miércoles, 16 de marzo de 2011

Historia

Pocas veces hay en que nos podemos dar cuenta de estar viviendo un momento histórico y normalmente estos momentos están asociados con tragedias. El 11 M, las torres gemelas, la invasión de Irak... Ahora mismo el único acontecimiento que no se puede calificar de tragedia y del que me acuerdo, es la caída del muro de Berlín, que personalmente me dejó con la boca abierta.

Aunque estos son hechos puntuales, de fácil apreciación en el momento que se producen por su espectacularidad, principalmente. Pero actualmente estamos viviendo una cantidad de sucesos que me hacen asegurar que vivimos un año que va a pasar a los anales de la historia, así que poneros guapos, que salimos en la foto.

Empezamos el año arrastrándonos por el efecto de la crisis, de la que se sigue sin hacer nada que alivie la situación del pueblo, por cierto. La de los bancos ya lleva tiempo siendo objeto de toda clase de mimos. Y antes de que pudiéramos leerlo en el periódico gratuito que encontramos en la papelera, media África del norte se estaba desembarazando de sus dictadores, o intentándolo, por lo menos. Y para acabar de liarla, el petardazo japonés, el subsiguiente tsunami y la central nuclear que se está yendo al garete, han venido a contribuir para que, en apenas tres meses, este 2011 vaya a quedar grabado en los libros de la historia. Con letras de sangre, como decíamos más arriba.

Queda mucho año por delante, a saber que otras sorpresas nos deparará el destino. La que a mi me gustaría oír es que, siguiendo el espíritu de las últimas rebeliones populares, desmontáramos a fuerza de manifestación, boicot y sabotaje, si hiciera falta, este sistema económico, que únicamente beneficia a unos pocos. Podíamos empezar por boicotear las elecciones, llamando a la abstención activa. Porque ¿que más da quien gane? Cualquiera de las dos opciones reales se retratan como humildes servidores del capital, se llame este «mercados», Fondo monetario internacional o Banco de España. Sin olvidarse de las etéreas «Agencias de calificación», dedicadas a la especulación descarada con el fruto del trabajo de los ciudadanos y sin que los gobiernos hagan nada para poner coto a sus desmanes.

Hay que desengañarse, ningún gobierno va a cambiar este estado de cosas, a ellos les va bien así. Al final, todo cae sobre los hombros de los trabajadores, así que utilicemos esta fuerza en librarnos de quienes no son más que una lacra en el desarrollo de la sociedad. Y una vez que se le dejen las cosas claras a los políticos, podíamos seguir dejándosela clara a los bancos. No sé, negándonos a que nos ingresen la nómina y exigiendo el cobro en efectivo, poniéndonos de acuerdo para no pagar las hipotecas, devolviendodo en masa los pisos. Ya veríais lo rápido que bajaban las orejas.

I have a dream.

3 comentarios:

Eric dijo...

Tuve exactamente esa sensación cuando empezó la revolución generalizada del norte de África, este es un momento histórico.

Por cierto, algo así han hecho en Islandia, pero los medios se lo han callado, no vaya a ser que cunda el ejemplo...

Un saludo!

Ensada dijo...

No me enteré de nada de lo de Islandia, fuera de que el país había quebrado. ¿Tienes algún enlace que explique algo de los acontecimientos posteriores? Es que me has dejado con la curiosidad :)

Lucía Fdez. Segura dijo...

Aquí te encuentro, compañero Góngora... Qué bien queda eso de Góngora así, sin más jeje.
Nos leemos!