que ni siquiera merecía este nombre, subir unas bombonas a un quinto piso le parecía un juego de niños. De su sueldo y de las propinas que nos daban, mi negrísimo compañero mantenía en su tierra a toda su familia, que por lo que contaba, era más numerosa que la de cualquier miembro del Opus. Con la cicatriz en la cara que marcaba la pertenencia a su clan, Mohamed cargaba una bombona en cada mano como si estuvieran hechas de papel de fumar y ya empezaba a defenderse en castellano lo suficiente como para llamar a los timbres de las casas. Los primeros días las marujas se asustaban ante la vista del hombretón que les traía el gas, pero ahora ya lo reconocían cuando caminaba por el barrio con los envases naranjas y lo saludaban con cariño.

Porque el senegalés era una excelente persona, amable y servicial, siempre dispuesto a echar una mano a cualquiera que se lo pidiera y aun a hacerlo sin que nadie le dijera nada. Más de una vez le había tenido que apurar para que viniera a ayudarme, ya que se había quedado cruzando la calle a una anciana o ayudando a cargar otro camión o subiendo un carrito de la compra a cualquiera. Lo único que nuestro amigo no entendía era la falta de solidaridad con los vecinos que exhibíamos más de una vez. No podía comprender como la gente no se ayudaba más.

En mi país, decía, no tenemos nada, pero lo poco que tenemos, lo compartimos. La gente se ayuda sin esperar nada a cambio, por el mero hecho de ser vecinos y dentro de nuestra pobreza, somos todo lo felices que se puede ser, sin buscarnos más problemas que los que ya nos vienen dados por la vida. Aquí, todo el mundo está siempre enfadado y prefieren tirar las cosas que no necesitan antes de dárselas a otro al que le puedan ser útiles, decía meneando la cabeza totalmente incrédulo. Estos comentarios de mi compañero siempre me llenaban de vergüenza, porque sabía que en el fondo tenía toda la razón.

En nuestra zona de reparto hay una cafetería que es el punto de encuentro de los niños pijos de la ciudad. El bar es uno de nuestros clientes y cuando entregábamos el butano, Mohamed siempre tenía que soportar estúpidos comentarios por parte de los niños de papá, que mataban el tiempo en sus mesas haciendo que estudiaban o que repasaban apuntes. Él siempre fingía que no les entendía, pero yo ya había tenido más de un encontronazo con ellos por defender a mi amigo. El dueño del local nos apreciaba, pero ya me había advertido que no me enfrentara con ellos, que él tenía que mirar por su negocio. Con lo que tomaba ejemplo de mi compañero y los ignoraba olímpicamente.

Cierto día, un grupo de estos niñatos se dedicaban a charlar apoyados en los coches que estaban estacionados en la calle. Entre risas, se dedicaban a darse empujones, intentando en broma arrojarse los unos a los otros al tráfico que circulaba por la calle. Nosotros andábamos por allí, ocupados como siempre en descargar bombonas y colocar las vacías en la caja, cuando de uno de estos corrillos salió despedida una de las chicas, como resultado de un empujón que la había hecho tropezar con la defensa de un coche aparcado. La muchacha cayó hacia la carretera, justo en el momento en que un autobús pasaba. El conductor freno inmediatamente, pero estaba claro ante los ojos de los aterrorizados viandantes que no conseguiría detenerse a tiempo para evitar el atropello. En ese momento, entre los angustiados chillidos de los peatones, como surgida de la nada, la poderosa mano de Mohamed la agarró por un tobillo y de un violento tirón, la levantó del suelo arrojándola sin miramientos sobre la acera, totalmente como si fuera una muñeca de trapo. La calle estalló en un clamor de alivio y los aplausos surgieron espontaneamente de los espectadores. El conductor del bús bajó a abrazarse a mi compa temblando como una vara verde, mientras que la chica, incapaz de levantarse, sollozaba desahogando el temor padecido.

Como ninguna buena acción queda sin castigo, al volver al camión descubrimos que nos habían multado por superar el tiempo máximo permitido de estacionamiento en la zona de carga y descarga. Por lo menos, los pijitos nunca más le volvieron a decir nada a Mohamed.

