viernes, 8 de octubre de 2010

Vida y muerte chis pun

Decíamos ayer que las emociones son los único que nos distinguen de un trozo de granito. Y que un presunto creador de los espacios infinitos de dan fe de su magnificiencia y poderío (vaya, ya me ha salido el ramalazo pontificante), debería haberlo hecho por algún motivo, entre los que no parece valer el de ser adorado mientras está sentado en su trono.

Desde mi muy particular punto de vista (ya me tomo las pastillas, enfermera), ese simpático ente solo nos puede esquilmar nuestros sentimientos. Porque por muy bonitas que sean las galaxías, las estrellas, los planetas, las puestas de sol en los mismos o las erupciones volcánicas de sus cortezas en formación, no pueden ser el fin último, sino el soporte del que se sirven para tenernos a nosotros. Este es un punto de vista muy homocentrista, pero sería perfectamente válido para punto de vista venusianocentrista o andromedacentrista.

Claro que puede que sea un esteta y disfruta de las vistas que va creando, pero ese punto de vista nos llevaría a pensar que la vida es un error desechable. No, debemos estar por algo y ese algo causar un beneficio en quien se haya tomado la molestia de montar el chiringuito.

Ahora que para qué puede necesitar cultivar emociones ya me supera. Alomojó ya lo tienen todo tan organizado que necesitan algo que se salga de la rutina. O quizás sean simplemente gilipollas. Es una posibilidad.

domingo, 3 de octubre de 2010

Vida y muerte tuo

Habíamos quedado en que el universo, si no es casual, debería tener un motivo detrás para su creación. Descartando que sea resultado de las pajas mentales de una deidad más o menos aburrida, deberíamos ser capaces de elucubrar que motivos podrían existir para la creación de estos parsecs de lágrimas. Porqué elucubrar es algo que se nos da muy bien a los monitos, vamos a ver lo que se me ocurre.

Aunque he denigrado las religiones, ya que son una colección de leyendas sin sentido y difícilmente creíbles, vamos a rebuscar en ellas. A pesar de todo, en todas las leyendas siempre hay un poso de verdad, un hecho real disimulado o perdido entre los barroquismos que las suelen adornar. Por ejemplo, en el Génesis se dice que «a partir de ahora, nada de lo que se propongan les será imposible». Jolín, que seguridad. Me pregunto de donde la habrán sacado en un estadio tan temprano de la redacción de las bases religiosas del judaísmo. Porque actualmente ya no llama la atención, todos están segurísimos de sus paridas. Pero me aparto del tema.

El caso es que deberíamos ser capaces de presentar unos cuantos motivos por lo que algo indeterminado creo este universo o los que hayan. Aunque a lo mejor lo de atribuírselo a una voluntad quizás sea muy apresurado, ya que en nuestro actual nivel de ignorancia, puede ser igualmente posible que la creación/puesta en marcha/arranque del universo/s sea fruto de una ley natural que aun no comprendemos. Pero aunque no las comprendamos, podremos pensar sobre como debería ser, no otra cosa es a la que se dedican estos físicos teóricos a los que estamos acostumbrados a ver en las portadas de las revistas científicas y otras más generalistas, pontificando acerca del tamaño, forma y carga de la última partícula de sus amores.

Así que vamos a suponer que hay un motivo para la colocación de bolitas de energía esparcidas por el espacio, y para el espacio también. Escarbando en las leyendas religiosas, los siempre tan beneméritos dioses nos crearon a su imagen y con parecidas atribuciones que la deidad, convenientemente rebajadas, para que quede claro quien manda. Vale, vamos a pensar que algo del artista siempre se pega a su obra. Y mientras que el SETI no de resultados, la única presunta creación de la cosa esa que tenemos a manos somos nosotros mismos y el universo más cercano, junto con alguna ojeada que echamos al espacio exterior, fundamentalmente para aliviar el síndrome del isleño.

