miércoles, 30 de junio de 2010

Gol

España ha ganado. 1 a 0 a Portugal. Delirio Nacional. A las gaviotas no parece importarle, estoy seguro de ello. Todo lo seguro de lo que se puede estar de una cosa así. Porque ¿quién te dice que no escuchan el carrusel deportivo de la cadena SER? Sintonizando las emisoras con sus alas desplegadas en el viento. Posiblemente sean todas forofas de Pepe Domingo Castaño. Por lo menos son vecinas. De Mera. Sería natural. Porque si Juan Salvador Gaviota practicaba caída libre, ellas pueden muy bien ser radioaficionadas. El movimiento de la punta de sus alas sintoniza su emisora preferida. Los bruscos giros en el aire deben corresponder a los riffs de Ritchie Blackmore. Las que se dejan balancear en la brisa escuchan Radio Nacional de España. La clásica, por supuesto. Las que no acaban de encontrar su lugar en la formación deben estar escuchando noticias. Un brusco movimiento de pico presagia que han rozado Radio María. Ni las gaviotas aguantan el rosario radiofónico. Las gaviotas no creen en Dios. Los cisnes siempre se lo echan en cara, pero ellas ríen sarcásticas en las alturas. En realidad, las gaviotas son Dios. No quieren creer en ellas mismas. No creen ni en los cisnes. Debe ser de tanto escuchar el fútbol. Aliena.

viernes, 25 de junio de 2010

Diccioarmario 11

Adobar: canta fados. (Dedicado a Santi, con cariño)

Aire acondicionado: al pago de la factura.

Analfabeto: dícese de quién no sabe leer ni escribir, ni las leyes fundamentales de su país. Sinónimo por ciudadano.

Arbitrio: tres árboles.

Arrepentir: acelerar el dispositivo de memoria del transporte internacional.

Bandera: trapo de colores en el que la gente se suele envolver cuando está borracha.

Cacofonía: jerga del hampa.

Canalla: envejecer de repente.

Cántara: melodía egipcia.

Cantarina: trigo molido al tercer grado.

Caramba: exclamación proferida cuando cualquiera de las dos es de alto precio.

Cobra: la más peligrosa de las serpientes: además de morderte, te gira factura por los gastos.

Colegio electoral
: única escuela donde no se aprende nada, lo que no es de extrañar si solo se acude cada cuatro años.

Desdémona: hasta aquí, que están más monas.

Dolor: fragante.

Ensalada: en el dormitorio, recibe.

Falacia: nota lisa.

Friso: parón de la libertad.

Galatea: fiesta de descreídos.

Galicia: esquina olvidada, excepto en campaña electoral.

Gesto: esto es una g.

Gilipollas: véase Jimmy Jump.

Grano: O.

Jimmy Jump: no va más del necionalismo: se hace el imbécil, pero dejando claro que se es catalán. Para echarse a llorar.

Lágrima: que me da. Escalofríos y todo.

Mudo: demoio y care.

Novena: está ciego.

Noveno: definitivamente, está ciego.

Pelele: monde consonante.

Pasta: la de la bandera.

Programa electoral: colección de castillos en el aire realizados con el principal objetivo de cobrar comisiones de las imprentas.

Recolección: volver a empezar el álbum.

Retaco: malhablado impenitente.

Salamanca: habitación a la que le falta un brazo.

Séptimo: el del pnazareno.

Subasta: aquí y luego, baje.

Tabaco: no, salió con Dionisio.

Vanagloria: directos al cielo.

jueves, 24 de junio de 2010

Cantarina y las manzanas

Cantarina Ramos nunca pensó en llegar a alcaldesa. Porque Cantarina Ramos odiaba la política. Pero, sin embargo, le encantaban los frutales. No es que tuvieran mucha relación, pero los caminos del Señor son inexcrutables. Del señor Paco, que la abordo un día mientras que Cantarina estaba en su frutal. Hermoso vergel, el frutal de Cantarina, de antiguos manzanos cargados de liquen y de pequeñas frutas, mayormente utilizadas como proyectiles por la chavalería del lugar, dado su tamaño y dureza. Uso que también le daba Cantarina, como pudo comprobar el señor Paco cuando, tras haber abordado a Cantarina, quiso probar de la fruta prohibida sin haber solicitado antes la pertinente autorización. Nunca lo hubiera hecho, ya que Cantarina tenía un fabuloso gancho de derecha, que el señor Paco probó en sus propias carnes al intentar palpar las ajenas. Y también probó la frutas del huerto de Cantarina, no en forma de tarta o mermelada, sino de apedreamiento, o más bien amanzanamiento, propinado por la interfecta, que en cuestión de palpamientos era muy mirada.