¡Butano! ¡Suba otra!

viernes, 12 de marzo de 2010

Comida de tarro

Vaya asco de mundo en el que vivimos. Cuando te paras a pensar en que somos una mísera mota de polvo flotando en el increíble y vastísimo universo que hay a nuestro alrededor, la poca moral que tengas se te puede caer al averno.

Y si miras a los millones de estrellas, a los millones de galaxias, no puedes dejar de pensar si la sociedad en que vivimos será siquiera remotamente parecida a otras. Porque otros mundos no solo son posibles, sino que son inevitables, aunque solo sea por estadística. Es imposible que todo lo demás esté vacío, de vida, se entiende.

¿Será igual de miserable la vida en otros planetas? ¿La lucha por la supervivencia, que desde nuestra corta estadística parece inevitable, forjará también seres inteligentes y agresivos, como aquí? ¿O, en una suerte de Murphy cósmico, nos habrá tocado a nosotros ser la oveja negra del universo?

Porque lo de aquí es de pena. Es una especie de farsa planetaria en la que avanzamos ¿hacia donde? Las generaciones se suceden, matándose unas a otras, enfermando, sufriendo ¿para que?

¿Será distinto en otros lugares? ¿Habrá planetas en que la evolución haya llevado a la creación de una cultura pacífica y avanzada, donde las relaciones de sus componentes no estén basadas en la despiadada selección natural? Y si esto ha sido/es/será así ¿cambia algo? Es decir, aunque esta hipotética sociedad sea practicamente perfecta ¿tendría por ello algún sentido?

¿Lo tendría? ¿Lo tenemos? Para mi, no. Ni aquí ni en ningún presunto planeta por descubrir. Es un juego del que desconocemos las reglas, ni como se lleva la puntuación. Pero sin embargo nos vemos forzados a jugarlo. No es de extrañar que perdamos siempre.

Pero, ¿quién gana?

jueves, 11 de marzo de 2010

Partidos políticos. S.A.

Estoy aquí sentado, sin saber de qué escribir. Temas no me faltan, solo con abrir el periódico ya se me ocurren tres o cuatro. Es tan fácil poner verde a estos políticos, nos dan tantos motivos de crítica, que no es problema escribir algo sobre las perlas que van regando. Pero en vez de las tonterías particulares, ascendamos al caso general. Somero repaso a los partidos:

El PP sigue dedicado a negarse a todo, me recuerda a un senador vitalicio que vi en una película americana, siempre estaba dormido y cuando lo despertabas, lo primero que salía de su boca era «me opongo». Pues estos igual, lo único que saben hacer es decir que no. No importa que las políticas pseudoliberales de los partidos de su cuerda sean las que nos han llevado a esta crisis mundial. No importa que la línea de pensamiento de sus dirigentes escore cada vez más a la extrema derecha, a la que siguen incomprensiblemente haciendo la pelota, siendo como es una corriente muy minoritaria en este país. Un insulto para el gran número de votantes demócratas que les apoyan. No importa que si alguna vez se le escucha una propuesta, esta sea en sentido contrario a las que aplican los partidos de la derecha en otros países, después de haber dicho lo contrario en sus campañas electorales. Nada importa, lo único es hacer la cusqui al gobierno, aunque sea en contra de los intereses del país. Menos mal que estos son los que se van de patriotas suma cum laude, si no fuera así, no sé lo que harían. En cuanto les rascas un poco, empiezan los ataques a la Policía, a la Guardia Civil, al ejército, a los jueces, a los periodistas, a todo hijo de vecino, ellos están en posesión de la verdad absoluta y los demás somos unos anacolutos. Menudo recambio para el gobierno.

El PSOE es otro que tal baila. Un partido pretendidamente de izquierdas, que tiene las narices de conservar el «obrero» en sus siglas y donde hace tiempo que el «socialista» no pasa de ser un mero adorno. Aún estoy esperando que este pretendido partido socialista socialice algo. Es manifiesta su capacidad para cambiar de discurso en cuanto ganan unas elecciones, la rapidez con que cambian de postulados, da igual que se trate de la OTAN, como antes, o de la desaceleración, como ahora, el caso es traicionar a sus bases, a su ideología y a su historia. Menudos rojos estos chicos, en cuanto están en el poder, los bancos suben sus beneficios como la espuma, creo que la mitad de la banca de este país tiene carnet del partido y una foto de Pablo Iglesias dedicada. Dedicada por Zapatero y Felipe González al alimón. Cada vez que me acuerdo de la revolución del 34, me tengo que frotar las meninges al recordar que es el mismo partido.

