lunes, 31 de mayo de 2010

Valor

Lo había conseguido. Habían sido años de malos tratos, de golpes, de insultos, de desprecios, de humillaciones sin fin, en una espiral de violencia que solo podía tener un final. Fue cuando comprendió fehacientemente que no había salida, que el destino final que le estaba esperando era la muerte, cuando por fin logró juntar el valor suficiente para dejarlo. Fue cuando se dio cuenta de que nada iba a cambiar por muchas promesas lloriqueadas tras los golpes, por muchos propósitos de enmienda que duraban hasta la próxima borrachera. Lo había intentado una vez y la había ido a buscar a casa de sus padres y con promesas entreveradas de amenazas, convencido para que volviera con él; a pesar de la firme oposición de su padre, que lo quería matar. Fue eso lo que la convenció, no podía soportar que su padre, al que adoraba y al que creía muy capaz de realizar sus amenazas, fuera a sufrir cárcel por culpa de aquel malnacido.

Pero la vuelta fue peor, a los reproches de celos absurdos, porque nunca la dejaba salir de casa, siguieron las amenazas y los desprecios, el ninguneo más doloroso aún que los golpes, que no tardaron en volver a ser una parte de su vida, oculta detrás del maquillaje y la ropa de manga larga. Pero ningún maquillaje era capaz de disimular su abatimiento, su manera de caminar por el súper con la vista baja, dejando a su paso un rastro de miradas compasivas y creando en torno de sí una ola de silencio que solo se rompía al alejarse por los susurros con que las clientas comentaban su desgracia.

Así que esta vez lo planeó mejor, dándole vueltas durante meses de golpes previos a violaciones reiteradas por parte de aquel cerdo, que la dejaban repleta de un asco de si misma abrumador. Pero daba igual, por mucho que le repitiera que se merecía todo lo que le pasaba, esta vez sabía que no era cierto. Estaba muerta de miedo, pero sabía que no era verdad. Temblaba con solo pensar en el momento en que saldría de la casa, pero quería vivir.

Por fin se decidió. Levantó el teléfono y llamó, temblando por si se le ocurría volver a casa. Racionalmente se decía que no iba a pasar nada, que estaba en su trabajo, que no iba a entrar por la puerta, pero los años de miedo que anidaban en su interior la hacían temblar de tal forma que no podía marcar el número. Después de dos intentos fallidos, una voz del otro lado le informó que estaba allí para ayudarla, que el teléfono no saldría reflejado en su factura, que nadie se enteraría que había llamado. Pero ella no la dejó continuar, suplicando a gritos que la sacaran de allí, entre lloros y angustia, echando fuera años de humillaciones, le dijo que no aguantaba más, que la ayudaran a irse a donde fuera, que la buscaran un sitio, que por favor la acogieran.

Cuando logró calmarse un poco, siguió las instrucciones que le daban, cogió sus documentos y el poco dinero que había ido sisando y dejándolo todo atrás, bajo a saltos la escalera. Un coche ya la estaba esperando, desde donde la urgieron a subir. Dentro encontró unos brazos que la acogieron y le decían que todo había pasado, que ya no tenía por qué tener miedo, que nunca más le harían daño.

Que sólo hacía falta tener valor una vez. Con eso llegaba.

domingo, 30 de mayo de 2010

Comando

Le disparé el dardo, haciendo que el afilado doberman emitiera un chillido ahogado. Yo era el número dos y me encargaba de la cobertura y de las armas. Envuelto en su mono negro, el número tres esperó a que el tranquilizante le hiciera efecto mientras preparaba las herramientas para inutilizar las alarmas. El número uno no había estado de acuerdo en dormir al perro, hubiera preferido matarlo directamente, pero yo siempre le había tenido cariño a los animales y preferí darle una oportunidad, aunque lo más probable es que la dosis que le había inyectado lo matara con la misma facilidad que una bala. Tampoco era cosa de arriesgarse a que el mal bicho se despertara, así que llevaba anestesia suficiente para tumbar a un elefante. El animal se giró para arrancarse de una dentellada el penacho de su anca, pero en ese mismo momento le sacudió un escalofrío y cayó desplomado, todavía intentando morder, pero totalmente dormido.

Al verlo, número uno dio la orden y saltamos con facilidad el muro, todos estábamos muy entrenados, comenzando el asalto al aislado chalet. La operación no parecía ofrecer dificultades, se trataba de entrar y robar una pequeña caja fuerte, solo el número uno sabía porqué. Aunque se suponía que la casa estaba vacía, cubrí la operación con el Kaláshnikov, arma quizás demasiado aparatosa para la ocasión, cuando mis compañeros iban armados con simples pistolas; pero a mi no me gustaba dejar nada al azar y el fusil de asalto, una de las armas más confiables del mundo en cualquier circunstancia, barrería en décimas de segundo cualquier oposición que apareciera, por muchos chalecos antibalas que llevaran.

Número uno se dirigió a la linea telefónica, para cortarla con unos alicates aislados, en previsión de la descarga eléctrica que número tres le iba a soltar al sistema, que freiría cualquier circuito. Esto podía funcionar o no, pero en realidad nos daba igual. Si la alarma saltaba en la central de seguridad, para cuando quisiera salir la primera patrulla, nosotros estaríamos lejos, toda la operación nos podría llevar tres minutos. La ruta de escape estaba archivada en el GPS del coche, donde esperaba el número cuatro, vigilando la operación y dispuesto a sacarnos de allí con tranquilidad, pero preparado para sacar de la carretera cualquier obstáculo. Y cualquier cámara que no hubiera quedado inutilizada, solo grabaría a tres soldados vestidos de negro, con las caras tapadas por las capuchas y los dispositivos de visión nocturna, sin nada que permitiera la identificación.

No nos anduvimos con rodeos y un segundo después de quemar la alarma, número tres adosaba a la puerta una pequeña carga de Semtex, introduciéndole el detonador que número uno le pasaba ya conectado al hilo. Retrocedimos unos metros y un leve roce de los terminales en la pila bastó para provocar la sorda explosión que hizo volar la cerradura. De una patada hice saltar la astillada puerta y precedí al comando en el interior. Teníamos memorizados los planos de la casa, que el número uno había aportado a la operación, sacados de vaya usted a saber donde. Giré a la derecha en el pasillo, abrí la primera puerta sin oposición y accedí a un despacho en cuya pared estaba la caja empotrada, totalmente a la vista. Una vez comprobada la zona, cedí el paso a mis compañeros, que se dispusieron a darle a la caja el mismo tratamiento que a la puerta, pero corregido y aumentado.

Una inquietud se fue formando dentro de mí mientra volvía a la esquina del pasillo para cubrir la entrada, el sexto sentido del combate me araño la espalda con la punta de una daga. Demasiada operación para algo tan sencillo. Una puerta blindada estandar, que cualquier chorizo de barrio sería capaz de abrir en poco tiempo. Una alarma de esas de empresa de vigilancia, nada profesional ni minimamente sofisticado. Una caja de mierda, que posiblemente no resistiría dos golpes de maza, aunque no fuéramos a comprobarlo, el Semtex se encargaría del trabajo. Algo que se podía hacer con mucho más sigilo y probablemente un solo hombre sería suficiente. Algo fácil. Algo no cuadraba.

Número uno salió de la habitación y me tocó el hombro para avisarme de la explosión, cuando lo detuve con un gesto. Había movimientos en la oscuridad del jardín. Sombras tan negras como nosotros mismos tomaban posiciones silenciosamente, posiblemente esperando la segunda explosión y nuestra salida para detenernos más facilmente. O para eliminarnos. Lo más seguro para eliminarnos. El objetivo eramos nosotros, ya me parecía demasiado fácil el asunto. No había tiempo para planes complicados, ya debían estar impacientándose al no oír la voladura de la caja fuerte, así que nos reunimos fuera de la vista de las ventanas, agachándonos y hablando en susurros.