Después del apedreamiento, o más bien amanzanamiento, del señor Paco, Cantarina dirigió sus pasos hacía el ayuntamiento de la pedanía, donde procedió a la denuncia del caso ante el anterior alcalde, a falta de cuartelillo de Guardia Civil, del que el lugar carecía. El alcalde, fiel a la tradición española de minimizar agresiones sexuales, siempre que el género de la agredida fuera femenino, no le hizo mucho caso. Que el género fuera masculino era algo que nunca se había dado, pero era esperado por los naturales del lugar como medio para aliviar sus tediosas existencias. Pero mientra esto ocurría, tuvieron que lidiar con la furia desatada de Cantarina, que explicó su caso con profusión de detalles e indignaciones ante el prócer municipal, a pesar del nulo interés demostrado por el portador de la vara. Cuando Cantarina se fue dando cuenta de que su denuncia iba a quedar en agua de borrajas, estuvo tentada de volver a probar su afamado gancho en la mandíbula del alcalde, o en su defecto, su puntería manzanil. Pero se conformó con agarrarle por la corbata y, acercándoselo hacia si, espetarle a la cara, mientras ésta iba tomando un bonito color cárdeno, la opinión que le merecía su presencia en el ayuntamiento, junto con la que tenía de su señora madre y de gran parte de los miembros de su familia, retrocediendo en el escalafón familiar hasta un primo de Adán y Eva.

Posteriormente, dejando al alcalde en el trance de desincrustarse la corbata de la garganta, Cantarina Ramos volvió a su vergel y, aprovisionándose de una cesta, cargó de manzanas el capazo y aprovechó la cercanía de los comicios municipales para comenzar su particular campaña electoral, entre las féminas en primer lugar, las que le dieron incondicionalmente su apoyo, cansadas como estaban muchas de ellas de los intentos fugaces de palpamientos por parte del personal masculino y de los nulos resultados de sus quejas. Con el apoyo del sector femenino y el de gran parte del masculino, que habían catado las manzanas de Cantarina al intentar tomar a chacota la candidatura de la interfecta, Cantarina logró un gran éxito, convirtiéndose sus manzanas en el eslogan electoral más eficaz desde la campaña de la UCD en las primeras elecciones.

Para cuando pasó la temporada hortofrutícola, Cantarina Ramos estaba comodante instalada en el sillón municipal, gozando de mayoría absoluta en el lugar y con la cesta permanentemente a su lado, cargada de piñas piñoneras, que hacían incluso más daño que las manzanas. El señor Paco era capaz de dar un rodeo de cinco kilómetros con tal de no pasar por delante del ayuntamiento.

He aquí la historia de Cantarina Ramos, a la que su amor por la fruta encumbró a la alcaldía. Y su puntería.

martes, 22 de junio de 2010

Desvergüenza

He de confesar que se me ha terminado la vergüenza ajena. Y la propia. Estamos asistiendo a un espectáculo político y económico que dan ganas de resucitar a Don Emiliano Zapata, subirse al caballo, que para gasolina no hay, y restablecer la Revolución. Lo único que me detiene es que ya no estoy para esos trotes, la revolución es cosa de jóvenes y jóvenas y uno ya tiene una cierta edad.

Porque además el espectáculo es mundial, como el fútbol. Porque si fuera una cosa local podríamos obviarla como parte de la payasada a la que nos tienen acostumbrados nuestros políticos, de los que hace tiempo que no espero nada. Pero no, esto ya no es cosa nuestra, sino que forma parte de una situación generalizada a todo lo ancho de la bola ésta en la que vamos montados. Que la paren, que yo me bajo. Da igual, me bajo en marcha.

Es que es para darle la razón a las teorías conspiranóicas. Después de la sangría a los gobiernos de todo el mundo a cuenta de la gripe A (¿se acuerda alguien de ella?), que se dedicaron sin ningún rubor a gastarse una pasta en comprar vacunas, pasta que nos vendría ahora de perlas para capear el temporal económico que desataron los hermanos de sangre de las farmacéuticas griposas; ahora nos están sacando lo poco que nos queda para tapar los agujeros que ellos mismos hicieron, al grito de «el mercado se regula solo». Ya se ha visto lo que se regula. Se regula en la dirección del latrocinio descarado.

Y, por si fuera poco, nuestros queridos amigos y vecinos de Europa, en vez de formar una piña contra los ataques especulativos contra el euro, es decir, contra casi todos, y pararles los pies a los ataques del exterior, se dedican a vacilarse y vacilarnos a cuenta de lo que cada uno tiene comprado en bonos del otro. Que en el fondo es lo único que los mueve, la codicia, la pasta, el cash. Cualquier llamamiento de cualquier partido, sindicato, país, estado, organismo europeo o mundial que se oiga en el sentido de mitigar las miserias a la que están empujando a trabajadores y pequeños empresarios, o de regular el mercado para evitar ser juguete de unos cuantos multimillonarios, puede ser directamente desechado como spam. La tozuda realidad se encarga de enseñar que, como decía Miguel Ángel Aguilar en la tertulia de Hora 25 una de estas noches pasadas, no exportamos derechos en su momento y ahora estamos importando esclavitudes.

Es decir, en roman paladino, primero nos llevaron a endeudarnos hasta las cejas. Ganaron un pastón. Después quebraron los bancos donde estaban nuestras deudas. Sacaron otro pastón de los estados, más lo que nunca devolvieron. Más adelante, la bolsa se desploma. Sacaron otro pastón. De resultas, cierran infinidad de empresas, dejando un montón de gente en la calle, mientras que se saca otro pastón al estado en subvenciones de paro, de empresas y de comunidades autónomas. Otro pastón añadido, el sangrado a cuenta de subvenciones a empresas que inmediatamente se deslocalizaban, más obreros al paro. No faltó por medio quien aprovechó todos los mecanismos del marketing viral para mover el miedo colectivo y sacar otro pastón global, con la ayuda de organizaciones supraextraMarilolicomoflipo del estilo de la OMS. Y con la ayuda de que aquí todo sale gratis. Así es el mundo mundial.