Izquierda Unida es en quien estaba pensando cuando hice la entrada de «Unido» en el diccioarmario. Los restos de los grupos más de izquierdas, aliados en un pastiche controlado por los restos de Partido Comunista. Saldos y rebajas. Basados en ideas obsoletas para los tiempos que corren, alguno de los grupúsculos que lo componen tienen un pase, pero al juntarse con esta tropa, siempre dispuesta al pacto en cualquier parte donde les dejen pisar un poco moqueta, pierden cualquier legitimidad. Fue la última esperanza de que la izquierda se hiciera oír en este país, así le ha ido y así le va.

El PNV y CIU son, junto con el BNG, la máxima expresión del «necionalismo» de la nación. Siempre medio hablando de independencia. No sé a qué independencia se refieren, ¿será de la Unión Europea?

El PNV es incapaz de sacudirse de encima a la ETA y a la servidumbre y pleitesía política que conlleva. Atrincherados en las ideas xenófobas de su fundador, prefieren a un asesino vasco a una persona honrada extremeña. Como las balas y las bombas nunca corren en su dirección, pretenden ser los únicos que tienen solución al conflicto que desangra su autonomía. Eso si, pagando el peaje a los fascistas asesinos organizando viajes a las cárceles, dando becas para cursos universitarios y negando con una mano la violencia, mientras con la otra se les subvenciona. Que los votantes del País Vasco están hartos de esta jugada se ha demostrado en las últimas elecciones.

Algo que también pasa en Cataluña, porque CIU son otra tropa del mismo estilo. Afortunadamente en su región se ha terminado con los ponebombas, pero no con estos señores que pretenden ser mejores que los demás. Otros que también están dispuestos a pactar con sus más encarnizados enemigos si con esto pillan cacho, en una esquizofrenia política que deja bien a las claras que lo único que les mueve es el poder, como a todos. En fin.

El BNG es un caso aparte en esta panoplia de nacionalistas periféricos (cómo le gusta esta palabra a los nacionalistas estatales XD). Se distinguen de sus correligionarios necionalistas de otras regiones en que el suyo es un nacionalismo de izquierdas, o eso dicen. Conservan en su galaxia a más de un grupúsculo estalinista/rojoide, de estos que ponen petardos a los que no piensan como ellos, en el caso que se demuestre que esta peña piensa. Como única prenda absolutoria se puede decir que han conseguido cambiar el tradicional entreguismo gallego a caciques y políticos estatales por una cierta lucha para que se nos tenga en cuenta para algo, pero no dudan en pactar con quien sea para pescar despacho y coche oficial. Al final, idénticos a los demás.

Los Verdes/ecologistas, que en nuestros vecinos europeos han logrado una cierta presencia, aquí han pasado sin pena ni gloria. Sufren de minifundismo político, disgregados en partiduelos de Taifas, cada uno formado generalmente por un listillo que vio la oportunidad de dejar de trabajar y hacer algo de pasta a cuenta de ONGs diversas. Algo que en otros lares consigue llevar un poco de sentido común a la política, aquí es inexistente. El sentido común no abunda en esta España de mis entretelas.

Otras hierbas hay por el campo, tipo trepa como Rosa Díez o tipo chanchullo como Unión Mallorquina, pero ninguno desmerece de los grandes partidos en cuanto a estar siempre dispuestos a pillar donde les dejen ejercer de bisagra sin aceite, por aquello de lo que rechinan este tipo de pactos.

Y este es el panorama politicoide con el que nos tenemos que enfrentar a la crisis, meus reis. Ninguno de los partidos tiene la menor idea sobre cómo afrontarla, no digamos ya sobre cómo hacer esa reestructuración económica que a cada momento dicen que necesita la sociedad. Sobre todo porque no les interesa, ya que sus modelos siguen basados en esta economía de mercado que les permite seguir pillando sin trabas. Y porque los humildes ciudadanos les importamos bien poco.

¿Cómo vamos a salir de este follón? No lo sé, pero de una cosa estoy seguro, no va a ser esta tropa la que lo consiga. Al final saldremos arrastrados por las demás naciones, a costa de pasar mucha miseria y muchos sinsabores, pero seremos nosotros mismos los que lo hagamos, sin necesidad de anuncios chorras. Ni de políticos jetas.