.-Estamos jodidos, esos vienen por nosotros, dijo número uno.
.-¿Quién coño te encargó esta operación?, preguntó sacando la pistola el número tres.
.-Alguien que no nos debe tener mucho cariño, ya habrá tiempo para eso. Escuchad, hay que dar por perdido al número cuatro y por quemado el piso franco. Saldremos por la puerta trasera en el mismo momento de la explosión, deben esperar que salgamos confiados por delante y que no contemos con ellos, así que posiblemente la oposición será menor por detrás. Número dos nos cubrirá y hay que procurar eliminar a todos los efectivos posibles, ha de ser un comando completo lo que nos viene encima. En cuanto lleguemos al bosque nos separamos y nos reuniremos dentro de tres días en la plaza mayor de Valladolid.
.-Los que salgamos vivos de esta.

Desenrollamos cable mientras nos dirigíamos a la puerta trasera, que se habría con un simple cerrojo interior y nos preparamos para salir en cuanto número tres hiciera saltar la caja.

.-¿Listos?, pregunto número uno mientras amartillaba con un sonido metálico la 9 mm. parabellum.

Asentí a la vez que número tres, mientras deslizaba el selector a ráfaga.

.-Vamos allá. ¡Fuego!

Una tremenda explosión, que nos hubiera matado sin duda de haber estado más cerca, sacudió la casa, haciendo saltar puertas y ventanas y dando lugar a una lluvia de cascotes que me mandaron al limbo antes de que me pudiera dar cuenta. La caja debía de estar llena de explosivos, fue lo último que pensé antes de sumergirme en la inconsciencia.

Cuando desperté, el lugar olía fuertemente a pentrita y yo estaba medio cubierto por los destrozos. Por lo menos debían ser cinco los kilos de explosivo que había contenido la caja fuerte y que nuestra pequeña carga había hecho estallar por simpatía o tal vez habrían tomado la precaución de ponerles detonadores de presión. Desde luego, alguien quería vernos muertos y se había tomado muchas molestias para conseguirlo. Me sacudí los restos de encima y trate de ponerme en pie, suponiendo que solo había estado inconsciente unos segundos y que debía prepararme para rechazar el ataque que sin duda vendría a continuación. Me dolía todo el cuerpo y tenía el rostro cubierto de sangre y polvo, minucias que ya resolvería después, ahora lo más urgente era evitar que me mataran. Busqué con la vista el fusil y tuve que apoyarme en una pared para evitar caerme, cuando toda la casa se puso de acuerdo para ponerse a dar vueltas. Cuando se detuvo, conseguí localizar el arma contra una esquina. No me hizo falta acercarme para descubrir que estaba inutilizado, hay cosas que ni un Kaláshnikov resiste. Por fortuna, la automática que llevaba atada a la pierna seguía en su sitio. La saqué y me fui deslizando apoyándome en las paredes, esperando el ataque que parecía no llegar. Al ir desplazándome descubrí a número uno, muerto sin lugar a dudas, es difícil sobrevivir sin piernas cuando una explosión te las arranca de cuajo. Lo toqué por si acaso y lo encontré frío. Por lo menos llevaba cinco horas muerto, en esto no podía equivocarme, ya llevaba muchos fiambres vistos. Bueno, eso liquidaba la prisa, así que me deje caer a su lado, exhausto por las heridas y la tensión.

Me debían haber dado por muerto, como al número uno. No veía al número tres, pero no era lo que más me preocupaba en ese momento. En cualquier caso, lo que se imponía era salir de allí y cuanto antes. Salté por lo que debía haber sido una ventana y me orienté hacía la parte delantera, podía hacer muy poco en caso de ataque y ya me estaba dando todo igual, aunque mantenía el arma en posición de disparo, dispuesto a llevarme por delante a uno de esos cabrones si se daba el caso. Vista desde fuera, parecía un milagro que la casa no se hubiera derrumbado, con todos los vanos destrozados y el tejado medio hundido en el que faltaban la mayor parte de las tejas. Un petardazo de marca mayor, no entendía como había podido salir vivo. Pero al avanzar un poco más, descubrí que no había sido el único, porque en mitad del jardín estaba número tres, tendido de bruces y cosido a balazos. Aunque no le había valido de mucho, la verdad, pero me demostraba la inmensa suerte que había tenido al no ser rematado dentro de la casa. Quizás al liquidar al número tres y entrar dentro, vieron el cuerpo deshecho de número uno y el mío sepultado y se marcharon, dando por concluida la misión. Tal vez.

El caso es que estaba vivo, mientras mis compañeros habían palmado, pero la situación no se me presentaba muy favorable. El único que sabía de donde podrían haber partido las ordenes de liquidarnos, o por lo menos de quien se habían servido para ello, era el número uno. Muerto él, yo no tenía la menor idea de quien nos había contratado. El camino de escape estaba evidentemente quemado, mis cuentas en clave en Luxemburgo y en cuanto la policía llegara a la casa, porque tarde o temprano lo haría, se darían cuenta de que uno había escapado con vida y en ese momento me empezarían a dar caza. Como mucho 24 horas.

El futuro se presentaba aciago. Atravesé el jardín regado de casquillos, donde el doberman continuaba en la misma postura, con el dardo enhiesto como una bandera de golf. Rodee nuestro coche, que tenía las cuatro ruedas pinchadas y el cadáver del número cuatro, con un profesional disparo entre ceja y ceja. Concienzudos, los joputas. Comencé a caminar por la carretera mientras la aurora despuntaba, cavilando como hacerme con otra ropa y algo de dinero y pensando en que guerra podría ocultarme, siguiendo el principio de esconder los árboles en el bosque.

Con suerte escaparía de esta. Tal vez para palmar en un combate de Beluchistán de abajo, pero en cualquier caso, más adelante.

viernes, 28 de mayo de 2010

Diccioarmario 9

Agareno: algas con sal de frutas.

Alentar: cierre la pueta, po favo.

Alex Rovira: rey de los libros de autoayuda. No veas como le autoayudan.

Alfanje: ríete del partidario.

Alma: corazón y vida.

Amenazar: director de cine ruso.

Arteros: artístico gorro militar.

Asaltar: todos a dar botes.

Asistir: transportes internacionales santos.

Asonada: vocal con complejo de campana.

Botones: que no ojal.

Braga: batería de cocina gallega.

Calamina: mide la profundidad del depósito de mineral.

Cantar: prender al perro.

Ciática: espías de la antigua Grecia.

Edad Media: época en curso.

Enema: madre de la consonante.

Entelequia: (fem.) ser del conde.

Epístola: arma informática.

Facebook: patio de vecinos a nivel mundial. (copyright Óscar)

Falange: dedo putrefacto de la política.

Job: paciencia en el trabajo.

Leche: a patada limpia. Se lo merecía.

Locura: a veces. Otras, como en mi caso, no tienen solución.

Lost: ...ia que merecían los guionistas.

Matrimonio: acción y efecto de escapar de la casa paterna.

Museo: juego de cartas fluvial.

Nicaragua: pues bebe vino.

Novia
: sin camino.

Nudillo
: lío de cuerdas pequeñito.

Palafito: herramienta rockera.

Patíbulo: todos los hoax son de tu propiedad.

Pretexto: preámbulo.

Ratón (informática): parte testicular del hardware. (copyright Wikisilki)

Reafirmar: signar la condena la acusada.

Resina: vaca con sodio.

Rinitis: enfermedad fluvial alemana.

Serenata: ¿capisci?

Siberia: es que está cerca del mar. Si no la ve, acérquese a mi pueblo.

Sibilino: aunque la CEE aun lo está buscando.

Sintaxis: todos en autobús. O a patita.

Soledad: unos 5000 millones de años.

Sonatina: acierta el hijo inglés.

Stalin: asesino soviético muy admirado por los asesinos vascos ¿Porqué será?

Suleiman: así que aguántate con la sharía, tronco.