Ya sé que poco se puede hacer, en realidad, pero por lo menos no nos dejemos engañar. La explotación de un obrero del sudeste asiático nos tiene que ser tan cercana como la de un trabajador de Repsol. O más cercana aún. Por que no haber defendido sus derechos es lo que hace que ahora nos quieran hacer retroceder en los nuestros. Globalicemos también los derechos sindicales, a pesar de la desvergüenza de sindicatos que sufrimos por aquí, eso es mejor que nada. Peleemos por ellos bastante más que por las flotillas de Gaza, o por lo menos, al mismo nivel. Porque un servidor, con lo mal pensado que es habitualmente, tiene la profunda sospecha de que hasta las causas más nobles de las ONGs respiran un tufillo de tapadera hacia los temas que de verdad nos afectan y por lo que deberíamos preocuparnos en primer lugar. Y el que más directamente lo hace es la merma de la capacidad de los estados para defender a sus ciudadanos, sea ésta producto de la estafa o de las imposiciones para arreglar la estafa.

Así que en vez de asistir impasibles al desmantelamiento de la sociedad del bienestar, luchemos para evitarlo, oponiéndonos a las medidas impuestas desde fuera y que sólo benefician a quienes son culpables de la situación actual y a la vez, luchemos para exportarlo a todas partes del mundo. Sólo así se evitará que «los mercados» puedan especular con las diferencias entre economías y seguir favoreciendo la explotación.

domingo, 20 de junio de 2010

Análisis de una taza de café

Pues sí, aunque el título suene de risa, nada más lejos de la realidad. Las tazas de café no son simples recipientes para depositar litros de capciosa cafeína. Lejos de ser estimulantes, según un estudio del movimiento conocido como Mediated Discourse Analysis (Análisis del Discurso Mediado), una simple taza de café puede contener hasta seis tipos diferentes de discurso. Para ello, los analistas tomaron a modo de ejemplo una taza de la conocida cadena estadounidense Starbucks.

A grandes rasgos, sus conclusiones son las siguientes:
  1. Contiene un discurso empresarial (véase, "atención al cliente").
  2. Contiene un discurso legal (implícito en el Copyright, marca registrada).
  3. Contiene un discurso nutricional (valores energéticos y calidad del producto).
  4. Contiene un discurso de fábrica (responsables de haber creado el material de la taza).
  5. La acción de beber café, ya supone una serie de discursos programados, negociados con anterioridad - si bien implícitos en el contexto - entre las partes.
  6. Contiene un discurso de márketing (publicidad del tipo, "nosotros tenemos el mejor café del mercado").
Aunque parezca una aproximación curiosa, como os lo he dicho, no es del todo inocente y aislada. Y, al igual que ocurre con esta taza, sucede con otros aspectos de nuestro entorno. Ya os traeré un caso objeto de estudio en un aeropuerto. Pero me temo que quedará para la próxima...

Postestructuralismo y Wikipedia

Repasando el tema de la que será mi presentación este año en Wikimanía 2010, no tuve más que hacer un alto y reflexionar sobre un par de cuestiones. La primera de ellas fue, ¿es Wikipedia el legado de un pensamiento postestructuralista? ¿Hasta qué punto Barthes y Foucault influenciaron, directa o indirectamente, lo que vivimos a diario el común de los mortales?

Quizás estos pensadores franceses vieron más en lo simple que nosotros en la complejidad de las cosas que nos rodean y hacen el día a día en nuestra rutina. Lo más simple y llano pueden ser objetos del análisis más escrupuloso y pormenorizado.

Roland Barthes (1915-80), en su ensayo crítico La Mort de l'Auteur, planteaba una incógnita de la que rara vez nos percatamos o somos conscientes. ¿Por qué en Occidente se le ha atribuido, durante siglos, una excesiva importancia al rol del autor en el estudio, la lectura y la venta de sus obras? Y que conste que esto no aplica sólo a la literatura, sino también a las artes plásticas. ¿Quién no ha dicho en alguna ocasión, "he visto un Picasso" (por la pintura de dicho autor)? Y no, no es un simple juego metonímico. El meollo de la cuestión es que tendemos a interpretar y valorar el trabajo o los trabajos en función de quien los escribe. Al hacer esto, según Barthes, estamos ignorando una buena parte del significado que deriva de un texto. Estamos desatendiendo, pues, el papel del lector.