Visto lo visto, estoy pensando en nacionalizarme finlandés. Lo malo es el frío.

lunes, 8 de marzo de 2010

Transporte escolar

El autobús se detuvo con un chirrido de frenos frente a la parada, con la brusquedad acostumbrada por Quico mi amor, que siempre estaba más atento a las mujeres que pasaban por la calle que a conducir el Scania. Con mi chaleco amarillo fosforito, bajé dispuesta a ayudar a subir a los más pequeños, antes de distribuir a la jauría de chavales en sus asientos y comprobar que todos llevaran puesto el cinturón de seguridad.

Las normas de la empresa me obligaban a hacerlo, pero además las muy enfermizas instrucciones de los colegios para los que trabajábamos me forzaban a distribuir la chavalada por sexos, no pudiendo permitir que se sentaran juntos chicos y chicas a partir de los 5 años, salvo si eran hermanos. El incesto al parecer no preocupaba tanto en los colegios religiosos que eran nuestros clientes, por más que las leyes de la Consellería de Educación para los colegios concertados les hubieran obligado a admitir a regañadientes la educación mixta.

En esta parada subía Perlita, la preferida de mis niñas, que era un ráfaga de frescura en el aburrido trabajo de carretear críos de acá para allá. Perlita siempre tenía una sonrisa en los labios y enseguida que la dejaba aposentada en uno de los asientos delanteros, donde aparcaba a los más pequeños para tenerlos al alcance de la vista, se ponía a contarme las cosas que hacían sus hermanos mayores, que ya se habían sentado en las plazas traseras con el resto de la tribu. Sus hermanos la adoraban, ya que era la menor, pero en público la trataban con la suficiencia de sus cinco y seis años más que ella, lo que siempre hacía que la niñita tuviera quejas de ellos.

Hoy venía toda llorosa porque le habían escondido su muñeca preferida, una pepona de trapo que pretendía a toda costa llevar siempre consigo. La muñeca era la fuente de la mayor parte de sus disputas fraternales, porque sus padres le mandaban dejarla en casa y sus hermanos se cuidaban de que lo hiciera. Aunque mi obligación era sentarme en el asiento del acompañante, al lado del conductor, me senté junto a ella para consolarla un poco. Ya antes de llegar a la siguiente parada a la niña se le había olvidado la muñeca y me contaba la fiesta que le iban a dar sus padres con motivo de su próximo cumpleaños.

.-Pili Pilar, tienes que venir a mi fiesta, van a traerme muchas cosas y habrá globos y tarta, me dijo relamiéndose por anticipado, porque era una tragona de mucho cuidado.

.-No puedo, Perlita, pero te haré un regalo, repuse riéndome del nombre que siempre me daba.

El nombre me lo había adjudicado un día, según me contó su abuela, que le habían preguntado cómo llamaban a la acompañante del autobús, si Pili o Pilar.

.-Abuela, pareces tonta, se llama Pili y se apellida Pilar, le contestó con el desparpajo de sus cinco años.

La anécdota había corrido por su familia, en nada parecida a las demás estiradísimas parentelas del resto de los alumnos, y había traspasado el ámbito familiar haciendo que en la empresa ya todos me conocieran por ese nombre compuesto.

Hoy, en cuanto deje a las fieras en el colegio, bajaré a comprar un regalo para mi niña. Si no dejo este trabajo miserablemente mal pagado, es solo por ella.

.-Arranca, Quico.

.-Vamos allá, mi amor.

sábado, 6 de marzo de 2010

Diccioarmario 5

Alarde: aluminio al rojo.

Carnaval: aval que haces con una parte del cuerpo, vg. un riñón.

Caronte: barquero del averno en plenas rebajas. Hay que ser gallego para entenderlo, sorry.

Cáspita: caspa pequeña.

Ceja: paro del crecimiento del pelo de encima del ojo.

Defensor del Pueblo: cargo estatal del que me gustaría saber de que pueblo es, para ver si es cierto que lo defiende.

Depresión: parte de la corteza terrestre por debajo del nivel del mar, que provoca hastío y malestar general.

Espera: que no, que es manzana.