Tina: rock'n'roll hecho mujer.

Tribunal Constitucional: máximo órgano de la justicia del estado. Máxima tomadura de pelo, por tanto. País.

Troll: degeneración de la raza internetera que eleva a sus últimos extremos aquello de «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago». Su inferioridad mental lo lleva a creer un logro insultar a la gente desde detrás de un nick. Se considera obra de caridad aguantarlo más de cinco minutos. Tenemos el cielo ganado.

Uniforme: expediente sin n.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Deseo

La habitación estaba sumida en una una tímida oscuridad, que preludiaba el esperado encuentro. Mis ojos veían sin imagen la suavidad de la piel expuesta al roce de mis manos, la sonrisa vacilante de sus labios, la tierna espera envuelta en un temor anhelante. Cambié con sumo placer el sentido de la vista por el silencioso del tacto, para encontrar la respuesta a mis preguntas en el murmullo de su voz, que nada decía, pero que lo expresaba todo.

Sentí dentro de mí la urgencia del amanecer, para que la débil claridad me fuera desvelando el misterio de su alma, mientras intentaba a la vez que la noche durara para siempre. Sus uñas recorriendo mi espalda arañaban en mi espíritu caminos de pasión, sus besos mezclaban la locura de vivir con el ansia de morirme en sus brazos, su pelo me envolvía en una onda de perfume que no lograba saciar mi sed de ella.

El viento de su aliento me embriagaba, la tormenta de su cuerpo me mecía, el temporal de sus caderas agitaba el tornado de mi mente mientras el golpe del placer me devolvía a la vida, me retornaba al puerto de su abrazo, me deshacía en pedazos que se recomponían sólo al sonido del deseo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Autobús

Saqué el autobús del garaje, después de haberle comprobado el aceite, la presión de las ruedas y todas esas cosas. El enorme Scania de tres ejes ronroneaba con un satisfactorio sonido en mis oídos, dispuesto a comenzar la jornada tragándose un kilómetro tras otro, que esta vez nos había de llevar a Puri y a mi camino de Zurich, con nuestro cargamento de obreros retornando de sus vacaciones en la aldea. Turnándonos en el volante lo llevaríamos hasta Lyon, donde nuestros compañeros Pascal y Jean Paul se encargarían de terminar el viaje, dejándonos a nosotros con 24 horas de asueto por delante, a la espera de que regresaran con el cargamento habitual de emigrantes retornados.

La ruta estaba decidida de antemano, con paradas en Logroño y Bilbao para acabar de completar el pasaje. Llevaba un año en el mismo recorrido y mi compañera aun más, las mujeres se estaban haciendo un hueco en el manejo de autobuses y la ruta larga no era una excepción. Aunque en ésta abundaban menos que en las lineas discrecionales, siempre encontrabas alguna. Puri era soltera, alegre y divertida y nadie la esperaba en casa, aparte de sus padres, por lo que no daba cuenta a nadie de sus horarios ni tenía que soportar los reproches de ningún novio celoso. Más de una vez le tomaba el pelo por su ausencia de compañía, para recibir siempre la misma contestación: «más vale vestir santos, que desnudar borrachos».

Camino de la estación de autobuses, hice una parada técnica para llenar el depósito y recogerla, ya que era en la gasolinera donde quedábamos habitualmente. Mientras esperaba a que se llenara el tanque, la vi venir arrastrando su maleta, con la cola de caballo de sus morenos cabellos saltando alegremente al compás de sus pasos. La sonrisa en su rostro me hizo desear tener veinte años menos y a ella como compañera, pero en vez de en el asiento de copiloto en la cama de las frías habitaciones de los hoteles de ruta. Solo era un deseo, compartido a la vez por la mayor parte del personal masculino que la conocía y aunque nunca expresado, no por ello menos real. Porque Puri era un encanto, guapa, divertida y dicharachera, nunca quieta ni callada, la mismísima alegría de la huerta.

Si, he de confesarlo, llevaba un año en ruta con ella y llevaba un año enamorado como un colegial. Siempre me había guardado de dejarle vislumbrar mis sentimientos, en parte porque soy un hombre «felizmente» casado y en parte por la total seguridad de verme rechazado. Le llevaba quince años, que quizás no fuera motivo suficiente para cortarme las alas, pero como a mi si que me lo parecía, bastaban para que nunca le planteara la cuestión. Además, siempre había sido tímido en mis tratos con las mujeres, fruto del ambiente estricto de la casa de mis padres y de la educación recibida en un colegio exclusivamente masculino. Así que me limitaba a suspirar al verla de lejos y a tomarle el pelo cariñosamente cuando la tenía cerca. Hay cosas peores.

Charlando de mil cosas, como en ella era habitual, introduje el vehículo en la dársena de la estación y le cedí a ella el asiento del conductor, en este viaje le tocaba llevar el bus el primer tramo de cuatro horas. Mientras los viajeros se iban acomodando lo mejor posible para el largo viaje, yo me dedicaba a estibar las maletas cargadas de lacón y chorizos que llevaban camino de Suiza. La mayor parte de los ocupantes eran viajeros avezados en estas lides, por lo que las botellas de agua y los bocadillos para el viaje no quedaban guardados en los baúles, sino que subían con ellos al interior y los iban depositando en las estanterías superiores, junto con las revistas y los libros para amenizar el viaje. Ultimamente también se veían muchas consolas portátiles, con los que los más jóvenes entretenían el viaje entre pitidos y destellos luminosos.

Puri fue cubriendo el disco del tacómetro y el parte de viaje de la empresa, para dejar todo listo para la partida. Una vez todo el pasaje a bordo, nos acomodamos en nuestros asientos y esperamos que los altavoces nos dieran la salida, mientra Puri hacía rugir los 300 caballos del motor, impaciente por salir a la carretera.

«El autobús con destino Logroño, Bilbao, Zurich , efectuará la salida dentro de breves minutos», cantó con el soniquete profesional de las locutoras la susodicha de la estación. Puri hizo aumentar un tono el rugido del bus, engranó la velocidad y, en cuanto los altavoces comenzaron a desgranar la lista de vehículos que salían a esa hora, lo hizo retroceder con habilidad entre la marea rodada para situarse en la fila que esperaba la apertura del semáforo.

Comenzaba la dulce tortura de los miles de kilómetros con ella, pero sin ella.

sábado, 22 de mayo de 2010

Embargo

No puedo más.

Voy de un lado a otro recogiendo ropa, metiéndola en maletas y volviéndola a sacar, para colocar otra. Dando vueltas por las habitaciones como un alma en pena, colocando vajillas envuelta en periódicos dentro de cajas de cartón, apilando libros, llenando bolsas de basura con todas esas cosas que se acumulan en los pisos y que no tienen ninguna utilidad, pero que nunca te animas a tirar. Se me caen las lágrimas al guardar regalos tontos que te hacen los amigos, muñequitos con carteles simpáticos, rompecabezas para discurrir en las veladas tranquilas, fotos de lugares agradables que te traen recuerdos de viajes compartidos en los que la alegría era la nota habitual.

La tristeza me aplasta mientras voy ordenando las cosas que me voy a llevar, mirando los pocos muebles que quedan abandonados, tan viejos que nadie los quiso, pero que me acompañaron en mis días en éste piso que con tanta ilusión me compré y que ahora ya no es mío. Aun recuerdo la sonrisa profesional del director de la sucursal al asegurarme que no tendría ningún problema, que con mi nómina fija me bastaba para que me concedieran el hipotecario. La letanía del notario en la firma, los enormes gastos que me cargaron, pero que no importaban, ya que entraban en la financiación. Todo eso a lo que tan poca importancia dieron, pero que aumentaron la operación hasta un nivel actualmente insoportable. Seguro que hacía que el repeinado burócrata se anotara puntos delante de sus jefes y que el banco aumentara sus beneficios y los del notario, ya podrá tirar de Mercedes espectacular con la pasta que ganó por poner una firma en un papel, mientras se daba perfecta cuenta de la usura a la que me estaba abocando y el robo de los gastos, comisiones, seguros; pero que se guardaba mucho de advertir, sólo atento al porcentaje que le correspondería.