El filósofo galo va incluso más lejos y dice, en el mismo ensayo, "el nacimiento del lector comienza con la muerte del autor." De acuerdo con lo promulgado por los postestructuralistas, que se diferencian del aislacionismo estructuralista de la primera mitad del siglo XX en su visión del lenguaje como medio dinámico de comunicación y transmisión de ideas, el significado que deriva de un texto es el resultado de dos factores convergentes: por un lado el autor y, por el otro, el lector. No todas las intenciones del autor serán interpretadas de igual modo por un lector X. Aquí entran en juego variables como entorno cultural, formación, contexto histórico, estatus social, etcétera. Incluso, según Jacques Derrida (1930-2004), un escritor pudo haber plasmado significados alternativos que ni él mismo se imaginó. De ahí que, conforme pasa el tiempo, diferentes escuelas críticas se aboguen el derecho de interpretar una obra concreta según su parecer. No me extenderé aquí a explicar el famoso concepto derridiano de differénce/differance o, lo que es lo mismo, el proceso de analogía y sustitución (reemplazo/complemento).

El papel del lector es curiosamente moderno en la crítica literaria. Durante mucho tiempo se dio, y aún se da, especial importancia a aspectos biográficos determinados de un autor. Algunas veces funciona, otras no. Por ejemplo, sería imposible estudiar y comprender Heart of Darkness de Joseph Conrad sin hacer alusión al pasado en altamar de este escritor británico de origen polaco. La crítica neohistoricista de Stephen Greenblatt carecería de sentido si no tuviéramos en cuenta el contexto socio-cultural de William Shakespeare y las consiguientes lecturas del presunto discurso de subversión que se deduce de algunas de sus obras teatrales más universales. No obstante, si es cierto que el lector ha aportado y sigue aportando contenidos ricos. El texto vive y sino que le pregunten a los académicos postcolonialistas o a los de la escuela de Cultural y Ethnicity Studies.

Con todo, en Wikipedia tenemos un ejemplo moderno. El lector ya no es un recipiente pasivo de lo que se le enseña, sino que puede convertirse también en un autor - en la parte activa del todo - y trabajar a las dos bandas. Ese lugar a la interpretación, a la discusión, ese anonimato, donde la propiedad intelectual da lugar al espacio colaborativo en pro del conocimiento libre, es lo que me interesa resaltar. Y si para explicarlo he tenido que hacer un breve recorrido por la apasionante historia del pensamiento moderno y contemporáneo, bienvenido sea. Es mi deseo que, al menos, haya merecido la pena.

Góngora dixit (entrada dedicada a José Saramago).

jueves, 17 de junio de 2010

Mentira

La habitación se le quedaba pequeña para lo que estaba acostumbrada, después de la vida de lujo y derroche que había llevado, pero ella la prefería así. Todo había sido falso en aquella relación, menos los diamantes, lo que ya era algo. Pero por muchas joyas que le fuera regalando, no podían ocultar con su brillo la farsa en la que estaba viviendo. Todo había empezado como en un sueño dentro de otro, cuando lo había conocido en aquella fiesta. Ella ya estaba deslumbrada de antemano, poco acostumbrada, entonces, al lujo que veía desfilar ante sus ojos. Había asistido invitada por su amiga Perfe, antigua compañera de colegio a la que no había vuelto a ver desde que acabara el bachillerato. Perfe venía de una familia bien, de esas en que el dinero ya ha adquirido respetabilidad con el tiempo, aunque su abuelo había sido poco más que un pirata. Bastante distinta de la suya, en la que sus padres habían tenido que arar mucha tierra para conseguir que la niña estudiase, aunque para ellos el orgullo de verla recoger su título había sido pago suficiente para sus desvelos. Por lo menos la muerte había tenido el detalle de dejarles aguantar hasta ese momento, antes de llevárselos a los dos en un corto espacio de tiempo.

Fue en aquella fiesta donde lo había conocido. Ataviada con un modesto vestido de grandes almacenes, sabía que desentonaba entre los Guccis y los Armanis, pero no había podido resistir a la tentación de ver aquel mundillo que hasta entonces solo conocía a través de las fotos de las revistas del corazón. Perfe la había introducido con cariño en el ambiente, porque desde el colegio se habían llevado bien y debía guardar de ella un buen recuerdo, tal vez resultado de los innumerables ejercicios que le había dejado copiar. Y cuando se habían encontrado después de los años, se había empeñado en que viniera con ella a este fiestorro, donde decía aburrirse soberanamente y donde podrían aprovechar para comparar notas de sus vidas, mientras cotilleaban como locas de los asistentes a la velada. Y mientras se bebía una copa de champán francés, que probaba por vez primera, notó que no le quitaba ojo aquel morenazo de la esquina. Estaba rodeado por una colección de escotes que parecían competir por captar su atención, pero que no obtenían ningún resultado, porque él solo tenía ojos para ella.

Perfe también se dio cuenta y enseguida le puso al tanto de la vida y milagros del chulazo que se la estaba comiendo con la vista, que tenía una de esas miradas que te dejaban desnuda. Resultaba que el caballerete en cuestión era el heredero de uno de esos pazos antiguos que se enseñoreaban a la vera de un río, con sus escudos tallados en granito y sus caseros de boina en mano, mostrando respeto por el vinculeiro. Así los había visto la primera vez que fue allí para ser presentada a los padres de su futuro marido, una pareja lánguida y decadente que le pasó revista como si fuera una nueva yegua de sus cuadras, para acto seguido desentenderse de ella y continuar lo que parecía ser su juego favorito, dedicarse el uno al otro una cantidad interminable de puyas y desprecios envueltas en la más exquisita cortesía.