Voyons, supongamos que el responsable de todo esto es un ser más o menos como nosotros. En esto no soy muy original (y Dios nos creó a su imagen y semejanza), pero, barriendo paja, pensemos en que sí, en que nos creo a su imagen y semejanza, pero mental. La forma física de los seres vivos parece no tener más que una débil importancia estética, no hay más que mirar los resultados de la evolución en este planeta, que por ahora es el único que conocemos, pero si en este es así, con la infinita variedad de especies habidas y por haber, más las presentes, no parecen valer para nada en especial. No, lo más probable es que la forma física carezca de importancia y que únicamente la estructura mental sea determinante en algún aspecto.

Y puesto que la única estructura mental que tenemos a nuestro alcance para analizar es la nuestra, sumerjámonos en sus procelosas profundidades. La psique humana lleva tiempo y tiempo siendo objeto de los más profundos estudios, a los que no pienso dedicar ni una sola linea. Os vais a la biblioteca y os ganáis un buen dolor de cabeza por vuestra cuenta, hermosos. No, vamos a quedarnos en estadios mucho más someros y de fácil comprensión, por lo menos para mi, que disto tres pueblos y dos gasolineras de ser un inexperto, ni tan siquiera. Pero hay cosas que no se le escapan ni al ojo menos entrenado.

Los monitos desnudos que pululamos por el planeta tenemos una serie de compulsiones básicas para surtir nuestras relaciones. Una de estas es nuestra facultad de intentar torcer todo en nuestro propio beneficio. Otra, totalmente contraria, es nuestra capacidad para ser muy solidarios con nuestros semejantes. A veces se dan a la vez, por lo que no es de extrañar que la esquizofrenia pudiera ser una de las claves de nuestra mentalidad. Quizás tengan razón los escolásticos de las primeras universidades cuando decretaron que la locura era una parte consustancial del ser humano y que debía tener expansión por lo menos una vez al año. Al efecto decretaban un día, que en tiempos recientes se ha ampliado a varios meses.

Si uno de nosotros hubiera montado esto, no tendríamos la menor duda de que, en el fondo, lo habría hecho para su propio beneficio, aunque lo vendiera como un acto altruista (en eso somos expertos). Y si en lo que quedamos es en que deberíamos ser muy parecidos a nuestro excelso creador, este debería sacar algún beneficio de este complejísimo universo. ¿Cual podría ser este? Eliminemos que tenga un ego tan débil que necesite un criadero de pelotas que lo adoren, aunque solo sea porque un ser de semejantes capacidades podría muy bien crearlos directamente, sin necesidad de pasar por estadios intermedios de selección de la producción. No puede ser nada material, la materia es parte de la creación y ya sería suya desde el primer momento, no nos necesitaría para nada, en este caso. No, tiene que ser algo inmaterial y, en este caso, solo tenemos algo que ofrecer: nuestras emociones.

Parece poca cosa, pero como no tenemos absolutamente ni idea de los motivos, este podría ser tan bueno como cualquier otro. A fin de cuentas que somos, si no seres emocionales. El dolor, el odio, el amor, el miedo (de este hay mucho), la alegría, la desesperación, el placer, el tedio, son las emociones que van conformando nuestra existencia y las que nos diferencian de un trozo de granito. Es innegable que nuestros primos irracionales también las poseen, pero somos los reyes de la creación los reyes de las emociones. No solo las tenemos, sino que las buscamos activamente, sin cesar.

¿Y para que las necesitaría nuestro inventor? ¿Qué podría hacer con ellas? Esto será objeto del nuevo capítulo, corto, no os preocupéis.

viernes, 1 de octubre de 2010

Vida y muerte

Es pasmosa la facilidad con la que uno puede dejar esta vida. Pero es aún más pasmosa la fuerza con que otros se aferran a ella. De lo primero todos sabemos más de un ejemplo, el señor que se cayó en su bañera, el tropezón en la calle que te desnuca, el accidente tonto en el que a nadie le pasa nada, menos al muerto.