Ahora los bancos reciben ayudas del dinero de nuestros impuestos, pero a nosotros no nos llegan más que las migajas. Deslocalizada la fabrica, a pesar de las subvenciones que chuparon y que ahora no aparecen por ninguna parte, te enteras que el paro, por una de esas leyes que solo conoces cuando te la aplican, no te llega ni para comer, que los complementos no cuentan para calcular la prestación, que la base de calculo no es la que aparece al final de la nómina, sino uno de esos numeritos intermedios que eres incapaz de comprender y que todo el mundo se cuida mucho de explicarte.

Lloro mientra empaqueto mi vida, dándome cuenta, tarde, de que lo que para unos es una ilusión, para otros es un negocio. Negocio creado a base de manipular los sentimientos de las personas, basado en la escasa protección que ofrece a los ciudadanos el estado, protección que se hace enorme cuando se trata de favorecer a la banca y a los empresarios. A los grandes empresarios, los pequeños pueden hacer la romería de sucursal en sucursal, sin que les den ni un duro. No hay créditos del ICO para quien no tiene avales por una cantidad tres veces superior. Pero, sin embargo, si los hay para quien se lleva empresas con beneficios a otros países donde los obreros estén aún más explotados y los sueldos sean por tanto todavía más miserables, al objeto de aumentar sus beneficios y sin la más ínfima preocupación por los empleados que dejan atrás.

Esta es la sociedad del bienestar que nos vendieron. En cuanto a mi, arrastro mi pena por los pasillos, camino de la casa de mis padres, donde no me esperaban ni me querían, donde soportaré las borracheras de mi padre, desesperado por los años en el paro, donde veré las lágrimas de mi madre cuando llega destrozada de fregar portales, a sus años, cuando debería estar disfrutando de la jubilación. Donde comenzaré el peregrinar de cola en cola, para presentar papeles que se de sobra que no me valdrán para nada, ya que no hay trabajo para quienes han pasado de unos años, preguntándome si no sería mejor emigrar, como hicieron nuestros padres.

Que poco hemos avanzado. Que rápido nos resignamos. Con que facilidad nos abandonamos al destino, sin oponer ni tan siquiera una muestra de rebeldía. No hace tanto, el despido de un obrero provocaba manifestaciones, sentadas, encierros. Ahora, ni los sindicatos hacen nada, solo atentos al reparto de cuotas dentro de las corporaciones, a liberar miembros en los comités de empresas, a asegurar su futuro sin importarles lo más mínimo los trabajadores que dicen representar. Que país. Que vergüenza.

Cierro la puerta por última vez, pasándole la llave aunque no hay nada que merezca la pena guardar, con la costumbre de encerrar mis posesiones contra la rapiña ajena, como el postrer acto de mis esperanzas evaporadas.

jueves, 20 de mayo de 2010

Aniversario

Salí a la calle cargado con unas ojeras tamaño familiar, fruto de una noche de fiesta de la que no era capaz de acordarme de nada. En la cabeza tenía un ejercito de enanos, empeñadísimos en taladrarme las meninges con lo que muy bien podía ser un martillo pilón o en su defecto, una tuneladora industrial. Medio zombie, la costumbre me empujó hacia la cafetería donde solía desayunar un croissant todas las mañanas. Todas las mañanas en las que conseguía acordarme de mi nombre, que ultimamente no eran muchas. Aunque el día ya iba avanzado, me senté en uno de los taburetes de la barra y pedí un café triple, con extra de cafeína. La camarera me lo sirvió acompañado de una sonrisa irónica y una dosis de ácido acetilsalicílico, que me dejó en un platillo a mi lado sin que se la hubiera pedido. La verdad es que me hubiera sentado mejor un pelotazo whisky, por aquello de igualar el equilibrio alcohólico, pero mi hígado estaba entonando la cabalgata de la Walkirias a todo volumen, así que lo dejé correr.

Mientras lograba tragar las pastillas con un esfuerzo de voluntad y medio litro de cafeína concentrada, me rondaba por lo que me quedaba de cabeza la idea de que tenía que hacer algo. No con mi preocupante adicción al mol, que ya me había costado un divorcio y un par de trabajos, sino con otra cosa que no lograba centrar en mis deterioradas neuronas. La verdad es que comenzaba a ser habitual que se me fuera la olla, pero después de una vida de molicie y desenfreno, era algo que me tenía sin cuidado. Mi padres tuvieron la excelente idea de morirse en un accidente de tráfico, dejándome desconsolado y en posesión de una jugosa indemnización, un piso en la ciudad y una casa en la aldea, con su acompañamiento de leiras variadas que había ido vendiendo poco a poco.

La vida es así de dura, aunque a mi poco me importaba, sumido en un nube de 12 years old que mitigaba mi dolor. Lo hacía de tal forma que la mayor parte de las veces no me acordaba de ellos en absoluto, ni me molestaba en llevarles unas flores, ni en pagarles unas misas, ni nada de nada. Por estas asociaciones de ideas, al final consiguió penetrar en mi gastado cerebro la noción de que era una fecha lo que se me pasaba. Claro, claro, era el aniversario de su fallecimiento. Me quedé sorprendido de mi mismo, porque nunca me había molestado en conmemorarlo de ninguna forma, pero esta vez, atento a los misteriosos designios que lo habían traído a mi memoria, me dispuse a remediar algo la situación. A fin de cuentas, me costaba muy poco acercarme a la floristería y encargar un ramo. Ni siquiera tendría que hacer nada más, los de las flores ya se encargarían de llevarlas al nicho y todas esas cosas. Ninguna molestia. Y la conciencia tranquila, en vez de anestesiada, que era su estado normal.

Así que una vez tomada la decisión y aprovechando que el café comenzaba a hacerme efecto, me traslade penosamente hacía la tienda de flores que estaba en la misma acera, un poco más allá. Aflojé los euros necesarios al ceñudo dependiente, que no debía saber que las flores son alegría, y me dispuse a comenzar otra jornada de duro desenfreno.

Cuando desperté al día siguiente, totalmente a la deriva, flotando en la resaca aunque no hubiera ninguna playa cerca, la factura del florista, tirada de cualquier manera encima de la mesilla, me volvió a traer el recuerdo de los difuntos. Esto empezaba a ser preocupante, dos días seguidos, tendría que hacérmelo mirar. Después de darme una ducha sentado, porque no podía tenerme en pie, mandé callar a mi hígado y me aticé un lingotazo de whisky puro que tuvo el efecto de devolverme al mundo de los vivos. Reconfortado con el trago, tuve tiempo de preocuparme de los muertos, pensando supersticiosamente que acordarme de quién nunca lo hacía debía ser fruto de alguna conjura sideral que se me escapaba, por lo que dejar de atenderla me podría acarrear alguna desgracia. Además, no tenía nada que hacer, ya hacía unos años que no intentaba buscar trabajo, en realidad no tenía necesidad de él, mis excesos no habían llegado al extremo de liquidar la fortuna familiar.

Decidido, salí a la calle dispuesto a parar un taxi y marchar hacia el cementerio, ya que mi carnet me había volado en cuanto se pusieron de moda los controles de alcoholemia y nunca me había molestado en recuperarlo, por lo que mi coche dormía el sueño de los justos en el garaje.

«Al cementerio de Feans», le ordené al taxista, mientras me repantigaba en el asiento trasero. La hora punta había pasado y el tráfico era un poco menos espeso de lo habitual, aunque aun muy lento, retenido por la circulación del polígono de Pocomaco, de los centros comerciales y de la Universidad, que en un alarde de previsión convergían unos con otros en menos de un kilómetro. Para mayor INRI, las obras de la tercera ronda, que supuestamente sería el alivio del desaguisado, contribuían a liar más lo que ya de por sí era una casa de locos. A pesar de todo, enfilamos la carretera de Uxes, pasando por el centro de la aldea original de Mesoiro y llegamos en poco tiempo a las puertas del nuevo cementerio de la ciudad, construido para desahogar el muy abarrotado de San Amaro.