Cortesía que se podía extender a su novio y luego marido, que la había cortejado siguiendo el protocolo de un manual del siglo XVIII acerca de como se debía comportar un pretendiente discreto y respetuoso, inundando su casa de flores y sus habitaciones de joyas, cuyo brillo habían cegado sus ojos y sus sentidos. Lo habían hecho de tal modo que a ella no le había parecido extraño que sus efusiones amorosas fueran tan escasas durante su corto noviazgo. Ni siquiera habían llegado a acostarse juntos antes de la boda, lo que la había dejado preocupada un tiempo. Tenía miedo de que el cuento de hadas que vivía solo fuera un sueño y que se despertaría de repente, retornando a su vida de oficinista. Claro que su noviazgo había sido corto, apenas unos meses, y pensaba que ese respeto que la mostraba se debía quizás a una conveniencia de la alta sociedad que ella ignoraba.

Pero a partir de su boda, por todo lo alto, en la iglesia de más postín y con convite en el hotel de más estrellas, se dio cuenta de lo que podía esperar de su hombre. La noche de bodas había cumplido con el débito marital con pasión y ella había disfrutado mucho, abrazada a su cuerpo musculoso por las horas de gimnasio, pero los demás días de la larga luna de miel siempre había tenido una excusa para no tocarla. Después, a lo largo de las noches en su pisazo del centro, rara vez lo habían vuelto a hacer. Dormían en habitaciones separadas ya desde el primer día y el se refugiaba en la suya, mientras que ella se quedaba esperándolo desnuda en su cama, sin que nunca se abriera la puerta para calmar su deseo. Poco a poco se fue dando cuenta de que aquel pedazo de hombre era homosexual y que su matrimonio no era más que una tapadera detrás de la que se escondía ante los ojos de la sociedad. Una vez le confesó sus temores a su amiga Perfe, la única del nivel social de su marido en quién confiaba, y por ella se enteró de que ese era el sistema preferido por los homosexuales de la jet set para disimular sus aficiones. Con cinismo, le recomendó que se buscara un amante, a fin de cuentas, cuanto más la rechazaba, más la cubría de collares y pulseras y no era cuestión de abandonar esa vida por un detalle tan nimio. Los maridos de otras no eran homosexuales y tampoco hacían ningún caso a sus legítimas, bastante más interesados en jovencitas que les inflaban el ego y les desinflaban el bolsillo.

Pero ella, al principio, seguía enamorada de él y no se le pasaba por la cabeza engañarle, aunque en este caso casi no sería engaño. Más adelante cedió un par de veces a las atenciones de algún conquistador profesional, de esos que si vivieran en el Oeste harían una muesca en su colt por cada hembra abatida, pero que tenían la ventaja de que una vez conseguidas sus intenciones, nunca más los volvías a ver. Pero eso no pasaba de un vulgar remedo a sus cuitas. Por dentro, se iba ensimismando en una depresión cada día mas profunda, que los terapeutas de alto standing a los que acudía no encontraban solución. Pero ella sabía perfectamente lo que le pasaba, su educación pragmática no se avenía con el estado de su vida. Y por eso decidió abandonar la vida de lujo a la que nunca se había acostumbrado y marcharse de casa sin volver la vista atrás. Por lo menos, la vida de riqueza que había sido suya, la había revestido de un calculado cinismo que hizo que dejará atrás los vestidos de gala, pero que se llevará todas las joyas. Más adelante sus abogados se encargarían de sacarle una pasta a su ex, posiblemente le llegaría para vivir toda su vida con desahogo. Pero en el modesto pisito que había alquilado, podría volver a empezar a vivir la vida auténtica, esa que olvidara durante los años de tedio y tristeza que habían conformado su matrimonio, que solo lo era de nombre.

domingo, 13 de junio de 2010

Primavera

La primavera había llegado a Cullergondo de Peiró, sin necesidad de anuncios de Grandes Almacenes; aunque haberlos, habíalos, al igual que en las comarcas circundantes. La primavera había llegado, decíamos, y con ella la muchachas en flor y desfloradas, que alegraban los paseos y jardines con sus trinos despreocupados. O tal vez los trinos eran de los xílgaros que anidaban en los plátanos del paseo, o de las flores que crecían escamadas de su corto pasar. En cualquier caso, la música desprendida de las jóvenes gargantas sonaba en los oídos de los cullergondinos como toque de trompeta que anunciara los futuros goces que sus tibias mentes desbarraban, en espera de la definitiva subida térmica que estacionalmente se producía en los sistemas líbicos del personal.

Al calor de este sonido, los aborígenes se desprendían de sus ropajes de invierno y sacaban livianas prendas de la profundidades de vetustos armarios, heredados de padres a hijos desde los lejanos tiempos en que estos indestructibles muebles habían sido tallados por olvidados maestros ebanistas, miembros todos ellos de rememoradas logias que subsistían aún en el más profundo de los secretos, ya no puliendo con mimo distintos tipos de maderas nobles, sino resistiendo el paso de los siglos sin más objeto que la resistencia en si, en espera de primaveras futuras que habrían de llegar cuando el Gran Maestre de la Orden Regular tuviera a bien decretarlo.