Lectura: el mayor de los vicios.

Locura: estado general de la humanidad y particular de servidor de Vds.

Malaria: la de La Coruña, por ejemplo, que está hecha un asco.

Montaña: acné planetario.

Natación: excelente deporte en crema de leche.

Paladar: reparto de aperos.

Pánfilo: borde de la barra.

Patidifuso: ser mitológico con las extremidades borrosas.

Píe: canto del pájaro con el final de la pata.

Pitágoras: arbitro griego especializado en los partidos de fútbol forero.

Plátano: oro, tampoco. Ni un euro, vamos.

Pretérito: anterior a los ritos.

Restaurante: después barnizas.

Retablo: acción de desafiar de viva voz.

Retintín: sonido del teléfono con mala leche.

Retrógrado: vuelta a la EGB.

Risoterapia: ver Congreso de los Diputados.

Salero: recipiente con mucho arte.

Saturno: planeta con hula-hop.

Senado: geriátrico para políticos.

Símbolo: artista en paro.

Sangre: santa comunista.

Temporal: hueso ventoso de la cabeza.

Título nobiliario: carta que certifica el tipo de chorizo de quien se desciende.

Traslado: detrás de un costado.

Viagra: viejecitos agradecidos.

Yanki: drogadicto americano.

jueves, 4 de marzo de 2010

Inmejorables vistas

Subir al andamio siempre es una lata. Aunque a veces tiene sus compensaciones. A las ocho de la mañana, con un frío que pela, tocar los tubos de hierro es un martirio. Pero no quedaba más remedio que empezar la jornada y ponerse a pintar la obra. Aquel día, el encargado me puso en el último piso, dispuesto a que bajara dando la primera mano que cubriría la fachada. Con toda la parafernalia de estos casos, casco, arneses, botes de pintura, pistola de aire, brochas, disolventes y demás, me instalé lo más cómodamente posible y me dispuse a cargar el depósito de la pistola con pintura especial para exteriores.

Mientra lo hacía, dirigía la vista distraídamente hacia las casas de enfrente, edificios nuevos ya terminados y que empezaban a llenarse de habitantes. Su reciente ocupación se notaba en la falta de muebles y cortinas en las habitaciones, expuestas a mi vista desde las alturas. A través de una de estas ventanas desprotegidas, pude ver a una chica que se afanaba en ordenar la habitación. Llevaba puesto un pijama de colores, que al agacharse para hacer la cama, marcaba unas hermosas caderas. Alegría para los ojos. Medio atontado por las vistas, tuve que forzarme a atender lo que tenía entre manos, porque la pintura ya empezaba a rebosar del deposito. Cuando volví a levantar la mirada, la joven, ajena a mi presencia, se disponía a vestirse, arrojando a un lado el pijama y descubriendo un hermosísimo cuerpo ante mis ojos, que se me salían de las órbitas al contemplar el desnudo de la linda muchacha, mientras se ponía un conjunto de lencería juvenil que ya me gustaría a mí ver más de cerca.

En ese instante, el sexto sentido que tienen las mujeres cuando son observadas le hizo levantar la vista y me descubrió mirándola con ojos que supongo lascivos. Pero en vez del grito que esperaba, unido al acto de dejar caer la persiana o abandonar el cuarto, la chica me sonrió pícaramente mientras me tiraba un beso con los dedos. Si ya estaba alelado, el gesto me dejó completamente imbécil. Los tubos ya no me parecían tan fríos mientras se acababa de vestir y diciéndome adiós con la mano, salía del dormitorio.

Creo que batí todos los récords del mundo de descenso de andamios e ignorando las preguntas del capataz, crucé la calle dispuesto a esperar a la diosa entrevista por estos ojitos pecadores. A través de los cristales del portal, miraba ansiosamente la puerta del ascensor, esperando la salida de la moza y la continuación de la promesa que sus labios me habían arrojado. El ascensor abrió sus puertas al fin y la muchacha salió de él, mucho más hermosa vista de cerca, aunque mucho más vestida.

Sonriéndome dulcemente, salió a la calle y se dirigió directamente a mí, que ya me relamía con una tonta sonrisa en la boca. Cuando estuvo a mi altura, sin perder el paso, me propinó tal bofetada que casi me derriba, continuando su camino sin volver la vista atrás.

