miércoles, 22 de agosto de 2012

Va por ti, Ensada

Nunca pensé que, tras varios meses alejado de la labor de redacción, volvería algún día para despedir a un gran amigo y asiduo colaborador de este blog: Ensada.
Desearía que las circunstancias fueran otras. Desearía, en realidad, entender o poder asimilar lo ocurrido, pero no puedo. Desearía, también, comprender todo aquello que, no obstante, no halla entendimiento posible. Desearía, en fin, muchas cosas. Pero, al cuerno, ¿qué importa lo que yo desee?

Solemos perder tanto tiempo deseando cosas que nunca ocurrirán que caemos en nimiedades. Suena a tópico barato pero así es. La vida es corta, nuestro paso por ella es breve pero las marcas que dejamos en aquellos a los que estimamos es fuerte e imborrable. Suelen decir que, cuando pasamos a mejor vida, nos recuerdan por nuestras acciones, sean éstas malas o buenas.

No seré yo la persona más objetiva del mundo para hablar de alguien con quien compartí muchos buenos y malos momentos. Sin embargo, como sé que a mi compa (como él me llamaba) no le gustaba para nada el drama, y siendo fiel a su voluntad, solo puedo decir: ¡Gracias, Ensada! Gracias por todo. Infinito agradecimiento por tu amistad, por tu sinceridad y por lo que aportabas y aportaste a la vida de los que tuvimos la suerte de cruzar caminos contigo.
Mi compañero de blog, mi amigo trasnochador y la persona que, con su sencillez, su originalidad y su impetuoso carácter, daba más sentido a este loco mundo en el que vivimos.

Me tomaré un albariño leyendo tus catorce entradas del Diccioarmario que tanto te gustaba componer, las muchas entradas que publicaste, las historias de náufragos que tantísima ilusión te hacía contar por tu apego al puerto gallego y tus recuerdos de la infancia. Tu ingenio, tu creatividad y tu espíritu de lucha y de superación no tenían límites. Tu paso por la Wikipedia y tu afición por la literatura tan solo llenaban un pequeño hueco de aquella insaciable sed de conocimiento que te caracterizaba. Ensada, además de haber sido bibliotecario y editor a tiempo completo en la Wikipedia en español y en este blog, colaboraba activamente con Un libro al día, desde donde también se le ha rendido, a mi modo de ver, un merecidísimo homenaje.


lunes, 27 de febrero de 2012

Diccioarmario 14

Alarico: exclamación de aliento en las regatas.

Aspaviento: generador eólico.

Astarté: diosa fenicia que siempre acaba cansándote.

Becario: eufemismo actual por esclavo.

Bruja: hechicera después de tres años de matrimonio.

Cardiopatías: y para más fiestas.

Candado: perro gratis.

Cansar: ser mitológico mezcla de perro y pato.

Constitución: muy respetada ley fundamental del estado, excepto cuando
Europa dice lo contrario.

Currículum: fotocopia con retrato que se distribuye por todas las novenas y rogativas.

Deuda: u di u do u du. U de.

Despido libre: contestado sistema de cese por la patronal, que preferiría con mucho el despido gratis. O mejor, que contemplara indemnizaciones, pero al jefe.

Encuesta electoral: inutilidad total.

GPS: siglas de “el GiliPollas eSe”, muy utilizadas cuando apareces en Moaña camino de Teruel.

Helio: vocal atada con una h.

Incesto:
variante sexual bastante incómoda.

Inglés: entrepierna británica.

Laredo: población musical.

Malacitano: temor al proctólogo.

Manicomio: se puso morado de cacahuetes en el frenopático.

Marrana: océano de batracios.

Martes: océano de infusión.

Medalla: ¡pero de una vez! Más lentos que el caballo del malo.

Pataleo: descifro la extremidad.

Peluquería: sueño del calvo.

Pleno empleo: juujujijiujui, qué me da la risa tonta.

Realeza: dignidad imaginaria del más alto valor nobiliario, que se desmorona en cuanto se conocen a sus representantes. Y sus actos.

Repelente: 1º ahuyenta fantasmas. 2º gafas.

Servicio: degeneración total.

Sicómoro: orate magrebí.

Tecnócrata: funcionario al servicio del capital, para que ejecute las fases finales del robo de estados.

Tercero: zí, una goleada.