Ataviados con las leves chaquetas y pullovers recien rescatados de su letargo, el gremio masculino se dedicaba al acecho de las aleteantes féminas con igual pasión a la que en los meses de invierno utilizaban para cazar acuáticas con espera en las márgenes de las marismas que se extendían por las tierras de Cullergondo, que en su reducida extensión ofrecía toda clase de posibilidades de tipos agrarios. Las aves acechadas en esta ocasión respondían de modo alterno al de sus congéneres de pluma natural, ya que lejos de huir dejando un reguero de plumón en su estela, acudían al sonido de los primeros disparos con idéntico alborozo con el que comentaban las vicisitudes de sus peluqueras favoritas. Es ocioso describir que los reclamos utilizados diferían según la presa que se buscara, ya que aunque los engaños sonoros atraían a las palmípedas, rechazaban con premura a las bípedas minifalderas, que escapan hacia el refugio de cafeterías y tabernas, en espera de que los vermutes y las copichuelas las ayudaran a elegir en la berrea al semental de la jornada.

Los pretendidos garañones se pavoneaban en las aceras, intentando que su estampa fuera suficiente par lograr sus pretensiones, aunque no ignorando que el dispendio en las barras sería lo que al fin atrajera a su engaño a las pretendidas engañadas, que desengañándose sin error de las intenciones de los pretendidos pretendientes, se dejaban querer en mayor cercanía según aumentaba la cercanía propia con los diversos destilados que iban ingiriendo como pago y cobro de intenciones diversas y convergentes. La reiterada repetición de estos rituales año tras año, marcaba el paso de las estaciones en Cullergondo de Peiró y ayudaba a los lugareños a distinguir los patos de las patas envueltas en medias enterizas que abundaban por los paisajes urbanos y rurales, en previsión de heladas tempraneras y como penúltimo estorbo de los arrojados cazadores en la consecución de la presa.

Helada primavera la de estos pagos, templada por la música de las esferas.

viernes, 11 de junio de 2010

Tipos de la humanidad: el trepa

Continuando la serie recién iniciada, vamos a describir a otro de los especímenes con que se adorna la humanidad, en este caso uno de sus más conspicuos miembros, el trepa.

El trepa vive por y para medrar, en una monomanía que alimenta su única esperanza: pasar por encima de los demás. Para ello se sirve de cualquier instrumento apropiado a sus fines: lo mismo jabonea aun empresario de éxito, que a un político populista, pisotea a un compañero o traiciona a un socio, da igual, no hay bajeza que le detenga a la hora de ascender en la escala social.

Porque este es el fin último de sus afanes, elevarse por encima de los otros a cualquier precio. Esto no es en principio malo, la mayor parte de la plebe aspira a mejorar su situación y en esto no podemos objetar nada, es normal. Pero lo que distingue a nuestro depredador social son los métodos de los que se vale para conseguirlo.

Nuestro amigo no intenta que sus méritos se impongan por si mismos a los de los demás, entre otras cosas por que no suele tener ninguna especial virtud que lo haga destacar sobre el común de los mortales, fuera de su tenaz voluntad para labrarse un futuro acorde con lo que él piensa que se merece. Porque lo que en verdad se merece son unos años de cárcel, ya que en el curso de sus actividades no desdeña el desfalco, el abuso de confianza ni la manipulación de informaciones privilegiadas, normalmente obtenidas a base de peloteo o de espionaje puro y duro, ya que ningún método es para él indigno si conviene a sus intereses.

Ya que esto es uno de los síntomas que definen a nuestro hombre, o mujer, que en cuestión de género no hace distinciones la subespecie, la nula preocupación por la legalidad, moralidad o decencia de los métodos empleados para tal fin. Un trepa, en aras de conseguir un beneficio para si mismo, porque para nadie más lo busca aunque algunas veces finja otros objetivos, no descarta ninguna acción que le ayude a crecer por encima de sus congéneres. Así, la traición interesada, la manipulación de fingidas amistades, la adscripción a grupos políticos o económicos en función de lo que se pueda sacar de ellos, nunca en función de sus verdaderas afinidades, el inscribirse en clubs y asociaciones que puedan ser palanca de sus ambiciones, son siempre considerados por su rentabilidad inmediata o futura, nunca por la afinidad personal o por la justicia de sus causas.

El trepa, dotado de una auténtica habilidad para disimular su verdaderas intenciones, muestra siempre dos caras, como Hermes. Esta doble faz, que acaba inexorablemente por reflejársele en el rostro, es el arma fundamental de la que se vale, porque en su uso y disfrute es en donde en verdad se le puede considerar un experto. Una para hacerse agradable a quienes puede manipular en su beneficio y otra para ningunear a los que ya no son útiles a sus intereses. Por la mañana te paga un café para sacarte información sobre el estado de la empresa en la que trabajas y por la tarde esta vendiendo la información a la competencia, pasando por que al mediodía la utilizó para especular en bolsa. Hoy se hace masón para adjudicarse unos solares y mañana se afilia a la falange para poder venderlos. Esta semana es un firme partidario del gobierno y la que viene está en todos los mítines de la oposición.