No se porqué, creo que no va a haber plan.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Eufemismos

Vivimos en un mundo políticamente correcto. Imitando a nuestros queridos amigos y compañeros en la OTAN, los Estados Juntitos de América, los negros son afroamericanos, los moros son magrebíes, los espalda mojada son latinos.

Además la corrección política, que esconde precisamente lo que quiere evitar, tiene un sesgo especial para los castellanoparlantes. El inglés no tiene género, el castellano, sí. Con lo que los políticamente correctos españoles nos lo hacen pasar pipa con inventos como el de jóvenes y jóvenas, miembros y miembras, menciones en cada frase a los hombres y mujeres, o mejor, mujeres y hombres, para cumplir con lo de la paridad. Con el añadido de ir regando @ por todas partes donde escriben. Ruido blanco.

Claro que también es una muestra de la afición a los eufemismos de la sociedad actual, donde ya os he contado otras veces como van las cosas: ahora las lumis son masajistas; los gimnasios, centros de tonificación y cualquier soplagaitas es Ingeniero Técnico en el Insuflado de Instrumentos Autonómicos.

Y de tanto utilizar lenguaje políticamente correcto se nos olvida la realidad que enmascara: las prostitutas son mujeres esclavizadas, los desempleados son personas que no tienen trabajo, la violencia de género son agresiones sobre mujeres por parte de machistas cerriles, la desaceleración de la economía es miseria para los trabajadores.

Pero como nos lo sirven convenientemente edulcorado, nos olvidamos de la realidad en favor de la corrección política. Que es el fin último que se persigue con tanta tontería, no os dejéis engañar. Eso de evitar lastimar los sentimientos de las personas a las que se refieren con tanta miel es la excusa para evitar que la cruda realidad nos haga caer de la burra y nos demos cuenta de lo mal que va todo en el trato a las personas de otras razas, en el trato a las mujeres, en el trato a los empleados, en el trato al mundo. Porque llamar a un negro «afroamericano» no evita que se le discrimine exactamente igual, ni llamar desaceleración a la crisis evita los cuatro millones de parados.

Deberíamos empezar a exigir que no se nos trate como a imbéciles y que se hable con claridad de las cosas. Deberíamos volver la espalda a estos políticos y «comunicadores» que nos venden la miseria con azúcar. A ver si es verdad. Algo cambiaría.

martes, 2 de marzo de 2010

En ruta

El camión se calentaba un poco mientras subía Piedrafita. Las 22 toneladas de leche en polvo, repartidas en otros tantos palets por la caja del remolque, eran peso bastante para el antiguo Pegaso Troner. Pero ni hablar de pararse para dejarlo enfriar. La mercancía tenía que estar en Madrid antes de las siete de la mañana y esa hora ya era tarde. Más que nada porque el tráfico endiablado de la capital convertía en imposibles los accesos a los polígonos a partir de ese momento. Y aún antes.

De todas maneras, ya tenía pensado hacer una parada en el centro de transportes de Benavente, que tenía la ventaja de tener aparcamiento vigilado gratuito. Y una cafetería que lo mismo te servía un desayuno a las tres de la tarde, que la cena a las cinco de la mañana. Benavente es uno de los centros de distribución de la península y su centro de transportes está en permanente actividad las 24 horas del día. La mayor parte de las agencias de transporte tienen naves en él, tanto para distribuir la mercancía como para intercambiar los conductores, que de esta forma burlan las limitaciones del tacógrafo por el simple sistema de cambiarse de vehículo.

Además, allí siempre te encontrabas algún amigo. Los muchos kilómetros de ruta con la única compañía de la radio hacen echar de menos algo de calor humano. Y aunque siempre llevas conectada la emisora en el canal 19, no es lo mismo. Encima está el aliciente de que las camareras están muy ricas y te tratan con el familiar desparpajo de quienes ven entrar y salir mil camioneros al día.

Pero para llegar allí aún quedaban 200 kms. de aburridísima autopista, así que no quedaba más remedio que seguir dándole a la rosca. Una vez coronado el puerto pude engranar velocidades más largas y aliviar las penas del motor, que ya tenía entre pecho y espalda millón y medio de kilómetros y estaba pidiendo a gritos un rectificado. Más bien lo que pedía era la jubilación, pero no estaban los tiempos para cambiar de tractora.