Zueco: andalú nacío en Zuecia. Copyright Marctaltor.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Anuncios por palabras

Compraventa

Oportunidad, liquidación: Derechos Humanos, Libertades Civiles, Seguridad Social, Educación Gratuita. Urge por derribo.

Se compra ayuntamiento, lo admito con oposición.

Se vende Constitución por falta de uso.

Se venden sindicatos. Saldo permanente desde hace años. Baratos, oiga.

Compro créditos al 1%. Ofrezco créditos al 24%. Sí, soy un banco, pero no por eso esto va a ser una estafa. ¿No?

Cambio escopeta encasquillada por cuerda. Que sea resistente.

Vendo chubasqueros para la que está cayendo.


Formación y empleo

Master en guerrilla urbana, nº 1 en la especialidad. Impartido por los más reconocidos estrategas, doctorados en Al Fatal y PETRA. Se pueden solicitar puntos CREA para la licenciatura de Humanidades.

Hazte parado con nuestros cursos especializados, impartidos por licenciados con amplia experiencia en la materia, el que menos cobró su último subsidio en 1985. Aprenderás sin esfuerzo como darte de alta, los papeles que te van a pedir después de pedirte los primeros, el tipo de libros que llevar para amenizar la espera, etc. Regalamos el interesante volumen Como ligar con tu vecina de cola, número uno en libros de autoayuda de la Unión Europea.

Hazte corrupto. Profesión sin paro. Contactar en la esquina de la calle del Sol, llevaré un ejemplar de las memorias de Vitiza, se ruega lleven clavel rojo en la solapa. Discreción.


Ofertas de trabajo

Reponedores para hipermercado. Ofrecemos contratos de media jornada, horario de 08:00 a 20:00, 400 euros mensuales, pagas extras y vacaciones prorrateadas. Oportunidad para empezar una brillante carrera hacia la miseria.

Comerciales a comisión. Excelentes ingresos que pueden llegar a los 3000 euros mensuales, si los días tuvieran 50 horas. Y los meses 200 días.

Becario en importante empresa. Sin sueldo. Magnífica oportunidad para ganar experiencia y aumentar tu currículum. Al finalizar el contrato, se utilizarán estos currículum como abono.

Técnico en algo. Imprescindible coche propio, dispuesto a viajar por toda España en cualquier momento y a no cobrar ninguna dieta. Preferiríamos autónomos, si no fuera por que ya nos da la risa tonta…

Varios


Cambio voto útil por regadera. Yo me entiendo. Mejor de zinc.

jueves, 2 de febrero de 2012

Vida Real TM

08:30 A. M. Mañana fría, tirando a fresca, helada, hace un frío de muerte en La Coruña. La calle está llena de gente en los alrededores del Palacio de Justicia, mucha policía, mucho emigrante. Se los distingue fácilmente, a unos por el uniforme, a los otros por la educación. El ganado nacional no conoce esa palabra. Entro en una cafetería a tomarme algo caliente. Café con leche y seis churros, 1,50. Barato. Hay mucha competencia, los bares se agolpan en todos los bajos libres. La camarera tiene cara de “esto es por debajo de mi nivel, pero hasta las divas tenemos que comer”. Enseña el borde del sujetador negro de encaje por el escote de la ceñida camisa. Estará a la pesca de algún juez que la retire.

09:00 Fotocopias. Espero, no abren hasta y media. Nadie madruga en esta ciudad. Pasan coches por la Avenida. Siguen pasando coches. No paran. ¿No estábamos en crisis? Es difícil ver uno que vaya ocupado por más de una persona. En algunas cosas, seguimos viviendo a lo grande.

09:35 Abren la copistería. Puntualidad española. Dos de esta, dos de esta otra, todo por duplicado. Papeles, papeles, papeles…

09:40 Palacio de Justicia. Mármol blanco, mármol gris, inmenso vestíbulo al que se abren todas las plantas del edificio levantado hace relativamente poco tiempo. Relativo, por que ya están comenzando a aflorar los fallos de construcción y aparece más viejo de lo que es. Todas estas obras oficiales adolecen de los mismos defectos: subcontratas de subcontratas de subcontratas del contratista principal. Al final, la calidad es la mínima para que el ministro y el alcalde se hagan la foto y, al cerrar la puerta, se desconche el cielo raso.