Las frías filas de nichos me recibieron en lo que era una exposición de mal gusto organizado, con ese estilo insufrible de lápidas de negro granito, grabadas al diamante con promesas de recuerdo incumplidas. Erré sin rumbo por las filas de adosados, incapaz de recordar el sitio exacto, pero con una vaga idea de donde estaba situado el último domicilio conocido de mis padres. Iba fijándome en los más horteras, donde una colección de afligidos deudos dejaban constancia de su amor por el difunto con flores de plástico y epitafios sacados del libro de condolencias de la funeraria, en donde nada hacía sospechar las peleas por la herencia. De tanto subir y bajar por las calles de nichos enmarcados, tapiados, llenos,vacíos, altos, bajos, con flores y sin ellas, un enorme panal de celdas cuadradas que se mezclaban en mi cabeza, conseguí una sed tremenda y un no menor dolor de pies. Así que estaba a punto de dirigirme a la salida, dispuesto a tomarme una cerveza helada y a olvidar el asunto, cuando un gran ramo de flores naturales llamó mi atención. Al acercarme para verlo más de cerca, descubrí que era el que estaba buscando desde el principio. Por lo menos, el cetrino florista había cumplido su cometido.

Allí estaban los dos, compartiendo nicho como antes habían compartido cama, ilusiones, alegría, todo cercenado de golpe por el tractor que se había cruzado en su camino y que no pudieron esquivar. «Nunca te olvidaremos» rezaba igual de hipocritamente que las demás la lápida negra, disimulada por el estallido de color de las flores. Una muestra más de la injusticia de la existencia, que había hecho que mis padres, trabajadores y honrados a carta cabal, reposaran para siempre en sus cajas mientras que yo me pulía el dinero que habían ganado en fiestas desenfrenadas. Ellos no tuvieron la culpa de que el tractorista estuviera borracho, ni de que yo no tuviera más familia, ni de que mi pobre fuerza de voluntad me hiciera escorar imperceptible pero decididamente hacia la pereza.

Las nubes empezaron a cubrir el cielo a la par que mi cabeza y las apesadumbradas calles del camposanto se volvieron aún más tristes, pesándome en el alma con una fría inquietud, que me obligó a buscar precipitadamente la salida, empujado por el remordimiento que se iba acumulando en mi interior. Me sentía mal y una parte de mí me iba reprochando el olvido al que los tenía condenados, mientras que otra lo que me reprochaba era el viaje al cementerio y me empujaba con fuerza hacía el bar situado fuera de las tapias. La segunda y el mono eran dos contra uno, así que me encontré empujando la puerta del minúsculo café y pidiendo una cervecita fría, que logró devolverme al mundo de los vivos, al que ya estaba echando de menos después del rato sumergido entre las hileras de cadáveres estibados en estanterías de obra, en una suerte de macabro almacén. Los escasos parroquianos continuaron sus conversaciones, detenidas al verme entrar por la puerta, sin ninguna preocupación consciente por sus tranquilos vecinos, que nunca les daban motivo de queja. El intercambio de chascarrillos sin objeto aparente, de noticias del pueblo y de la ciudad, de la que hablaban como si estuviera lejanísima en vez de a la vuelta de la esquina, me fue revolviendo la conciencia, rumor al que contribuían la media docena de «Estrellas» que me fui bajando casi sin darme cuenta.

Al salir, después de pagar una cuenta que resolvió la vida al tabernero por una semana, mis ojos se posaron una vez más en las puertas de los mustios collados, que nunca habían sido Itálica famosa. A mi pesar, o al pesar de la parte de mi que no estaba obnubilada por el alcohol, volví a entrar y a dirigirme hacia el nicho familiar, esta vez con mayor precisión. Ante las flores que lo adornaban y que en teoría honraban a sus ocupantes, se desplegó ante mi la inutilidad de mi vida, en un golpe de clarividencia que me hizo comprender a Santa Teresa, llenándome de un remordimiento surgido de quién sabe donde y ante el que me sentía como un miserable. Allí mismo, ante los restos de mis progenitores, tome la firme decisión de cambiar el sentido de mis pasos por la tierra. Veríamos si duraba más que la resaca.

domingo, 16 de mayo de 2010

Enlaces externos en los ayuntamientos

.-Desde luego, tu te aclararás con la wikipedia, pero a mi me borran todo.
.-Eres la reina de la metedura de pata, ¿que has hecho esta vez?
.-Pues que puse un enlace y ya no está.
.-Enlaces, enlaces, ¿porqué no pruebas a escribir un artículo?
.-¡Que va! Eso si que sería un lío, si no consigo poner ni un enlace.
.-No, si poner, seguro que lo pones, pero mal y los patrulleros te lo quitan.
.-Jolín con los patrulleros, están por todas partes, son una peste.
.-Ni una palabra en contra de ellos, si consigues leer algo inteligible en los artículos es más por su trabajo, que por el de los redactores; exagerando un poco, por lo que merma.
.-Bueno ¿y porqué los tan beneméritos patrulleros me quitan el enlace?
.-Porque te habrás pasado alguna política por el forro. ¿Que enlace querías poner?
.-El de la banda municipal.
.-¡Acabáramos! Eso no está permitido, seguro que lo querías poner en el artículo del concello.
.-Si, claro, no lo iba a poner en el de la General Motors.
.-Pues en los ayuntamientos, tampoco. En ellos solo se permiten como enlaces externos la página oficial de cada uno y si tal, una página de turismo, que también tiene que ser la oficial.
.-¿Nada más? ¿Y donde queda eso de las referencias y todas esas gaitas que me contabas el otro día?
.-A ver si no nos liamos. Una cosa es añadir una página como enlace externo y otra como referencia de lo que se cuenta. Si tú contando la historia del pueblo dices que lo has sacado del libro Tal, con ISBN cual, estas dando una referencia donde comprobar tus afirmaciones. Si además ese libro tiene acceso por internet, cuelgas el enlace entre y pones {{listaref}} en una sección que abres al final que se llame «referencias», lo mismo valdría para una revista o para un artículo sacado directamente de la red. Eso sería totalmente válido, es más, es lo que se busca siguiendo las políticas que te conté antes. ¿Te das cuen, pecaorrrrrr?
.-¡Hala! Ya empezamos con los simbolitos raros.
.-Olvídate de ellos, son parte del código wiki y no pretendo entenderlos, el caso es que funcionen. Pero siguiendo con tus enlaces, que hay que tener narices para poner a la banda, otra cosa son los que se añaden en la sección «enlaces externos», que debe cerrar el artículo. En los pueblos se tuvo que tomar la decisión de permitir solamente los dos oficiales que te dije, porque se llenaban de enlaces de todo lo que se te pueda ocurrir y mira que a ti se te ocurren cosas raras.
.-Oye, que la banda es muy importante.
.-Si, es la banda municipal más importante del municipio, de eso no cabe duda, ruliña. Pero eso es casi lo de menos, lo malo es que se llenaban de comercios, talleres, asociaciones, guías variadas, spam, hasta la hoja parroquial se metía por medio. Tengo borrado treinta enlaces de la página de algún pueblo, ocupaban más que el propio artículo. Además no añaden nada, o, como el que tu querías poner, ya sale en la web del ayuntamiento.
.-Si que sale y una foto mía.
.-Ya veo porque lo querías enlazar. Encima, miña raiña, desde mi muy personal punto de vista, lo que no es publicidad, es directamente llamar tontos a los usuarios de internet, que no creo yo que necesiten mucha ayuda para encontrar cualquier cosa. Porque buscar en google, en yahoo, en youtube o en cualquiera de esos sitios, sabe todo el mundo.
.-Menos tú.
.-Bueno, es que lo mío es para echarme de comer aparte.

jueves, 13 de mayo de 2010

Diccioarmario 8

Alivio: lugar en donde el yerno de Mahoma recobró la vista.