De lo segundo hay ahora mismo un ejemplo actual, un puñado de mineros atrapados a 800 metros de profundidad en el desierto de Atacama. Después de varios días, cuando quién más quién menos los daba por muertos, lograron comunicarse con los equipos que en el exterior trabajan para encontrarlos. Se calcula que aún así se tardaran de dos a tres meses en conseguir sacarlos, pero seguro que salen todos con vida.

Así es la fuerza con la que nos agarramos a la vida, suicidas mediante. Pero a esto hay que sumarle algo: la compulsión por reproducirnos. Este es un anhelo heredado del reino animal, al que pertenecemos, por más que a algunos les gustaría olvidarlo. Pero es especialmente trágico entre individuos que presumen de racionales. Trágico, sí, porqué no hay que olvidar que dándoles la vida, los estamos condenando a muerte.

Esta tragedia es fruto del chantaje sexual que la naturaleza y nosotros mismos hemos creado (para esto véase El mono desnudo de Desmond Morris), sumado con el egoísmo por tener hijos, es decir, dos egoísmos seguidos, mucho egoísmo junto. Atendiendo únicamente a nuestro propio placer, tanto en el momento de hacerlos, como más tarde en el de criarlos, aumentamos el número de semovientes sobre el planeta, sin darnos cuenta de que con ello aumentamos el número de adosados en los cementerios. Y sin derecho a parcela con maceta.

Y sin embargo, seguimos agarrándonos a la vida y trayendo nuevos sufridores al planeta cómo si fuera lo único importante. De hecho, es lo único importante para muchísima gente. A poco que preguntes, todos te dirán que la familia es lo fundamental, que por los hijos es por lo que se hace todo, que fuera del grupo tribal no hay nada.

Claro, si tu eres religioso, sobre todo de una de las religiones monoteístas que están en el top ten de creyentes/alelados, la vida es un regalo divino para que sumemos más esclavos a las cohortes de lameculos del Jefe y sólo es un espacio pasajero de preparación antes de nuestro traslado al paraíso lleno de vírgenes retozonas y de dicha sin fin, mirando abobados al Capo. Si has sido bueno y le has peloteado lo suficiente al sheriff y sus representantes terráqueos, por supuesto, sino ya se sabe que las infinitamente misericordiosas deidades te mandarán de una patada en el culo al infierno más infiernoso, para que te fastidies durante toda la eternidad por no haber sido lo suficientemente corderillo balador.

Pero, no sé porqué, este planazo que nos intentan vender los curas no me convence. Claro que otros planazos que nos intentan vender otras elucubraciones humanas acerca de lo divino me convencen aún menos. Lo de pasarlas canutas de privación en privación para conseguir desaparecer fundido en el Nirvana, tal como los gurús orientales, tan aficionados ellos a los Roll's, nos intentan colocar, aun lo veo menos. Por mucho que el príncipe Sidharta Gautama y sus acólitos nos intenten vender la moto desde hace unos cuantos siglos.

Otras esquizofrenias más modernas ya sólo las menciono por encima, las chorradas de ciencia ficción de la cienciología, los matrimonios a dedo de la secta Moon, las estupideces de los Testigos, mormones y demás, son igual de improbables que las religiones «establecidas» y al igual que ellas, nos prometen el oro y el moro si comulgamos con las ruedas de sus molinos.

Por tanto, y una vez eliminados los motivos esotéricos, nos quedamos desnudos como el proverbial mono de otras intenciones para vivir y crear vida, que los mencionados egoísmos inmediatos. Claro que esto nos lleva a dejar en manos de la casualidad nuestra presencia en el planeta. Y deja en manos de la casualidad el planeta en sí y de añadido, el universo entero al que pertenece. No sé porqué, pero me parece demasiado universo para una simple casualidad. Aunque el número de civilizaciones que lo habiten se demuestre infinito. Sigue siendo demasiado casual.

Pero si no es casualidad, es que hay un motivo detrás. ¿Cual podría ser este? Desbarraremos acerca de ello en la siguiente entrega.