Paso por el control policial, llaves, móvil, cartera por el escáner “¿Qué son esos cables que se ven ahí?” “El cargador del ordenador”, digo, enseñándoselo. Policía tranquilizado, circulo entre el personal que pulula por el patio de luces, camino del ascensor. Puerta abierta. Para arriba.

09:45 Cuarta planta. Colegio de abogados. Solicitudes de abogados de oficio. Puerta cerrada, cartel pegado, Horario de 10 a 14 horas. Maquina roja dispensadora de números, igualita a la del supermercado. Número tres. No sé si el rollo está recién empezado, pero solo se ve a otra persona. Una mujer está sentada en una de estas filas de sillas de plástico, tan incómodas que en vez de a sentarse, invitan a huir. Sostiene la cabeza desmadejada en la mano del brazo cuyo codo apoya en el respaldo de la silla contigua. Tiene cara de querer bajarse del mundo, si pudiera.

09:50 Comienza a circular gente. La puerta contigua a la de autos está adornada con un cartel que indica Sala de Togas. Abogados y abogadas, muchas abogadas. Entran y recogen la toga, unos salen con ella puesta, pero la mayor parte la llevan al brazo. Espero de pie, paso muchas horas sentado. Se van llenando las sillas con los que entran, extraen el número y se sientan. Una mujer de rasgos indios se para a mi lado, después de recoger el suyo. Debe ser hermosa cuando sonríe, pero no parece tener ganas de hacerlo. Nos saludamos, no es la primera que lo hace, todos los extranjeros. Un tipo con pinta de yonki muy quemado se sienta y comienza a esbardallar acerca de los tiempos en que era legionario. Nadie le hace ningún caso. Una chica extremadamente delgada se sienta a su lado. Ya lleva un tiempo yendo de aquí para allá, envuelta en un tres cuartos blanco de tela. Cuando pasó delante de mí, me había fijado en sus mejillas chupadas y en los brazos de palillo que sobresalían de su abrigo. Inmediatamente la clasifiqué de adicta, aunque el color de su cara y la limpieza de sus ropas lo desmienten. Será anoréxica. Da grima verla. Y pena.

La india que tengo a mi lado mira con desprecio a los abogados que siguen circulando entre nosotros. “Se creen más que los otros”, me susurra ante el gesto altanero de una abogada que pasa con la toga puesta. Me mostré de acuerdo. La anoréxica se revuelve impaciente en su silla. Se abre el gabán y nos enseña el prominente embarazo, a ojo está de siete meses. Es una visión impactante la de la chica. En su cuerpo delgado, delgadísimo, el enorme bulto del feto destaca como un faro que atrae la mirada. Mi compañera de espera y yo nos miramos con asombro. Ningún comentario sale de nuestros labios.

10:05 Se abre la puerta. Puntualidad española. La mujer cuya cabeza estaba apoyada en la mano del brazo del codo que descansaba en el respaldo de la silla se levanta con el número uno en la mano. Entra. Habla con un hombre, que distribuye sus papeles sobre el mostrador. Sello fechador por aquí, por allá, por acullá, a este también, que se me había olvidado. La mujer continúa teniendo cara de terremoto seguido de tsunami. Recoge los papeles que le dan, los guarda en una carpeta y sale sin mirar a nadie, caminando con pesar.

Una pareja de hombres tienen el número dos. Han debido tener la precaución de subir a coger el número y bajar a tomar un café. Tomo nota mental para otra vez. Estos deben tener experiencia, le dan los papeles ya separados a la chica que ha sustituido al hombre anterior. Revoloteo de hojas, golpes de sellador, un minuto y fuera.

10:15 Mi turno. La chica es rubia y con coleta, muy dispuesta y agradable. Excesivamente dispuesta, se da cuenta de que me falta un papel. Y dos copias de esto. Y otra de lo otro. Me los ordena todos, quitándose trabajo por adelantado para cuando vuelva con todos los certificados canónicos. Tengo una lista marcada por el funcionario del juzgado de los papeles que necesito, evito discutir, pero dejo claro que no está en la lista que me dieron. Lo sienten mucho, pero es lo que hay. Solicítelo en su ayuntamiento, vuelva usted mañana. Abandono el mostrador y le cedo el turno a mi compañera circunstancial. Nos sonreímos al cruzar, el universo resplandece con esa sonrisa.

10:25 Salgo a la calle. Hace mucho frío.