Altanera: mujer watusi.

Amnesia: estado habitual de la mente, para lo que nos conviene.

Amnistía: bomba de efectos retardados. Ninguna buena acción queda sin castigo.

Anisaki: cóctel a base de licor de arroz y Marie Brizar que produce parásitos en los peces.

Another brick in the wall: título propuesto para el enésimo pacto de educación. Así fue como no llegó a ninguna parte.

Atiza: rey boxeador visigodo.

Bailar: se dirige a la rueca.

Cantantes: ahora Schiller.

Cartapacio: misiva para la musa.

Contenedor: sin cuchara.

Falla: da la nota de una vez. Mientras le prendes fuego. Con música. Que consigue separar las placas.

Gobierno: desierto del averno.

Halterofilia: puso nerviosa a su hija.

Jirafa: nota volteada.

Lentilla: sistema que corrige la visión despacito.

Maroma: hembra del maromo.

Mercado bursátil: estafa a nivel mundial aun no denunciada.

Meteoro: saca plata. Mal negocio.

Pantalla: medida mínima de las barras.

Pasiego: ver sosegar.

Patada: 1ª reparte jamones. 2ª capitular amarrada.

Pendiente: dispositivo utilizado por los espías para llevar información oculta en la boca.

Pereza: mujer de Pérez.

Pestiño: técnico especialista en el pintado de letras.

Reportero: pastelero de noticias. O dos veces Casillas, asegúndepende.

Rimar: impulsar la embarcación con los versos. Solo al alcance de Rafaél Albertí.

Sociedad por acciones: sistema de empresa para que el beneficio sea tuyo y la inversión (y el riesgo, y las pérdidas, y la responsabilidad), de los demás.

Solar: pedazo de hogar.

Soriasis: monja más santo.

Sosegar: para de cortar el trigo.

Telar: infusión en casa.

Tempano
: registro de la fiebre rectal.

Trincar: acción y efecto de la dedicación política.

Verbena: mirar arteria.

Wamba: rey godo inventor de la zapatilla de deporte.

Wikimedia: nueva esperanza de llegar a alguna parte. Oui, nous pouvons.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Impaciencia

Tres días. Tres días con sus tres noches tirado en este pueblo de mala muerte, esperando la maldita pieza que necesitan en el mugriento taller para poder arreglar el coche. Y a saber como lo dejan, no creo que en este pueblucho hayan visto nunca un coche como el mío. Da igual, mientras que ande, me conformo. Con tal de salir de aquí ya me basta, cuando llegue a la ciudad ya lo llevaré al concesionario para que me revisen la chapuza que este presunto mecánico le está haciendo al coche. Porque ya estoy harto de estar aquí, del hotel asqueroso donde soy el único huésped, del bar cutre donde como la bazofia que iban a dar a los cerdos y que vieron la oportunidad de colocar al forastero. De los días perdidos dando vueltas por las cuatro calles que componen toda la población. De las miradas desconfiadas de la gente. Del inexistente paisaje de tierras rojizas sin una sola planta.

Tenía que haber llamado a una grúa y haberme largado de aquí en el primer momento. Salir huyendo de este lugar, donde todos los pueblerinos se limitan a vegetar, esperando a la muerte, que para ellos debe ser un alivio. Porque solo deben haber quedado los que no tuvieron valor o fuerzas suficientes para escapar del tedio perezoso de la vida en estos lugares. Pero por fin ya ha llegado. El mecánico la está montando en este momento, no me pasan las horas esperando que me lo den de una vez. No he podido dormir, envuelto en el calor asfixiante de la noche, desvelado por el constante chirrido de las cigarras, que no se como son capaces de sobrevivir en estos yermos. Pero no importa, ya está arreglado, ya puedo marcharme. El hotel está pagado, la maleta cargada, le pago la factura al timador este y no vuelvo a pasar por aquí en mi vida. Vaya lugar miserable. No regreso ni muerto.


.-Noticias en Radio Nacional de España. Una persona ha perecido hoy en el término municipal de Matalascañas, al salirse con su vehículo de la calzada e impactar contra un muro. El exceso de velocidad y un despiste del conductor fueron las causas del accidente, según datos que nos comunica la Guardia Civil de Tráfico, que acudió al siniestro. Se da la circunstancia de que debería llevar por lo menos tres días fallecido, dado el escaso tráfico de la carretera y a que el turismo quedó oculto a la vista por el derrumbe de la pared contra la que chocó. Con esta, son ya más de...

lunes, 10 de mayo de 2010

Robo

Al salir, me di cuenta de que había olvidado las herramientas y volví al interior para buscarlas. En ese momento sonó el teléfono, haciendo que pegara un salto, ya que no esperaba el enorme estruendo que el timbre organizó en la vacía casa. Las paredes repetían insistentemente el sonido, en un eco forzado por el altísimo volumen del timbre. «En esta casa debe vivir un sordo», pensé, recogiendo las palancas y ganzúas de las que me había valido para forzar la caja fuerte. Había sido un despiste totalmente impropio de un profesional como yo, que me preciaba de haber reventado un centenar de viviendas sin haber sido ni tan siquiera olido por la pasma.

El teléfono detuvo su escándalo y repasé las habitaciones para ver si me había olvidado algo más, no fuera a ser que la tontería que había estado a punto de cometer tuviera sucursales en otras estancias. Una vez convencido de que esta vez no había olvidado ninguna otra cosa, me dirigí hacia la puerta para abandonar definitivamente el lugar, cuando el teléfono volvió asonar con su penetrante aullido.

El sonido que retumbaba en las habitaciones era capaz de despertar a un muerto y me empezó a dar la paranoia de que iba a atraer a alguien, así que antes de irme, descolgué el aparato para que dejará de sonar, seguro de que ninguna huella iba a encontrarse en él, ya que no me había despojado de los guantes. El silencio descendió sobre la casa como una manta que lo hubiera cubierto todo y en medio del sosiego que había adquirido la habitación al apagarse el ruido, escuche una voz que procedía del auricular.

.-¿María? ¿Está ahí, María?

Inquiría una voz en él, clara a pesar de estar apoyado boca abajo en la mesa. Miré a mi alrededor, nervioso sin saber porqué, como si la tal María fuera a aparecer de un momento a otro en una de las puertas. Comprendí que había cometido un error al descolgarlo y que lo mejor que podía hacer era marcharme antes que de verdad viniera alguien, pero el sonido suplicante de la voz me atraía hacia el aparato con una fuerza extraña. El anónimo interlocutor debió escuchar el ruido que hice al tomar de nuevo el teléfono, porque se puso a hablar como si supiera que su interlocutora estaba callada al otro lado del hilo. Parecía que se trataba de un modo de operar habitual, ya que sin esperar respuesta, la voz comenzó a desgranar una letanía de reproches, sazonados con promesas de cambio y reconciliación.

.-María, perdóname, no volverá a suceder. Sabes que yo te quiero, pero no puedo soportar que te miren otros hombres. Sabes que no me gusta que salgas con tus amigas, son todas unas golfas que no hacen más que ponerles los cuernos a sus maridos y yo no soportaría eso, antes te mato que me engañes con otro. María, por favor, contéstame y dime que me perdonas, tampoco fue para tanto, solo un par de bofetadas, pero es que te lo merecías, no me haces caso a lo que te mando y yo soy el hombre y me debes respeto, María. No lo volveré a hacer, María, de verdad, te lo juro, eres la mujer de mi vida, la madre de mis hijos y tienes que estar conmigo, que para eso nos casamos y el cura dijo que hasta que la muerte nos separe, María, no puedes dejarme, hasta Dios lo prohíbe, María, ¿que pensaran los amigos, las vecinas, si lo haces? María, vuelve, María, contéstame, María, dime que me perdonas, María, retira la denuncia y volvamos a empezar. Mira que si no lo haces te mato, María, MARÍA, MARÍAAAAA...