Algunas veces, pocas, el trepa es descubierto en alguna de estas operaciones, porque no siempre salen bien las cosas en esta vida, y nuestro amigo sufre un retroceso en su ascenso social. En estos casos, el trepa huye a sus cuarteles de invierno y procura pasar desapercibido una temporada, en espera de que la corta memoria de la que hacemos gala haga olvidar sus fallos. Pero no pierde el tiempo en estos intervalos, ya que los utiliza en pergeñar sus próximos pasos y, cuando vuelve a la civilización para continuar sus actividades, los explica de tal forma que le sirven de base para auparse de nuevo en el escalafón social.

En fin, conceptos tales como amistad, decencia, ética, son totalmente desconocidos por este especimen, así que no esperen de él nada en absoluto y escapen de ellos como de hacienda.

No tiene tratamiento.

miércoles, 9 de junio de 2010

Sarpullido

.-Me he levantado mala, ¿sabes?, hace ya un algún tiempo que no me encuentro bien. He ido al médico y me ha detectado un sarpullido que yo ya había notado, pero al que no había dado mayor importancia. Pero como se ha ido extendiendo, al final no me ha quedado más remedio que acudir al galeno. Resulta que me dice que es una infección de la piel producida por unos agentes patógenos propios de su flora particular, pero que se han desarrollado de más. Y como son de la fauna propia de mi cuerpo, son difíciles de eliminar sin matar de paso a los bichitos buenos. Me mandó un tratamiento zonal de radiaciones, que los elimino estupendamente donde me lo daban, pero lo que te decía, también mataba a los demás, así que no me compensaba. Y es que me tienen en un sin vivir, mira que me dicen que no me rasque, pero hay veces que no lo puedo evitar. Y claro, luego se me irrita de una forma que para qué. Así que ya me ves luego soplando para aliviarme, como si fuera tonta. Otras veces les echo agua y me calma el picor un rato, pero enseguida vuelve y ya estamos otra vez con el puñetero prurito. Te juro que a veces me dan estremecimientos de lo que me pica, me estoy volviendo loca. Ahora me dicen que unos baños solares me podían venir bien, como si fuera psoriasis, pero ya estoy tomándolos y nada. Tengo que hablar con Venus y Mercurio para que me dejen acercarme un poquito más, pero ya sabes como son de tercos, no quieren variar su órbita. Si, escríbeme al correo, apunta LaTierra@...

lunes, 7 de junio de 2010

Diccioarmario 10

Para celebrar la décima edición del diccioarmario, todas las palabras (las «definiciones» siguen siendo producto de mi neurona patinadora) están sacadas de Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges, que es el libro que tenía a mano. Hubiera valido cualquier otro, incluidas las muy literarias publicaciones del carreflús, pero eso de alumbrarse con la luz ajena está de moda, más o menos desde que se inventó la imprenta. Y antes.

Pero sin el volumen tan poco voluminoso de mi tocayo, no me hubiera enterado que esto que hacemos tantos son «ejercicios de prosa narrativa». Un respeto.

Alimenta: nombra al moro.

Analfabeto: (snm.) culofpino.

Baraja: estropea la tasca.

Biombo: tambor ecológico.

Buhardilla: ser mitológico mezcla de, ...de, ¿y qué ahora me he olvidado? Vaya.

Carnicero: sólo pescado.

Derrotar: es de lo que está mareado.

Desmantelar: retirar el servicio de la mesa.

Despreciar: quitar el precio.

Disimula: afirma de una vez, animal.

Esclavo: no alcayata.

Espejo: yo buscaba una d. No juego más al escatergosich.

Fuera: no, fue Amón. Da lo mismo, los dos castigados, dijo Thot.

Historia: : no, his vaquia.

Infamia: in do, tuya.

Labio: las mates, el latín, lo suspendí todo, Mari Pepa.

Linterna: por lárea y centraaaal segundopalo, Pichichiiiiiiiiiii cabeceaaaaaaalarguerooo.

Llaves: dando una vuelta. ¿Nos tomamos una cañita?

Noticia: evento real o imaginario que se deposita en el subconsciente colectivo de la humanidad por medio de los más variados soportes. Su utilidad es discutible.

Parodia: impar ama.

Pídala: para afinar el tono.

Pirámide: se me escapa mi consonante.

Pisotear: mirar casa. Están los alquileres por las nubes.

Plegaria: instrumento para doblar valles fluviales inundados por el mar.

Prólogo: asociación que defiende la libertad de expresión.

Público: mejor publico.

Purificar: quedarse donde Puri, que es maja.

Rosada: reparte flores en San Jordi.

Simétrico: arriba, metrico abajo. De verdad.

Sobaco: pedazo de Dionisio.

Suministra: ...señor ministro.

Universal: poema de un solo verso.

sábado, 5 de junio de 2010

Tipos de la humanidad: el lameculos

Comenzamos con ésta una serie que pretende describir a los distintos especímenes con los que esta jodida especie humana, a la que pertenecemos la mayor parte por imposición nascituri, se adorna o se afea; que en eso hay matices, opiniones, dimes y diretes y tema para discusiones, debates y charlas de taberna.

Sin más digresiones, pasaremos a describir a nuestro hombre, porque hombre es en su mayor parte los naturales de esta subespecie de la degenerada raza humana. Las mujeres también cuentan con «representantas» en el tipo, pero siendo varón la mayor parte de él, omitiremos por un tímido decoro la mención a las féminas que ostentan tan deleznable condición.