Al empezar a descender el puerto podía ver los camiones que subían por la otra vertiente, gruñendo con el esfuerzo de empujar sus toneladas contra la cuesta y a los turismos que los adelantaban. En esto, un pequeño Opel Corsa que bajaba a toda pastilla me rebasó como una bala y cuando volvía a su carril, le reventó una rueda. La velocidad que llevaba no permitió al conductor controlar el coche y fue a chocar contra el quitamiedos, saliendo rebotado en medio de un mar de chispas y humo.

Me faltaron manos para meter frenos y desviarme de su trayectoria. El coche hacía trompos por medio de los carriles, dejando un reguero de piezas rotas que salían disparadas en todas direcciones. De pura chiripa evité el golpe y lo pasé por la derecha, mientras que el corsita volvía a chocar, esta vez contra el lado contrario. Pero en ese momento me reventó una de las ruedas de la dirección, sin duda al pisar uno de los restos metálicos que soltaba el turismo accidentado. La unión de la rueda reventada, sumado con el bloqueo de las del remolque (de resultas del violento frenazo a que me había obligado el accidente), hizo que perdiera por completo el control.

El tiempo pasaba lentamente mientras veía sin poder evitarlo como el remolque hacía tijera. Aferrado al volante, apretando desaforadamente el pedal del freno, rezaba para que se desprendiera la gabarra y no me arrastrara con ella al fondo del precipicio que se abría al lado del asfalto. El ruido de los frenos al rojo, de las ruedas derrapando bloqueadas, de las bocinas de los demás vehículos, formaban una cacofonía en mi cerebro que no me dejaba pensar. Aunque por mucho que pensara, ya no podía hacer nada. Por suerte, el remolque se soltó de la cabeza y llevándose por delante las protecciones, hizo un bonito salto del ángel por el barranco dejando una blanca estela de leche en su caída. Otro coche para el garaje.

Desafortunadamente, al quedar libre del peso que la lastraba, la cabeza salió disparada hacia los carriles de subida. Con la dirección loca, los frenos en fading y sin ningún control sobre ella, la tractora chocó contra la mediana, saltando por encima de ella y, para mi suerte, quedándose encajada entre las barreras de los dos lados, por las que aún avanzó un buen trecho hasta quedarse por fin detenida. Me quedé quieto un buen rato, sin poder soltar el volante ni dejar de pisar el freno, con todos los nervios negándose a dar por terminado el incidente, los oídos sordos, los nudillos blancos, los dientes apretados. Tenía el cuerpo molido por los golpes que los tumbos me habían dado contra la chapa, me sangraba una ceja que algo me había cortado y poco más. O eso creía, porque cuando al fin fui capaz de soltar el volante, descubrí que estaba encajado y no podía salir. Aunque lo primero que pensé es que me había roto la espalda y estaba paralítico. Con cuidado, moví los dedos de los pies dentro de los zapatos y al lograrlo, una sensación de inmenso alivio descendió sobre mi, solamente empañada porque solo conseguía mover los de uno.

La gente ya se arremolinaba alrededor de los hierros retorcidos de mi pobre camión, tirando de la portezuela para sacarme de allí, pero estaba tan encajada que tuve que esperar a que los bomberos la cortaran con sus enormes cizallas. El dolor que el shock había disimulado me recorrió todo el cuerpo al extraerme de los restos y los sanitarios de la ambulancia descubrieron que me había roto una pierna y posteriores radiografías en el hospital, que también había roto un dedo de la mano, sin lugar a dudas como resultado del apretón desesperado contra el volante. El conductor del Corsa tuvo peor suerte, antes de que me sacaran de allí entre aullidos de sirena, escuché el comentario de uno de los agentes de tráfico diciendo que había muerto instantáneamente, con el cuello roto por uno de los golpes. También que las ruedas del cochecito estaban completamente lisas y que ésta era sin duda la causa del pinchazo que había provocado el accidente. Morir por ahorrarse unos euros.

Por lo menos, el seguro del turismo estaba en regla y pude cobrar sin problemas la indemnización y el valor del trailer. Pero no me compré otro, la ruta se ha terminado para mí. Todavía más de una noche me despierto bañado en sudor, escuchando en sueños el escalofriante chirrido del metal destrozado.