Me quede parado en mitad de la habitación, escuchando como aquel hijo de puta mezclaba las amenazas con las palabras de amor, totalmente estupefacto de lo bajo que podían caer algunos. Aunque yo no era precisamente un modelo de virtud, me sorprendí deseando que María no se acercara más a aquel pedazo cabrón, mientras me hervía la sangre de escuchar las sandeces que soltaba aquel tipo. Así que mandé al carallo el profesionalismo y tomando el teléfono le dije:

.-Escucha, montón de mierda, has tenido suerte de no presentarte por aquí. Llevo esperando todo el día por si aparecías, porque tengo un contrato para darte una paliza que te envíe un mes al hospital. Pero después de escuchar las babosadas que sueltas, me parece que te voy a meter tres tiros en los huevos según te eche la vista encima y sin molestarme en subir la tarifa, ¿me has oído, pedazo cabrón?

Sólo me respondió el silencio, el tipo había colgado según empezó a escuchar mis amenazas. Un valiente, la joya, ni por teléfono tenía narices para ponerse chulo con nadie, seguro que era de estos notas que solo se atrevían a pegar a las mujeres. Unos héroes de mucho cuidado.

Sintiéndome estupendamente, me marche a toda pastilla, porque ya llevaba demasiado tiempo dentro y no fuera a ser que la buena acción del día me fuera a costar un arresto. Con un poco de suerte, la policía le echaría la culpa del robo al valiente ex de la dueña de la casa.

Sería justicia poética.

Encuentro prefundacional de Wikimedia España

Cortesía de Montgomery.

El pasado sábado 8 de mayo tuvo lugar en el Colegio Mayor Isabel de España, en Madrid, el encuentro prefundacional del que aspira a convertirse en un capítulo local de la Fundación Wikimedia en territorio español.

En primer lugar, quisiera expresar mi agradecimiento a todos aquellos que confiaron en mí para formar parte - junto a otras siete personas - de esta Junta Directiva Inicial (en adelante, JDi). Dicho esto, me sobran palabras de gratitud para con todos los presentes, que organizaron el encuentro teniendo en cuenta mi paso por Madrid y las posibilidades de la mayoría de los asistentes. También extiendo un fortísimo abrazo a todos mis compañeros, con quienes pasé una tarde fenomenal, llena de anécdotas, donde compartimos inquietudes, intereses y objetivos a cumplir.

En líneas generales, la idea era conocernos (los que aún no habíamos tenido el placer de cruzarnos personalmente) y de proponer objetivos, así como clarificar dudas. También hubo una interesante propuesta de trabajo, planes de futuro, lo que esperamos de Wikimedia España, qué caminos queremos seguir, etcétera. Como la crónica de los hechos la podéis encontrar en Meta, no me extenderé de forma innecesaria aquí.

Sin embargo, sí diré que el viernes 7 quedé con tres compañeros (Millars, Résped y Felipealvarez) y fuimos a cenar y luego a por unas cañas. Lo pasamos bien y creo que, exceptuando alguna cosa, el tema central de nuestra conversación giró en torno a wikipedia (¡qué originales! XD). Con los dos primeros, quedamos para el sábado temprano en ir a coger el metro a Callao y desde allí, transbordo mediante, llegar a la Ciudad Universitaria, donde a pocos metros nos aguardaban Lucien, Gustavocarra, Raystorm, Marctaltor, Pablo Machón y Antonio Tortosa, entre otros. Poco después, cuando nos encontrábamos con los preparativos en la sala del encuentro (¡Gracias, Morza!), llegaron Monty, Lourdes, Jem, Rastrojo, Barcex y Feliciano. Además, contamos con la presencia de muchos otros miembros que en todo momento mostraron su interés activo en el proyecto y cuya participación fue igualmente importante. De especial interés fue la de Cruccone y la de Barcex, cuya experiencia en el ChapCom resultó muy ilustradora.

Presidente y vicepresidenta de la JDi brindaron un discurso inicial. Lucien presentó unas diapositivas donde se propusieron una serie de ideas a seguir. Raystorm habló sobre la situación en Bristol y del encuentro con miembros de Wikimedia Argentina. Luego, cada uno de los miembros de la JDi procedimos a presentarnos brevemente ante el resto de los allí presentes. Hubo también seguimiento virtual de parte de aquellas personas que no pudieron asistir. Se discutió del tema de los estatutos, Feliciano ofició de moderador, Antonio iba tomando nota de lo dicho, y Pablo puso sobre la mesa diferentes posibilidades de colaboración con el mundo del software. Yo presenté mi plan de trabajo de cara a las Relaciones Públicas y el contacto con la prensa. Más adelante, hubo un turno de preguntas y respuestas. Al término, fuimos a almorzar a la cafetería del Colegio Mayor.

Nada más volver, comenté sobre mi situación como miembro de la asociación Amical, de forma personal, expresando mis inquietudes e impresiones sobre la relación con WM-ES. Tras responder a una serie de preguntas, me despedí de los compañeros y fijé rumbo a Atocha, para no perder el AVE de regreso a casa, que salía a las 19.30 horas. Tengo entendido que tras mi partida, Gustavocarra presentó planes de trabajo con el ámbito académico y que se propuso una votación para aprobar el envío de los estatutos al ChapCom, en California.

El balance que hago es positivo. Creo que se avanzó bastante y que, llegado este punto de no retorno, podemos sentirnos orgullosos del trabajo que todos hemos ido labrando en equipo. Es mi deseo que todo esto prospere y que pronto veamos recompensadas tantas horas de esfuerzo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Blogs en la wikipedia