El lameculos, como su propio nombre indica, no creyéndose en posesión (y en esto acierta) de ninguna gracia particular, dirige sus afanes por los alrededores de quién tiene lo que a él le falta: coraje, ímpetu, gracia y desparpajo para con los demás. El objeto de su adoración y servidumbre puede ser alguien cercano, como el guapo del barrio donde mora o habita, el capataz de su trabajo o directamente el jefe, si es que se atreve a tanto. O puede ser también alguien lejano, siendo entonces mas patético aun si cabe su servilismo y adoración. El actor de cine, el político trapacero y populista, son las estrellas de su firmamento, siendo mas abyecto su peloteo cuando mas lejano esté el objeto de su deseo.

Y decimos deseo, conscientes de que la palabra, el logos que detalla su pulsión ultima, tiene algo (mucho) de sexual en su intensa adoración, ciega como el amor a los defectos de la persona amada, intensa como la atracción sexual por los congéneres de la especie y que, en fin, no se diferencia de ésta más que en la imposible descarga de los anhelos reprimidos, ya que le está vedado el orgasmo liberador de la relación corpórea con el objeto de su deseo.

Aunque a veces, si el objetivo de su lengua esta lo suficientemente cerca, puede obtener un remedo de éxtasis al recibir una sonrisa, una mirada o tal vez nada más que un desprecio por parte de su dios, que el juzga benevolente desde la altura a la que lo eleva. Difícil cura la de este amor que se alimenta de rechazo.

Y así arrastra su vida, permanentemente buscando la rivera donde amarrar el barco de sus desvelos, siempre que esté cerca del muelle donde atraca el buque de su adoración, mientras que éste se mantenga fiel al papel que le es asignado.

Porque el lameculos no perdona una caída del pedestal al que sube a su amado, si no se mantiene por encima del nivel del resto de la plebe, o si sus acciones no están a la altura de la febril imaginación de nuestro despreciable congénere, al descorrerse el velo de alabanzas que teje con paciencia infinita nuestro rastrero amigo y dejar en evidencia la verdadera cara de su adorado, el amor se transforma en odio con la proverbial velocidad y puede llegar a ser mortal en los casos más graves.

No tiene tratamiento.

viernes, 4 de junio de 2010

Autopista

Cogió la autopista y aceleró el coche a fondo, sin ninguna preocupación por los radares. Iba cometiendo un holocausto de mosquitos, que morían contra el parabrisas con diminutas explosiones. Alguno dejaba un rastro de sangre que los limpias tardaban en eliminar, rechazada el agua por la velocidad. No se apartaba del carril de la izquierda, dando luces y bocinazos a cualquiera que se atreviera a interrumpir su camino. El potente motor del coche rugía monotonamente mientras los kilómetros iban pasando sin cesar. A la vez que el automovil, la vida se iba quedando rezagada, los problemas pasaban a un segundo plano, las preocupaciones se olvidaban, solo estaba el coche y él. Los camiones que subían despacio la cuesta de Herves iban quedando atrás, lentos, lentos, lentos, mientras seguía rodando sin cesar.

Nada importa cuando el coche acelera, vuelves a estar solo, no tienes que preocuparte por la familia, no tienes que preocuparte por el trabajo, no te inquieta el paro, no piensas en la crisis, no piensas en nada mientra la velocidad te va penetrando en el sistema nervioso, como una droga que insidiosamente se deslizara en la sangre haciendo que las neuronas vibren acopladas al murmullo de las ruedas contra el asfalto.

Los postes de emergencia se deslizan hacia atrás sin solución de continuidad, pasas bajo los puentes sin tiempo para que te de la sombra, el depósito lleno te permite continuar sin necesidad de parar ni un segundo, sin motivos para descansar un rato, siempre corriendo, siempre pisándole, cada vez más aprisa, cada vez más rápido, mientras ríes descontroladamente al ver cómo todos se quedan rezagados y tu eres el mejor, el que más corre, el que le pisa sin pensar en las consecuencias.

La autopista es tuya, los demás son solo una molestia, como ese camión que ahora se te cruza y que hace...

miércoles, 2 de junio de 2010

Aclaración

Creo que me ha quedado algo por explicar en este artículo. Lo escribí nuevamente cabreado por el estado de las cosas, al calor de las dos muertes recientes. Está basado en cientos de historias reales que los medios de comunicación nos han servido, a menudo con demasiado detalle. Nada puedo añadir que no se haya dicho por más informados comentaristas que yo. Pero me gustaría remarcar un punto.

Las mujeres víctimas de agresión por parte de su pareja, que ya está bien de eufemismos, son también agredidas sexualmente. Nadie puede pretender que las relaciones sexuales dentro de ese tipo de parejas, en las que el sexo va precedido por la violencia y a menudo continuado después, son consentidas en ningún caso.

Y si esto es así, el delito de violación se le debería añadir a sus acusaciones. En caso de resultado de muerte no va a modificar sustancialmente sus condenas, pero en otros casos si que podría elevarlas, ya que muchos de estos delitos de agresión, aún con los agravantes actuales, se resuelven con condenas de cuatro a seis años. La de violación es superior.

¿Algún abogado en la sala?