.-Oye, ¿tú no eres bibliotecario en la wikipedia?
.-Sí que lo soy, aunque prefiera no darle publicidad al asunto.
.-Pues a ver si me echas una mano, porque no hay manera de poner nada.
.-A saber lo que estarás haciendo, reina, ¿qué es lo que te pasa?
.-Que añado un enlace al blog para poner el artículo que escribí sobre Rosario y siempre desaparece.
.-No desaparece, ruliña, eso es que los patrulleros trabajan bien.
.-¿Que patrulleros?
.-Los que cuidan que los artículos estén en el mejor estado posible.
.-Pero eso es lo que hago yo.
.-No, no, no. Tu editas los artículos y ellos también lo hacen, pero a lo que me refiero son a los que donan su tiempo a procurar limpiar las barbaridades que se añaden, corrigen ortografía, le dan la forma standar, lo limpian de vandalismos...
.-¿Vandaqueeé?
.-Vandalismo. Es parte del argot propio de la wiki. Las tonterías que escribe la gente, los blanqueos, la edición interesada, el tocar las pelotas en general.
.-Ya, los niños se lo deben pasar en grande.
.-Si solo fueran los niños...
.-Si, pero el caso es que esos patrulleros me quitan el enlace al blog, ¿no?
.-O yo mismo, si lo llego a ver antes. Tienes que comprender que los enlaces a blogs no son válidos. Les llamamos fuente primaria, porque se supone que reflejan opiniones personales y eso no está permitido.
.-Pero no son opiniones personales, tu conoces el asunto y sabes que lo que he escrito es verdad, mira, lee la entrada...
.-Mujer, yo me fío de ti, ya la leeré, como todo lo que escribes. La cuestión no es esa, la cosa es que lo sabes tu y lo se yo, pero no podemos demostrarlo. Bueno, si que podemos, pero hasta que se publique, nada.
.-¿Y eso?
.-Porque lo que se escribe en la wikipedia tiene que estar apoyado por referencias fiables, hay una política que regula cuales valen y cuales no, y los blogs están dentro de los que no. Date cuenta, si valieran, yo mismo podría escribir en mi blog cualquier cosa y luego ponerlo como referencia de lo que me diera la gana. Ya te puedes imaginar el tipo de artículos que saldrían de ahí. Imagínate que los blogs que hay poniendo verde a Zapatero, a Aznar, al Papa de Roma..., pudieran añadir lo que quisieran en los artículos respectivos. La primera frase del artículo del Papa diría: El pedófilo encubridor...
.-Si, eso es verdad, sería para leerlos.
.-Además, la frikipedia es la que se dedica a esas cosas.
.-Bueno, pero tu sabes que yo no miento en el blog. Además ¿para que iba a mentir?
.-Y dale. Esa no es la cuestión, la cuestión es que todos los artículos deben estar avalados por referencias fiables de lo que se dice en ellos. No se puede poner: yo pienso que..., sino: según Fulatinez en su obra Tal, o en su web o en su artículo científico, etc.
.-Pero eso sería copiarles.
.-No, lo que se hace es volver a escribir la información, pero con tus palabras, para evitar el plagio. Es decir, tu sacas la información de una web, por ejemplo, y la cuentas a tu bola, diciendo lo mismo pero de otra forma y luego citas en la sección de referencias la web de donde lo has sacado, para que cualquiera que lo lea pueda verificar que la información que das es cierta. Además, normalmente se resume, que esto es una enciclopedia y lo que se pretende es dar la información necesaria, pero no agobiar al lector. Si bien es cierto que más de un artículo es exhaustivo, pero eso ya depende de las ganas y el tiempo.
.-Bueno, pero al final no puedo poner el enlace al blog ¿tú no podrías....?
.-Ni de broma, encantiño meu, la condición de bibliotecario supone que la comunidad confía en ti y una cosa como esa sería faltar a la confianza depositada y servidor de usted no lo hace.
.-Vaya, ¿entonces de que te vale ser bibliotecario? Si ni siquiera vas a poder echar una mano a las amigas...
.-No, mi cielo, una mano te la echo y las dos si hace falta, pero no se lo que diría mi mujer.
.-Bobo, no me refería a eso.
.-Anda tonta, que el blog ya te lo leen bastante, ya quisiera yo que me leyeran el mio así.
.-Bueno, pero es que quiero que todo el mundo se entere de estas cosas.
.-Pues publica un libro. Después le hacemos una reseña al tomo y más tarde un artículo a ti como escritora y entonces podrías poner el enlace al blog en tu artículo.
.-¿Pero no me acabas de decir que no se pueden poner blogs?
.-Todo tiene excepciones, la de los blogs es que valen para las personas vivas que hablan de si mismos en su propio blog, pero sólo para eso.
.-Desde luego, vaya lío lo de la wikipedia.
.-No es tan difícil, es como todo, al principio parece más lioso, pero con un poco de buena voluntad enseguida verás cómo te aclaras, ya te iré contando.

sábado, 1 de mayo de 2010

Al teléfono

Ring, ring...

.-Bienvenido al consultorio de Madame du Dolo, donde te resolveremos todas tus angustias, a la vez que mitigamos las nuestras. El precio de la consulta es de 1.39 euros el minuto, impuestos indirectos no incluidos. Sus datos podrán ser cedidos a terceras personas para nuestro mayor lucro. Si quiere ejercer su derecho de cancelación o de rectificación, llame al teléfono 908 123456, donde estaremos gustosos de facturarle unos euros más, mientra no le hacemos ningún caso. Un momento por favor, será atendido inmediatamente.

''musiquilla relajante/molona, para mayor distracción de los pardillos''



.-Bienvenido al consultorio de Madame du Dolo, ¿que desea que le revelen las cartas?
.-A ver señorita, que llevo quince minutos esperando. Yo querría que me mirase como me van a ir los negocios, el dinero, estas cosas...
.-A ver...

(sonido de cartas)...

(más sonido de cartas)...

(cinco minutos de sonido de cartas)

.-¿Señorita?
.-Las cartas dicen que se van a suceder los dispendios económicos.
.-En eso tienen razón, esta llamada me está costando una pasta.
.-Debería Vd. vigilar sus gastos.
.-Si, se me debía haber ocurrido antes de llamarles.
.-Debe de minimizar gastos y aumentar los ingresos.
.-Eso es de primero de sentido común, señorita, ¿no podría decirme algo más concreto?
.-Tiene problemas para fidelizar a la clientela, debe intentar que se queden en su empresa.
.-Pues va a ser un poco difícil, porque yo tengo una funeraria y una vez que los entierro, ya no vuelven. Y mira que les dejo unas tarjetas en los trajes.
.-¿Quiere que le lea algo más?
.-Pues si. Podría leerme el periódico, que siempre será más fiable que las chorradas que me cuenta...
Tut-tut, tut-tut...

...///...

.-Ha llamado al despacho de Timez, Pillez y asociados. Si quiere hablar con el sr. Timez diríjase a la prisión de Alcala-Meco pulsando 1; si quiere hablar con el sr. Pillez pulse 2 y espere con paciencia a que termine su condena en Bankgog; si no desea hablar con ninguno de los dos, cuelgue y no moleste.
.-Tengo que cambiar de abogados...

...///....



Ring, ring...
.-Bar Paco's, digamé.
.-Bueno, menos mal que aquí no tenéis operadora.
.-¿Quien es?
.-Soy Pepe ¿podéis hacerme un bocata de chicharrones, que luego paso a buscarlo?
.-Espera un momento, Pepe que se lo digo a la cocinera...


.-Pepe, que dice la cocinera que no le quedan chicharrones, que si quieres desfragmentado de tortilla de patatas o mousse de ensaladilla lituana.
.-Paco, déjalo, ya llamaré a radiopizza.

...///...


.-Radiopizza: solo lo mejor para nuestros mejores clientes ¿es Vd. uno de ellos o un pringado cualquiera?

.-Si es un pringado, pulse 1; si es un cliente habitual, pulse 2; si quiere ponernos una denuncia por alimentos en mal estado, pulse 3...
.-2, 2, 2
.-Introduzca su número de cliente.
.-123456
.-Número incorrecto, introdúzcalo nuevamente.
.-654321
.-Número correcto, introduzca su clave PUM.
.-00098
.-Bienvenido, sr. Pepe, ¿con que desea ser intoxicado hoy?
.-Pues quería una pizza parmesana con doble de...
.-Si desea queso parmesano, pulse 1; si desea queso siciliano, pulse 2; si desea otro tipo de queso, permanezca a la espera....
.-...
.-...
.-...
.-¿Oiga?
.-...
.-¿Oiga?
.-Si desea pepinillos, pulse 1; si desea anchoas, pulse 2; si desea camarones de la ría de Sada, pulse el botón de pánico...
.-Tut-tut, tut-tut...


.-Banco Miendo, ¿que desea?
.-Señorita, ¿podría informarme sobre el estado de mi cuenta?
.-Un momento, que le paso con recursos.
.-Recursos.
.-Quisiera información sobre unas transferencias...
.-Eso es en transferencias, le paso.
.-Transferencias.
.-¿Podría decirme si me han llegado unas transferencias?
.-Dígame su número de cuenta...
.-xxxx.xxxx.xxxxx.xxxx.xxx.xxx.xxxx. Y finalizado en xx.
.-La cuenta es de fuera de plaza, le paso con cuentas externas.
.- ¿Pero Vd. no podría?...
.-Cuentas externas, ¿dígame?
.-Señorita, podría decirme si me han llegado unas transferencias?
.-Eso es en transferencias, le paso.
.-No, que me acaban de pasar de allí...
.-Transferencias, ¿que desea?
:-Nada, no se molesten, era solo por pasar el rato

Tut-tut, tut-tut...

Con la mosca tras la oreja

Si hay algo que me jode de verdad, es ver a los referentes de la izquierda convertirse en paladines del capitalismo en cuanto se les toca el bolsillo.